-El avión de pasajeros-
Cuento de Navidad
Era una tarde fría, mucho más fría
de lo que era habitual en aquella
comarca y en aquellas fechas tan emotivas y entrañables.
El día de Navidad ocurrió un
fenómeno natural, que tan sólo los más mayores del lugar recordaban haber
presenciado ya hacía mucho tiempo.
¡Había nevado! Y las copas de las
palmeras se habían cubierto de un bonito color blanco, dando la sensación de
que se trataba de un sombrero de color verde y blanco que les protegía del
frío.
Aquello duró poco, y ahora pasada
ya la Nochevieja y comenzado un nuevo año, se aproximaba la noche más esperada y deseada por los
niños, en cuyos corazones alberga la
semilla de la esperanza y la ilusión.
Manolito era uno de esos niños, y
también era uno de los muchos a los cuales en aquella época, se había olvidado
de ellos la fortuna, y el destino les había sido especialmente ingrato.
Durante todo el año, todas las
tardes al salir del colegio -al cual sus padres nunca iban a recoger, dado que
su horario laboral no se los permitía- Manolito camino de su casa pasaba ante un gran
tienda de juguetes, frente a cuyo
escaparte se detenía a mirar todos los
que allí se exponían, y que hacían las
delicias de los niños que como él, avivaban
sus sueños e ilusiones
contemplándolos y pensando cuál
de ellos pedir a los Reyes Magos.
Aquella gélida tarde, Manolito extasiado contemplaba el escaparate
de la tienda de juguetes al tiempo que se frotaba sus manos desnudas y movía su
frágil cuerpecito mal abrigado, intentando ahuyentar el entumecimiento que se apoderaba de sus miembros.
Había memorizado cada parte de
aquel avión de pasajeros en miniatura labrado primorosamente en madera, que
tanta veces había visto y soñado a
través de la vitrina, y que a él le parecía auténtico, dada la laboriosa y
esmerada minuciosidad de su imitación, que lo convertía en una pieza de
elaborada artesanía.
-Ese avión ya me lo he pedido yo,
lo puedes mirar, pero que sepas que los Reyes me lo van a traer a mí.
A la espalda de Manolito sonaron
estas lapidarias y aplastantes palabras, pronunciadas por un niño de su misma
edad, bien arropado en un abrigo nuevo y con la cabeza cubierta por una gorra
de pana gris,
Manolito en su inocencia todavía
virgen, e inconsciente de su propia realidad, defendió su legitimo derecho a la
ilusión, argumentado y respondiendo al niño bien abrigado.
-Ese avión lo pedí yo a los Reyes
el año pasado, y me dijeron que como ya estaba pedido, me lo traerían al año
siguiente.
-Pues te han engañado, este año el
avión me lo traerán a mí los Reyes – le contestó con altiva suficiencia el niño del abrigo
nuevo.
Manolito titubeó, al no saber como
seguir defendiendo su derecho a aquel juguete que era la mayor ilusión que
había tenido en su vida; ya el año anterior sus padres le convencieron para que
se conformase con el balón de plástico, que los Reyes Magos habían tenido la
generosidad de depositar en su zapatitos de suelas remendadas, que la noche
mágica, con gran anhelo y esperanza Manolito había dejado en la ventana
“-Mira Manolito, como has sido un
niño bueno los Reyes no te han traído carbón – le dijeron sus padres.
“Y el niño preguntó:
“-Si he sido bueno, ¿porqué no me
han traído el avión que les pedí?
“A lo cual le respondieron:
“- El señor que construye los
aviones es ya muy mayor, y está el sólo
para hacerlos, siendo una labor muy
difícil y que requiere mucho trabajo, de forma que tan sólo puede fabricar uno
cada año, por lo cual el niño
que lo pida primero, será el que lo
recibirá ese año – Y terminaron
diciéndole. – Si el año que viene te portas bien, será a ti a quien traigan el avión.
Manolito era un inocente niño de
seis años de edad, pero a pesar de la escasez que se cebaba en su entorno, no
tenía un pelo de tonto; por lo que su tierna mente se vio asaltada ante la duda
y la incertidumbre, al ver la seguridad con la que aquel niño alardeaba se ser a él, al que tenían reservado el avión
los Reyes aquel año. Por ello se
preguntaba a si mismo:
“¿Será posible que este año los
Reyes Magos de nuevo lo lleven a otro niño, y yo me quede de nuevo sin el
avión, y sin mi sueño e ilusión?”
Aquel año los Reyes Magos dejaron en los zapatitos
remendados de Manolito unas canicas de cristales
de colores, y una nota en la
cual el niño pudo leer:
“Querido Manolito, el avión que nos pediste está agotado, si te portas
bien y eres bueno, al año que
viene quizás podamos traértelo.”
Melchor, Gaspar y Baltasar
El niño, ya acostumbrado y siendo
consciente de la situación de precariedad de sus padres, observó las canicas s
con resignación, y cuando ya iba a arrojar la nota de los Reyes al cubo de la
basura, observó que en ella aparecían como por arte de magia unas palabras que
antes no estaban allí, y que brillaban
de forma fluorescente. Sorprendido y curioso las leyó:
PD.
“Manolito, si consigues conservar
la ilusión y tienes fe en el futuro; un
día no muy lejano, aquello que más desees, en realidad convertido verás”
En aquel momento Manolito no acabó
de comprender el significado de aquellas frases premonitorias, pero estás
quedaron marcadas en su mente,
sirviéndole y ayudándole a lo largo de su vida, recordándolas cuando sus
proyectos se torcían y la incertidumbre le asaltaba
Con fe, esperanza e ilusión y, con el paso del
tiempo, el niño se convirtió en un
excelente piloto de aviación, viendo sus sueños hechos realidad, al tiempo que no
olvidó sus orígenes, ni tampoco a aquellos
que como él, nacen y transcurren
su infancia en hogares a los cuales los Reyes Magos les resulta muy difícil
el acceder.
Y ahora, siempre al llegar las
Navidades, convertido ya en el Comandante de vuelo don Manuel, y pilotando las aeronaves más
extraordinarias de la compañía aérea
Álebus, Manolito en sus vuelos por
todo el planeta, ejerce de mediador de sus Majestades y un primo lejano de
éstos llamado Papá Noel, intentando
llevar alegría y esperanza a aquellos
que más la necesitan, y convirtiendo en
realidad sus sueños e ilusiones
No hay comentarios:
Publicar un comentario