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Este es un lugar donde la fantasía y la imaginación adquieren una dimención que sobrepasa cualquier límite y frontera, donde cualquier cosa es posible,donde soñar es vivir, y donde lo imposible suele suceder
viernes, 18 de abril de 2025
-El pozo de los olvidados- --Tercera parte I - El desenlace II
---El firmamento y el hortelano---
Aquella madrugada al levantar el portillo para que el agua inundará el huerto, el hortelano miró al cielo, aquellos puntos luminosos en el firmamento que eran las estrellas, estaban como siempre en su lugar formando constelaciones.
Tantas cosas habían cambiado aquí abajo, uniones, separaciones, nacimientos, muertes, guerras... En cambio las estrellas allí estaban fulgurantes, y guardando cada una su lugar y su sitio en el firmamento, tal y como él venia observándolas desde ya hacía casi un siglo.
Hubo un tiempo en el pasado, cuando la contaminación lumínica producida por el crecimiento de los pueblos de la Vega no lo impedían,en el que desde aquel mismo lugar, donde ahora se hallaba Manuel, se podía observar la Vía Láctea como un camino luminoso y lechoso que fascinaba y sobrecogía en el silencio y la soledad de la noche.
Siempre que el huertano procedía a regar aquella porción de tierra que era su huerto, tenía la oportunidad de observar aquella parte visible de la galaxia, y aquello le incitaba a pensar acerca de la pequeñez de los seres humanos, comparados con la larga vida- 10000 millones de años- que los científicos atribuyen a las estrellas llamadas soles.
La vida de los seres humanos es mucho más efímera, siendo muy escasas aquellas personas que logran llegar a los cien años de edad. Pero últimamente, y al margen de la vida eterna que prometen algunas religiones, se relaciona con científicos de la talla de Alfred Einstein la idea de que la muerte puede ser más un concepto albergado en la tradición y la imaginación, que una realidad absoluta, así, y en palabras del genial científico " ... la distinción entre pasado, presente y futuro es solo una ilusión obstinadamente persistente".
“Una idea y una hipótesis muy gratificante, pero que choca con la dura realidad de la perdida, por causas naturales o accidentales, de familiares o amigos que se nos han ido dejando a lo largo del camino de la vida, y a los cuales el tiempo- que todo lo cura -nos ha hecho resignarnos a darles por perdidos para siempre”- Meditaba el hortelano bajo el cielo estrellado
“¿Sería posible algún día volver a conversar con sus amigos? ¿Sería posible de nuevo poder escuchar los buenos consejos de sus familiares más allegados? ¿Sería posible regresar al pasado para poder volver a sentir nuevas emociones que despertasen sentimientos y amores ya olvidados de la juventud?”
Todas aquellas interrogantes, incitadas por las reflexiones surgidas al observar aquella noche las constelaciones y las estrellas visibles en la bóveda celeste, acudían a la mente del hortelano, cuyos pensamientos subyugados por aquellas ideas, le permiten abandonarse a sus sueños y elevarse oníricamente hasta otros mundos, otros universos, otras vidas, así, hasta que el despuntar del alba, y amanecer un nuevo día, le devolvía de nuevo a la sujeción y esclavitud de su propia realidad
Al despuntar el crepúsculo se hizo visible el Lucero del Alba, ese planeta que dado su fulgor, los antiguos confundían con una estrella. Se trata de Venus, la diosa de la belleza, del amor y la sensualidad para los romanos, y conocida como Afrodita por los griegos .
Es entonces con el crepúsculo matutino que el hortelano imitando a los héroes mitológicos acaba su titánica misión.
La noche ha transcurrido rápida y acompañada de los enigmas y misterios que en el cielo guarda el infinito Cosmos;constelaciones, planetas, estrellas y asteroides continuarán ahí por años, por siglos, por milenios... quizás hasta el infinito.
El hortelano tan sólo aspira a ver crecer el fruto de la próxima cosecha

martes, 19 de noviembre de 2024
“El inefable nudo que niega el ser negado”
“Observar las galaxias distantes significa mirar hacia atrás en el tiempo, a veces casi hasta el inicio del propio Universo, cuando comenzó el tiempo. Significa estudiar cómo ha evolucionado el Universo”.
-Observatorio europeo austral
-Fuera de lugar
“La soledad es la peor de las enfermedades ...” -padre Ángel
Cuando llegamos a una edad en la que ya solemos ser considerados como personas a las que se nos llama “ personas mayores”, es frecuente sentir ciertos estados anímicos a los que tan sólo podemos entender si los analizamos recurriendo a recientes estudios acerca de las emociones, estudios los cuales nos vienen a decir que éstas sensaciones y extraños sentimientos que nos suelen asaltar ya en el crepúsculo de nuestras vidas y, que no sabemos como explicarlos, pueden definirse como Nodus Tollens, o “el nudo que niega el ser negado”, y que viene a traducirse como la comprensión de que “la historia de nuestra vida deja de tener sentido para nosotros”.
“Anhedonia” , es un término con el que se señala, a aquellos que llegado un cierto momento en sus vidas pierden la capacidad para sentir placer al perder interés por todo aquello que les rodea, cayendo entonces en una apatía e indiferencia de la que no es fácil librarse, y es llegados a este crítico punto, cuando existe el riesgo de que se pueda perder totalmente el contacto con los familiares y amistades de su entorno más cercano. Esas situaciones de soledad, desamparo, y confusión anímica interior, son las que suelen ser frecuentes en personas que llegan a edades avanzadas, y cuyas circunstancias personales, familiares y sociales las convierten en sujetos propicios para sufrirlas.
Valga la narración que sigue a continuación, especialmente a aquellos que se sientan atraídos a leerla, para abrir un resquicio de luz y esperanza, en quienes sus vidas les ha llevado hasta esa encrucijada que representa el final de una etapa de su existencia y el comienzo de otra, etapa ésta última de la vida cuyas intrincadas sendas pueden abocar, sin ser percibidos, a síntomas y trastornos que suelen provocar la anulación de la vida, al ser advertida ésta como “el nudo que niega el ser negado”
.
Verano 2023
"Nosotros, los seres orgánicos que nos llamamos seres humanos estamos hechos de la misma materia que las estrellas”
Harlow Shapley
Ya los rigores del calor dejaban paso al frescor del atardecer, cuando encontrándose el anciano Nicomedes en la soledad de aquel lugar a la orilla del mar en aquella playa del Levante español, pudo observar en el firmamento a los cuatro planetas alineados.
Desde su perspectiva, a Nicomedes le parecía que aquellos puntos luminosos apenas distaban unos pocos centímetros los unos de los otros, pero nada más lejos de la realidad, la cual, siendo la Teoría Heliocéntrica, de Nicolás Copérnico, pionera en calcular las distancias de los planetas en función de la Tierra al Sol, y también gracias a los avances de la ciencia y la radio-astronomía moderna, conocemos que estamos equivocados en nuestra percepción de la observación de estos objetos celestes desde el lugar en que nos hallemos en la Tierra, al tratarse en realidad de muchos los millones de kilómetros que en la vasta extensión del Cosmos les separa a unos planetas de otros.
Observando sus posiciones reconoció sus nombres, el más visible de todos era Júpiter, venerado por los romanos como luppiter Optimus Maximus, señor de los cielos, dios de la justicia , del clima, del derecho y de la autoridad
El otro planeta era Venus para lo romanos, Afrodita para los griegos, siendo ambas consideradas como la diosa del amor y la belleza. “Si una hermosa admira la bella estrella llamada Venus, la hallará más preciosa si sabe que le debe el chal de Cachemira y el ramillete de Lila y la cabra del Tibet”, prometían antiguos grimorios en lo referente a las bondades de este planeta Venus, y al que ellos entonces, y debido a su intensa luminosidad, confundían con una estrella que al poder ser observada al amanecer por el Este y al atardecer por el Oeste era alternativamente llamada Lucero del alba y estrella del anochecer
Los otros dos planetas que se podían contemplar alineados aquella noche, eran, el uno Mercurio
y el otro Saturno.
Mercurio fue llamado Hermes por los griegos, guía de los muertos al inframundo, era conocido como el heraldo y mensajero de los dioses; los romanos le llamaron Mercurio y era considerado por estos como el dios del comercio.
Saturno, dios del tiempo y de la agricultura, para los romanos representaba la disciplina, la prudencia y la madurez; fue también llamado Chronos, por los griegos y considerado el dios del calendario y Padre del “Tiempo”, confundido a menudo con Cronos, rey de los Titanes, ocupando éste último un infausto lugar en la mitología al estar cargado de infanticidios, traiciones y venganzas.
La memoria del anciano ya no era ni mucho menos la que fue, pero en aquella placentera tarde y observando aquella conjunción planetaria si pudo recordar con especial nitidez emociones y sentimientos que había experimentado a lo largo de su vida y, mediante los que pudo conocer la alegría y la felicidad, el desencanto y la tristeza, y también la soledad y la amargura.
Ya habían transcurrido 37 años, desde aquella otra noche, en la que recordaba haber subido una madrugada a lo más alto de una de las sierras más elevadas del lugar, era aquella, una noche en la que la bóveda celestial se podía observar limpia y estrellada, y merced a cuya claridad él esperaba poder ver el paso del cometa Halley, cometa que dada su periodicidad en visitarnos, y que viene a coincidir con los años de vida que suele vivir un ser humano, nos hace recapacitar acerca del paso del tiempo y la brevedad de nuestras propias vidas.
Los recuerdos de aquellos años de la década de los 80 del siglo XX eran para él mucho más agradables que los actuales en los que ahora se hallaba.
Al observar aquellos puntos celestes en el firmamento, y asociarlos a sus recuerdos, no pudo evitar que la confluencia de ambos -cometa, planetas y recuerdos-, hiciesen aflorar en su subconsciente, aquellos persistentes sentimientos de tristeza e impotencia que últimamente le asaltaban, al recordar el paso fugaz de aquel cometa llamado Halley, y percibir en aquel desfile planetario, una semejanza con los sucesos de su propia vida y el ocaso al que ahora advertía, desembocaba en forma irremisible su existencia .
Aquella experiencia de la visita del cometa Halley le era gratamente recordada al haber sido acompañado por sus hijos para poder observarlo, la niña tenía entonces siete años, y el niño contaba ya con cinco primaveras.
Que bonitos todos aquellos años compartidos con la inocencia de la infancia, y la curiosidad de aquellos dos niños; cuantas preguntas e interrogantes conseguían poner sus exiguos conocimientos a prueba..., llegando en muchas ocasiones a ponerle a él en un compromiso, al no conocer con exactitud las respuestas a las preguntas cargadas de curiosidad de sus hijos “¿Cómo es qué tiene cola el cometa Halley?” “¿Por qué la Luna es redonda?” “¿A qué distancia está la Luna de la Tierra?” “ ¿Cómo es qué no se cae la Luna sobre la Tierra?” .
Preguntas e interrogantes en las que él había indagado, y para las que había buscado respuestas con las que saciar la curiosidad de los niños.
-Añoranzas
“El infierno está todo en esta palabra: Soledad”
-Víctor Hugo
Cuantos alegrías y desengaños, y cuantos cambios se habían producido desde entonces en la vida del anciano.
Fue así, que encontrándose solo aquella noche de verano en aquel rincón de aquella playa, y no teniendo con quien compartir sus cuitas y circunstancias, Nicomedes rememoró para sí mismo instantes de lo que habían sido acontecimientos felices...y algunos otros momentos desafortunados en su vida.
Toda una vida transcurrida, y que para quienes pueden observar el paso del cometa desde el planeta Tierra -75 o 76 años, que es lo que puede tardar en volver a visitarla el cometa Halley en su trayectoria orbital en torno al Sol-, les parece que ésta “vida” pasa muy rápidamente. Pensaba Nicomedes
Todos aquellos años él los había dedicado al trabajo y a formar una familia. Una vida, su vida, en la que la infancia, la juventud, la madurez... y la vejez le resultaban ahora tan efímeras como el paso de la estela de una estrella fugaz a la que se puede pedir un deseo.
Con aflicción, recordó la pérdida de sus progenitores ya hallándose estos en edad muy avanzada; las causas, una larga enfermedad la de su madre, y el Alzheimer que arrebató la memoria y la vida a su padre. Aquellos fueron golpes muy duros, que causaron en su mente y espíritu un hondo pozo de amargura.
Pero lo de María fue muchísimo peor. ¡Ah! María...María... Como añoraba el viejo en aquellos momentos a su compañera de toda una vida de proyectos, ilusiones y esperanzas. Como le costó a él conquistarla para que le aceptase como compañero, como amante, como esposo. Veinticinco eran los años que ya habían transcurrido desde que unas extrañas y perversas fiebres le arrebataron la vida a María siendo ella muy joven todavía, fatal desenlace que le provocó a él profundos sentimientos de dolor y de tristeza, y un estado de permanente depresión que con el paso del tiempo se agravaba con más y más intensidad, al sentir que su dolor era más y más profundo cada día que pasaba en la ausencia de su amada María, a la que a pesar del tiempo ya transcurrido, echaba constantemente de menos.
Como le gustaría a él tener la oportunidad de regresar a aquel tiempo pasado, y hacer todo aquello que no hizo cuando tuvo la oportunidad de hacerlo .Volver atrás en el tiempo para regalarle a María rosas rojas en sus aniversarios, volver atrás para poder concederle todos aquellos caprichosos de los cuales ella se privaba para poder atender a las necesidades del hogar, volver atrás para a cada instante mostrarle a María todo el cariño que ella le inspiraba y que él, no fue capaz de mostrarle plenamente en su momento.
El anciano pensaba que su vida había trascurrido siempre absorto en actividades diarias que resolver y en procurar que nada faltase en su hogar y a los suyos. Al fallecer María, estaban aquellos hijos a los que todavía siendo muy jóvenes la prematura muerte de su madre les dejó al cargo y custodia de un padre consternando e incapaz de afrontar en aquellos momentos su tan delicado papel de cabeza de familia. Cuántas vicisitudes y preocupaciones le habían acarreado aquella responsabilidad al tener que ejercer como padre y como madre de sus hijos, cuántos problemas surgidos a medida que se iban haciendo mayores, sus estudios, la adolescencia, sus amoríos de juventud, la Universidad. Ahora , ya transcurridos los años, y los hijos habiendo alcanzado su mayoría de edad, estos buscaron sus propios caminos en sus vidas, dejando la casa antes llena de ilusiones propios de la juventud , ahora vacía, triste y silenciosa.
Igualmente, las amistades de antaño o se habían perdido en el camino...o ya habían pasado a mejor vida. Manuel, el mejor amigo desde lo lejanos tiempos de la infancia; Pedro, el fiel y estimado compañero de trabajo; Domingo, el acompañante en los lances y devaneos de la juventud; Pepe,Vicente, Julio, Miguel, Rogelio... Todos ellos desaparecidos en la nebulosa dejada tras de si por la implacable rueda del paso del tiempo.
Una profunda sensación de soledad y melancolía, así como el de sentirse desplazado y fuera de lugar se apoderan del anciano, al contemplar el lugar, en el cual, el transcurso inexorable del tiempo se ha ocupado de colocarlo.
“¿De que nos sirven los conocimientos y la experiencia ante la dictadura implacable del paso de los años? ”- Se pregunta a menudo Nicomedes.
Como le gustaría entonces poder volver atrás para recuperar todo lo perdido en su vida, e intentar hacer algunas cosas en forma diferente, para poder enmendar errores y faltas cometidas, y pedir perdón a quienes pudo haber fallado u ofendido.
-Con imaginación todo es posible alcanzar. Sueños, ilusiones, quimeras, agujeros negros, agujeros de gusano, entrelazamientos cuánticos..., e incluso el infinito Universo.
“La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado; la imaginación es infinita”
-Albert Einstein
En sus divagaciones, Nicomedes recordó tener algunos conceptos básicos, y nociones adquiridas en lecturas, acerca de la teoría de la relatividad formulada por Einstein, en ellas se afirmaba que el tiempo es relativo, y que existen lugares donde debido a distorsiones del espacio-tiempo, el tiempo puede transcurrir más rápido o más lento, dependiendo de la velocidad a la que se viaje, o de la distancia a la que nos hallemos de la intensidad de una campo gravitatorio extremadamente fuerte. También recuerda que la ciencia a demostrado que se puede reproducir en los laboratorios el viajar en el tiempo mediante simulación, desde el momento actual hasta miles de millones de años de distancia en el espacio por medio de aquello a lo que llaman el “entrelazamiento cuántico” y..., aunque Einstein objetó sus reservas al no estar de acuerdo con lo que él llamó “acción fantasmal a distancia”, Nicomedes se aferra a esa idea como la manera de conseguir un aliado que le ayude en el propósito que está rondando su mente.
Y es así, como en su febril imaginación, emergen hipótesis y postulados de aquellos genios de la ciencia y pioneros de la ciencia ficción, por los que sintió fascinación, y a los que siempre admiró por sus ideas: Galileo, Newton, Hertz, Einstein, Dirac, N. Rosen, Turing, Lise Meitner, Hawking, Verne, H.G. Wells...
Es aquella admiración, la que siempre había sentido por ellos, la que ahora le incita a pensar en todos aquellos fenómenos del Universo, todavía algunos por encontrar, demostrar y estudiar, como son: “agujeros negros, superposición cuántica, campos gravitatorios, supernovas, quarks, taquiones, teorías de la unificación, máquinas del tiempo...”.,
Absorto en sus pensamientos, la laberíntica imaginación de Nicomedes se concentra con todas sus fuerzas en analizar todos aquellas posibilidades con las que la ciencia intenta el poder unificar la mecánica cuántica con la Relatividad general, y su mente busca la forma de despejar incógnitas en las muy enredadas fórmulas y ecuaciones creadas por aquellos geniales científicos.
El anciano sueña con poder aplicar todas aquellas especulaciones maravillosas creadas por los investigadores del los Universos macrocósmicos y microscósmicos ”, y que le puedan permitir adentrarse en los misterios ocultos en lo más profundo del infinito Cosmos; y es así que tras recurrir a teorías que explican que la mente en sí no está ubicada en el cerebro sino más allá del mundo espacio-temporal, en una realidad más fundamental. Imagina que las moléculas nucleares de su cerebro consiguen fundirse con la misma materia de la que están hechos aquellos cuerpos celestes, planetas, estrellas, cometas, asteroides, pulsares, neutrinos..., y al igual que ellos, poder así su vida ser casi eterna y repetitiva, ofreciéndole la oportunidad de volver a sentir sensaciones, emociones y sentimientos que en el pasado le proporcionaron alegrías y satisfacciones ahora ausentes.
Nicomedes es consciente de que habrá de enfrentarse en el hiperespacio profundo a lugares donde se pueden producir singularidades inimaginables, siendo estos, espacios donde las leyes de la física tal y como las conocemos dejan de funcionar, y que podrían alterar el principio de causalidad, e implicar el riesgo de muchos cambios en lo que pudo ser su vida, y la todos aquellos con los que consiguió tener alguna relación en el trayecto de la misma. Peligros ya advertidos por las paradojas del tiempo.
Pero él ya había tomado la determinación y, nada, ni nadie, podría interponerse en su propósito de regresar a su pasado.
De este modo, y tras profundas abstracciones, cree encontrar la solución en aquellos recientes descubrimientos de esa trinidad estelar que los teóricos de la física cuántica denominan “agujeros negros”, “entrelazamientos cuánticos “ y “agujeros de gusano”, y que combinados con la capacidad “cuántica” de su propio cerebro, le indican que hipotéticamente podría lograr viajar a dimensiones desconocidas, en las cuales le sería posible alcanzar un atajo que conectaría su insustancial presente con lo que un día fue su dichoso y añorado pasado lejano.
Ya dispuesto a transmutar sus faltas y equivocaciones, y a recuperar los momentos felices en otro tiempo vividos... ¡ El anciano cerró sus ojos...! ¡Y mediante su anhelante deseo..., más el impulso electromagnético proporcionado por sus neuronas cerebrales..., y guiada su mente permanentemente por el tan peculiar entrelazamiento cuántico! ¡Imaginó, que se hallaba ante el mismo centro de la vorágine, del borde de un horizonte de eventos, o frontera de no retorno de un agujero negro!
Al asomarse al abismo de aquella bestia sideral el anciano sintió que era irremisiblemente absorbido por la atracción de la gravedad que convierte la curvatura espacio-tiempo en una singularidad cuatridimensional cerrada. Y en aquel instante Nicomedes creyó hallarse como aquel general romano que al ir a atravesar el río Rubicón con su ejercito, era consciente de que una vez se hallase al otro lado, ya no habría vuelta atrás.
A continuación, y a medida que era absorbido por la fuerza gravitatoria de la singularidad del agujero negro, el anciano percibió la sensación de que las moléculas de su cuerpo se disolvían pero que a la vez continuaban unidas, se trataba de la interacción electromagnética del entrelazamiento cuántico que permite que dos partículas estén conectadas ocurriéndoles lo mismo no importa la distancia que las separe la una de otra.
Ya una vez en el interior del agujero negro, el anciano advirtió una relajación y una paz como nunca había sentido -entonces recordó que era lo que Einstein presagió y llamó “el momento feliz”, al hallarse allí en una encrucijada entre las cinco dimensiones que le habrían de conducir hacía la felicidad por él buscada-. Paz a la que siguió un extraño espejismo, al tener Nicomedes la ilusión de verse ante diferentes curvas en forma de concoide, y de avistar en cada una de ellas, secuencias de su propia vida reflejadas y multiplicadas una y otra vez hasta el infinito, e intuyó con aquella experiencia que así pudo haberse sentido Don Alonso Quijano, más conocido, como el universal e ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, personaje imaginado por la mente genial de Don Miguel de Cervantes Saavedra , cuando el nombrado con el sobrenombre del “caballero de la triste figura”se enfrentó a lo que él creía eran gigantes, cuando en realidad eran molinos de viento.
Prosiguiendo con su imaginario viaje mental, el anciano sufrió un repentino deslumbramiento debido a una luz intensísima que surgía de un diminuto punto. La mente de Nicomees sufrió entonces una súbita conmoción emocional al creer -erróneamente- hallarse ante el mítico "Aleph”, “pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor”, descubierta por Borges en el sótano de un palacete bonaerense amenazado de derribo.
“Este debe ser el Aleph, a través del cual Borges pudo ver un punto en el universo donde se hallaban todos los espacios, todos los tiempos y todas las cosas”, pensó Nicomedes.
Pero pronto salió de su error, al comprobar que el luminoso y minúsculo punto iba adquiriendo más y más tamaño, hasta convertirse en un enorme circulo, que al ser observado más de cerca resultaba ser similar a un radiante y enorme ojo. Motivo este por el que Nicomedes se sintió asaltado por un repentino sentimiento de terror, al sospechar, que con intenciones aviesas, aquel gigantesco ojo le estaba observando fijamente a él. El anciano se tranquilizó al reconocer y comprender que se hallaba frente a uno de los extremos de un agujero de gusano, y que era aquello por lo que mediante su imaginación había iniciado su viaje a través de un agujero negro. Un agujero de gusano, que era lo que él esperaba fuese el medio, para conseguir ser transportado hasta su pasado.
Por fin había llegado al lugar adecuado, y tras su alucinante odisea espacial, al haber percibido que su mente era transportada por el entrelazamiento cuántico a través de un agujero negro, y haber utilizado la fuerza de la gravedad ubicada en el punto de la singularidad del mismo, para lograr vencer las leyes de la física conocidas, en aquel momento Nicomedes pudo entrever con hipnótica voluptuosidad, que al pasar al otro lado de aquel brillante ojo, éste sería el camino que le habría de devolver a los años felices de su juventud.
Y así mismo, y allí, y regresando su mente a aquella noche de verano, observando aquellos cuatro planetas alineados, Júpiter, Venus, Mercurio y Saturno, cada cual recorriendo su inexorable trayectoria, y cada uno de ellos involucrado en mitos y leyendas de las constelaciones y de los dioses mitológicos creados y adorados por los hombres y mujeres de la Antigüedad, Nicomedes se sintió feliz al haber conseguido poder abstraerse, e imaginar por unos instantes, cómo sería el realizar un viaje a las estrellas que le llevase hasta ese lugar superliminal en el cual se produce la singular curvatura del espacio-tiempo, para una vez allí, y poseyendo la dimensión del tiempo, poder alcanzar y sentir, emociones, sensaciones y sentimientos que en el pasado le permitieron ser la persona feliz y llena de vida... que un día fue.
Nicomedes experimentó en aquellos momentos un gran alivio, al percibir, que mediante las capacidades cognitivas que todavía conservaba su mente, aquella ilusión creada por su imaginación, le había ayudado a desprenderse de sus soledades, de sus amarguras y de sus depresiones, percibiendo que con ello resurgía de nuevo en su espíritu una chispa de esperanza al tener la sensación de que podría haber sido cierto todo lo soñado e imaginado, y podría haber sido verdad el poder haberse reencontrado con su pasado lejano y con sus seres queridos, aunque..., él era consciente de que todo ello en realidad..., tan sólo había sido una percepción producto de su fantasía .
Quizás en algún tiempo futuro, tiempo éste, no muy lejano al que en estos momentos nos hallamos, todo lo que en esta narración Nicomedes deseó, soñó, e imaginó, puede que deje de ser una fantástica utopía, y lo que hoy parece una quimérica ilusión con la que los hombres y mujeres de ciencia especulan mediante la física teórica, mañana quizás pueda ser llevado a la práctica y se convierta en una realidad. Una realidad que una vez materializada logre ayudar a conseguir certidumbres, esperanzas, y autoestimas, y al tiempo erradicar añoranzas, soledades, y demás sentimientos negativos que suelen asaltar y secuestrar nuestras mentes, principalmente en el ocaso de nuestras vidas, pensamientos estos que suelen desembocar en aquello que hemos adoptado como título de esta narración, y a la que hemos creído oportuno llamar “El inefable nudo que niega el ser negado”.
