-SUEÑOS REGRESIVOS - Diario de un superviviente
“¡Qué pesadilla! Soñé que me encontraba
embutido en un cuerpo como el de mis ancestros, sufría dolores y enfermedades,
hambre y fatiga. Pero en contrapartida acariciaba y era acariciado, amaba y era amado, sensaciones
sublimes ya olvidadas y que perdimos
junto a nuestros cuerpos, miserias y horrores”
Las imágenes oníricas del sueño de la
noche anterior embargaban la mente del capitán de la nave
intergaláctica “Esperanza”, cuando éste
se dispuso a abrir de nuevo el cuaderno
de bitácora y anotar en él los últimos terribles acontecimientos que habían dado un giro inesperado a la delicada y difícil misión que veinte años
atrás le había sido encomendada.
Al contemplar las primeras anotaciones,
que al comienzo de aquella odisea, anotó en el cuaderno, recordó el motivo que causó aquella diáspora; en lo
más profundo de su subconsciente permanecía grabada la memoria de su propio planeta degradándose ante la pasividad e ineptitud de sus gobernantes, la
mirada pasiva, atónita y, en muchos casos ingenuamente cómplice de la población mundial, y la
mezquindad y egoísmo de una economía
rapaz e insasiable
La explotación abusiva de los recursos
naturales, junto a su destrucción progresiva e implacable, añadido a una feroz
contaminación del planeta, dio lugar a
una terrible hambruna que afectó al noventa por cien de la población y que
desencadenó una gran pandemia. Fue
entonces cuando se produjo el gran
cataclismo que provocó la gran explosión
derivada de los experimentos que pretendían
obtener fuentes de energía barata y de inmensa e ilimitada potencia.
Debido a la descomunal y violenta
explosión el planeta sufrió una fisura que lo atravesó de eje a eje, amenazando
con partir su gran masa en dos mitades,
con el consiguiente cataclismo y hecatombe de proporciones apocalípticas
que ello conllevaría.
Ante la inminente y previsible amenaza de
destrucción, caos y extinción de toda vida en el planeta que les vio nacer con
sus océanos, con sus montañas, bosques y ríos y, en el cual quedaban a su suerte millones
de formas de vida, unos cuantos
científicos unieron sus conocimientos en un intento desesperado de salvar a unos pocos semejantes de su
especie.
Así,
utilizando los más avanzados proyectos tecnológicos conocidos y haciendo uso de la misma fuente de energía
que había conducido al plantea a su destrucción, lanzaron al hiperespacio
profundo la nave “Esperanza “. Al mando
de la misma se hallaban el capitán Hooward
Clarke y una tripulación de
veinticinco miembros de ambos sexos, en la que se encontraban físicos, biólogos, ingenieros, y expertos en
todas aquellas ramas cuyo conocimiento y saber, les habría de permitir encontrar y poblar un planeta que
reuniese las condiciones adecuadas
para aterrizar y poder vivir en él, depositando la preciada
carga que la nave portaba en sus bodegas, y que consistía en mil seres de ambos sexos escogidos, del planeta que extenuado pronto acabaría desapareciendo, hombres
y mujeres que habrían de permanecer en
estado de hibernación, esperando el
momento de despertar de su dulce letargo, para con su especie repoblar algún planeta perdido en el Cosmos.
Dos décadas habían transcurrido viajando
a velocidades superlumínicas, neutralizando el efecto causado por el paso del tiempo en sus cuerpos, mediante la aplicación práctica del principio de la retrocausalidad, de forma que, si durante el viaje hubiesen podido mirar hacia atrás con atención, les habría -mediante dicha singularidad distorsionada de la física, que permite
acontecer antes el efecto
que la causa- les habría dado ocasión, considerando el objetivo de su viaje, de poder observar el azaroso desenlace que el futuro les depararía. Ahorrándoles el sufrimiento de ver estallar su propio planeta en millones de
fragmentos.
Observación
en teoría, que de haberse producido,
habría sido gracias a existir por medio una curva temporal cerrada, responsable de que sucediese tan peculiar distorsión de la Física, que en
la práctica aplicada permitía mediante el fenómeno conocido como “Psi”,
contemplar semblanzas y reflejos del futuro.
Durante la larga travesía tuvieron ocasión de escudriñar los más intrínsecos y recónditos rincones de
numerosos Sistemas Solares ubicados en lejanas Galaxias, intentando hallar en el infinito Cosmos un planeta que
reuniera las condiciones climatológicas, atmosféricas y medioambientales que
les permitiese habitarlo y poblarlo
Bitácora
de a bordo
Capitán
Hooward
Clarke
Año
20 de la diáspora
Infinitas son las líneas de profunda
soledad
que
al extraviado navegante
guían y acompañan
en su ímproba búsqueda
de vida y libertad
H.C.
Por fin, y después de de tan largo viaje buscando en la
soledad del profundo Universo, llegó una señal, una señal que nos condujo hasta un pequeño Planeta ubicado en el extremo de
una galaxia en forma de espiral, en el que, según los datos facilitados por los sensores de la nave, se daban las
condiciones idóneas para poder ser habitado. Poseía fuentes de energía, atmósfera, agua, temperatura adecuada, gravedad, un
planeta lo suficientemente cercano para mantener el eje gravitatorio, y planetas gigantes a la suficiente
distancia como para que su atracción gravitatoria le protegía de
asteroides.
Visto desde el espacio el
Planeta ofrecía un aspecto dulce
y pacífico, con su intenso color azul
celeste producido por la gran cantidad de agua que cubría sus tres cuartas partes.
Pero aquella apariencia acogedora resulto ser
engañosa, pues el Planeta estaba habitado por una civilización muy avanzada
tecnológicamente y apenas traspasó la nave su atmósfera, ésta fue interceptada por un comité de recepción
compuesto por varias naves fuertemente armadas que invitaron a sus tripulantes
a aterrizar en un lugar preparado al efecto por ellos
Fuimos
conducidos a una zona desértica y aterricemos en una base semioculta entre montañas; allí habían dispuestos varios hangares y en
uno de ellos fue introducida la nave “Esperanza” con toda su tripulación y su preciada carga.
El primer contacto con los habitantes y
anfitriones de aquel lugar fue gélido y decepcionante, pues aún siendo aquellos seres muy similares a nosotros tanto en su aspecto físico como en su
lenguaje y forma de expresarse, había en ellos una mecánica y extraña
altivez que producía escalofríos.
Apenas yo, Hooward Clarke, como
capitán de la nave “Esperanza”, intercambié con ellos unas cuantas frases, comprendí que eran mucho más las diferencias que nos
distanciaban de aquellos seres, que las coincidencias que aparentemente podían
parecer unirnos
Muy poca fue la información que de ellos
obtuvimos, tan sólo que por nuestra seguridad
deberíamos permanecer sometidos
a una cuarentena preventiva y mientras tanto tendríamos que colaborar y hacer una declaración del
lugar de donde procedíamos, el propósito de nuestro viaje y el destino del mismo.
Aquellos seres del planeta “Vida” – así
es como mi tripulación le habían
bautizado – realizaban aquella tarea en forma maquinal e impersonal como si se
tratase de un protocolo al que estaban habituados. Sólo preguntaban y tomaban
notas de forma maquinal, nunca respondían
a las incógnitas e incertidumbres que lógicamente se agolpaban, corroyendo y mortificando las mentes de mi tripulación… y de mi
mismo, aunque yo intentase ocultarlo.
Cuando
se interrumpían los
interrogatorios, éramos conducidos a una gran sala de paredes
altísima, en cuyo techo había unas claraboyas a través de las cuales una tenue luz se proyectaba iluminando el recinto.
Fuimos informados de que deberíamos permanecer allí encerrados a cal y canto hasta que acabase la
cuarentena.
Trascurrieron
varios días en los cuales se repetía la misma rutina de ser interrogados con
las mismas preguntas, por distintos individuos de aquella insípida raza, de
fría mirada y labios sellados. Ya la
preocupación y el pesimismo comenzaban a
hacer mella en nuestros espíritus,
cuando encontrándose recluidos tras sufrir otro de aquellos prosaicos e insulsos interrogatorios, y hallándonos tremendamente alicaídos, advertimos que
una mampara que cubría uno de los tubos del sistema de
ventilación se deslizaba dejando al descubierto un gran orificio, y
entonces recibimos una visita inesperada…
Del negro agujero asomaron unas piernas
morenas y musculosamente torneadas, a las que siguió el
pequeño pero graciosos y elástico
cuerpo de una muchacha que se deslizó
con sigilo hasta el suelo con sorprendente agilidad; la joven aparentaba unos veinte
años y vestía una extraños ropajes de intensos colores bajo los que se adivinaban unas sinuosas y
sugestivas curvas, su rostro de
agradables facciones era agraciado con una nariz respingona, un mentón
perfecto, y unos labios generosos que se complementaban con sus
ojos rasgados de mirada vivaz, siendo su cabello muy
corto y de un
color pelirrojo brillante e intenso.
La muchacha llevándose el dedo índice de su mano a derecha a los labios nos hizo gestos para que guardásemos silencio.
Inmediatamente un flujo mental se cruzó entre la mente de la visitante
y la mía, al ser yo el elegido por la joven para comunicarse mediante
la telepatía.
- Mi nombre es Aura, soy la comandante de la nave “Borell”, y mediante el poder que me concede la Retrocognición
conozco toda vuestra vivencia vital reciente; procedo del planeta Esfera
situado en la galaxia de Abell en el extremo del Universo más lejano a este lugar, nuestra tecnología
nos sitúa en un plano inmensamente superior
al vuestro, y al que poseían los seres que habitaban hace mucho
tiempo este planeta en el que nos
encontramos atrapados.
Yo como capitán de la nave “Esperanza”,
hallándome ansioso y preocupado por el
peligro que corrían aquellos a los que me habían sido encomendados, en aquella misión de supervivencia de nuestra especie,
intenté preguntar a la muchacha de los cabellos rojizos, pero las ideas se
atropellaron en mi mente.
La joven me tranquilizó al tiempo que
continuó con su presentación, y el motivo y propósito que la había conducido hasta nosotros.
- Nuestra avanzada ciencia nos permite
desplazarnos con nuestras naves a cualquier parte del Cosmos conocido anulando el efecto espacio-tiempo mediante la energía que nos proporciona la antimateria, pero preferimos utilizar los diferentes portales estelares diseminados por
el Universo para misiones como la que
nos condujo hasta aquí.
La joven pelirroja transmitía con rapidez
asombrosa sus pensamientos, mientras yo me esforzaba por asimilar toda la información que
ésta me transmitía.
-En esta ocasión el objetivo de nuestra
misión - prosiguió la muchacha-
consistía en recabar información acerca
de los actuales progresos que este planeta había desarrollado desde nuestra
última visita.
-Vayamos por partes. ¿Cuál es la misión que os condujo aquí y cuánto tiempo ha transcurrido desde esa
última visita a la que has hecho referencia? –interrogué, en un cauteloso
intento por intentar mostrar mi control y autoridad
-Ciento cuarenta años, según nuestro
computo temporal, mil años según el
transcurrido en este planeta
-¡Vaya! ¡Eso es mucho tiempo! –Exclamé-
¿Y qué finalidad tenía el recabar información después de tantos años
transcurridos?
-Como consecuencia de la curvatura
espacio-tiempo, y dadas las dimensiones del planeta Esfera del cual procedo, el
tiempo para nosotros ha transcurrido y
lo he hemos percibido de forma distinta a como lo ha percibido este planeta, y como lo podíais haber hecho vosotros mismos. En cuanto al objetivo de nuestra
misión, ésta consistía en recabar
información sobre un estudio del
desarrollo y evolución en planetas del Cosmos conocido, en donde
se puedan dar condiciones de vida;
proyecto que ya venimos estudiando desde
hace unas diez décadas. Lo que aquí hemos hallado ahora ha sido una sorpresa, al encontrar en los individuos de este planeta un desarrollo tecnológico tan excepcionalmente avanzado, lo cual es una
aberrante anomalía, teniendo en cuenta que no se corresponde con la evolución
cerebral y cognitiva, así como
espiritual y natural, que
deberían tener, de haber seguido su curso normal el progreso de los individuos
que pueblan este lugar.
-¿Y puedo suponer, que habréis llegado a
determinar el porqué de dicha anomalía? –me atreví a aventurar socarronamente, ya que comenzaba a
sospechar que aquella criatura estaba un tanto enajenada.
-¡Por supuesto! – respondió rápidamente
la interespacial muchacha, lanzando su
flujo de información telepática en un
tono que denotaba amor propio herido- Al parecer por alguna razón que desafía
totalmente las leyes físicas calculadas por los que nos antecedieron hace cien
años, este planeta recibió la visita de otros que como nosotros vinieron del
espacio. Esta visita no había ninguna posibilidad de que ocurriese, dadas las
distancias que separaban este planeta del más cercano que disponía de
tecnología necesaria para poder hacerlo, según nuestros mapas y cartografía del
Cosmos, que poseemos
-¿Y qué fue lo que ocurrió, según vuestra
superior inteligencia? –Pregunté, ya en tono abiertamente de chanza, pensando
que aquella chiquilla de rojos cabellos había perdido la cabeza.
-Señor, yo que usted no me tomaría a la ligera lo que nuestra
visitante le está exponiendo - Intervino
la teniente Loana, segundo en el mando de la nave “Esperanza”, ésta había
percibido el flujo de la conversación mental, que yo, y la joven que se había presentado como Aura, estábamos
mantenido extrasensorialmente, y había creído conveniente intervenir- Cabe
la posibilidad de que en el Universo Infinito se produzcan hechos como el que
nos ha conducido a nosotros hasta aquí, que fuerce a sus habitantes a iniciar
un éxodo para poder sobrevivir, y también cabe la posibilidad de que en otros
lugares del espacio profundo, y de
los cuales nada conocemos, hayan conseguido desarrollar tecnologías
y capacidades que hasta ahora nosotros
desconozcamos, e incluso ni siquiera
imaginásemos.
La pelirroja visitante mostró una sonrisa de agradecimiento a
la teniente Loana, y a continuación
respondió a la pregunta capciosa del capitán.
-¿Capitán, estoy segura que conoce
usted el significado de las palabras retrocausalidad y paradoja?
-inquirió la pelirroja, y sin esperar la
respuesta, respondió ella misma- Pues bien, ambas cosas, retrocausalidad y
paradoja es lo que por deducción, concluimos que se han producido aquí. Deducimos que por alguna extraña razón llegaron hasta este
planeta…
-Vida, Vida es como nosotros le llamamos a este planeta –
Interrumpió la teniente Lona
-… ¿Vida? Bien por mi
parte no hay problema - Aceptó Aura, la pelirroja-. Por algún motivo que
todavía ignoramos -continuó, tras brindar una mirada de simpatía a la
teniente- en algún momento de esos mil años que
transcurrieron en este planeta desde nuestra última visita, algo provocó que
las neuronas albergadas en el cerebro de una especie en particular que en él habita, sufriesen una evolución excesiva y anormalmente acelerada, multiplicándose en
número y consistencia. Dicha metamorfosis proporcionó infinitas posibilidades y
habilidades a estos individuos, posibilidades que aprovecharon y usaron para
dominar todo el entorno natural con el cual convivían, e incluso desarrollar la tecnología suficiente como
para… convertirse y transformarse a sí
mismos en seres superiores y casi inmortales,
con posibilidades de lanzarse a la conquista de las estrellas e incluso ambicionar
conquistar todo aquello que hallen en ellas… -La muchacha interestelar contuvo unos instantes su alocución-,
… y ahí es donde entendemos se produce antes el efecto que la causa, o sea la
retrocausalidad, al haber conseguido estos seres “dominar antes el cielo
que la tierra”. Si se me permite la metáfor.
Aura, hizo una pausa y dirigió una penetrante mirada con sus
ojos rasgados, a la teniente Loana y a
mí, como intentando comprobar en el interior de nuestras mentes si éstas
asimilaban aquello que les estaba
revelado.
-El motivo de dicha transformación y sus consecuencias, lo
atribuimos -aun considerando que es físicamente imposible, dada la infinita
distancia que les separa de cualquier lugar del Universo conocido y que existe inteligencia-, lo atribuimos
–repitió- a la visita, después que
nosotros estuvimos aquí, de una
civilización con una extraordinaria capacidad tecnológica, dicha tecnología es
la que proporcionaría, en tan escaso espacio de tiempo, el impulso y el
desarrollo suficiente a estos seres,
para su impresionante emerger de la barbarie más absoluta, a la situación de
extraordinario desarrollo y superioridad
tecnológica en la cual se hallan ahora. Y aquí precisamente es donde nos
hallamos ante la paradoja, pues es un contrasentido nuestra deducción, pero
aunque vaya contra el sentido común, es la única explicación que podemos dar a
lo que aquí pudo haber sucedido.
- ¿Y en qué situación nos coloca a nosotros el que esta
civilización se halle tan avanzada? -
Preguntó la teniente Loana, temiendo
escuchar una respuesta que no le iba a agradar.
- Para empezar os diré que mi nave y mi tripulación non
encontramos aquí retenidos unos tres
meses, según el cómputo temporal de este planeta, al que vosotros denomináis
“Vida”. Hemos intentado hallar la forma de escapar, pero todo el perímetro de
la base en que nos hallamos, está sujeto a una fuerza electro magnética la cual impide la salida al
exterior a todo aquel individuo, nave o máquina que no disponga de un lector
identificador. Durante el tiempo que hemos estado retenidos, ya han
desaparecido unos cuantos de los miembros
de mi tripulación, queremos creer que han escapado… pero mucho tememos que
hayan sido objeto de cruentos experimentos por parte de quienes nos retienen. Pero también hemos observado que los seres que
nos tienen aquí inmovilizados, aunque iguales, no son todos tan iguales, y en este aspecto, teniendo en cuenta
el estudio antropológico que hemos extraído de
otros planetas donde existe vida,
no se diferencian de ellos en cuanto a sentimientos
y pasiones, reacciones y contradicciones
Así, tenemos el ejemplo que
confirma la regla, al tener contacto con
alguien que e identifica como profesor *Murcicante Mundano Guindilla, éste nos ha
mostrado de forma clandestina, el interior de la base tal como es realmente, ya que lo que habéis podido percibir, no es más que una tapadera, y una infinitésima parte de su
totalidad , pues la verdadera base se halla distribuida en siete niveles que hay bajo tierra…
Ante la expresión de asombro del capitán y la teniente, más el
resto de la tripulación de la nave “Esperanza”, que se habían unido a ellos
percibiendo el flujo mental de la pelirroja muchacha del planeta
Esfera, ésta prosiguió desvelando
todo aquello que conocía.
-El profesor Murcicante nos mostró también los experimentos
infames de que son objeto los tripulantes de las naves, que como nosotros caen en poder de sus
congéneres. Y por lo que nos ha revelado, en los niveles más bajos de la base existen laboratorios donde experimentan con aquellos seres que
tienen la desgracia de ser atrapados por la poderosa y amplia tela de araña,
que en este planeta tienen expandida en
el espacio exterior en un radio cada vez más amplio. Al parecer es evidente que lo que pretenden es extraer todos los conocimientos
científicos que poseen sus prisioneros, y lo peor de todo es que tenemos la certeza que el propósito que persiguen,
es el de utilizar toda esa ciencia y saber con fines agresivos contra todo
aquel planeta del Universo que tenga vida. Al parecer existe una clase dominante, que ha acumulado toda la tecnología y el conocimiento captado y
robado a sus visitantes del exterior. Conocimientos que no ha compartido con sus congéneres, para civilizar la brutalidad albergada en sus mentes primigenias,
y a quienes mantiene en la esclavitud, siendo una clase sumida en la ignorancia y la inopia
más absoluta, siendo este grupo la mayor parte de la población. Tan sólo unos pocos – que como el profesor
Murcicante pertenecen a una clase privilegiada- han comprendido el error y el genocidio
de dimensiones cósmicas que están
cometiendo con sus congéneres en este planeta y con todos aquellos que los visitan desde el espacio exterior.
Tras su detallada
información, la joven pelirroja, nos
invitó a la teniente Loana y a
mí, a acompañarle a través del sinuoso entramado de tubos que componían el aire acondicionado del recinto,
tras un tortuoso recorrido arrestándonos
por la red del conducto de aire
acondicionado, descendimos al suelo y nos encontremos en un largo pasillo que nos
condujo hasta un elevador, éste nos
bajo a una velocidad vertiginosa hasta a
una gran profundidad la cual pude
calcular en unas treinta alturas, una
vez abandonamos el ascensor hubimos de
esquivar varios individuos que fuertemente armados vigilaban el lugar, por fin
nos introducimos en una de las muchas dependencias que allí habían, y conocimos al profesor
Murciante Mundano Guindilla.
Este era un hombre de una gran estatura enfundado en una bata blanca, cuya edad
rondaría los cuarenta, de piel clara, sus ojos, que escondía tras unos diminutos lentes, se apreciaban de un suave
color azul, lucía
una hermosa y
larga mata de pelo negro recogido con un pañuelo de color purpura, y en su rostro se podían apreciar unas nobles
facciones que eran realzadas por un fino bigote y una estilizada
barba plateada, pudiéndose deducir -en contraposición a los fríos guardianes con los que hasta ese
momentos habíamos tratado- tanto por sus
modales como por su lenguaje que se trataba una ser amable, de gran sensibilidad y exquisita educación..
En principio se mostró receloso y alarmado ante nuestra
presencia, pero Aura le convenció, asegurándole que tenía la completa seguridad
de que éramos los más indicados de todos cuantos visitantes de las estrellas
habían en aquellos momentos allí retenidos, para poder enfrentarse a sus
congéneres, enloquecidos por el ansia de poder tecnológico y espacial.
Murcicante Mundano, * *comenzó una confusa historia acerca de la
transmutación que sus neuronas
cerebrales -mediante una hermética y arcaica alquimia, obtenida a través de
unos papiros antiquísimos- le habían
sido transmutadas en la persona con la
cual nos estábamos comunicándonos, pero al observar la extrañeza que mostraban
nuestros semblantes, abandonó aquello que en su subconsciente bullía por
transmitir, y regresando al espacio y tiempo en que se hallaba, nos explicó que al ingresar como técnico experto en
automática robótica aplicada a la astro aeronáutica, en aquella prisión-
laboratorio en la que nos hallábamos, no era
consciente de los experimentos que allí se realizaban, ni del objetivo último que estos tenían, y que no eran otros, que el
de extraer y robar todos aquellos conocimientos y avances que poseyesen
aquellos individuos que podían proceder el espacio exterior y que caían en su
redes, tal y como nosotros habíamos caído. Pero la revelación más espeluznante fue
la que nos reveló acerca de la verdadera
naturaleza e intención de aquellos seres, que desde la cúspide del poder movían los hilos en aquel inhospitalario
plantea
-La evolución de la vida en nuestro planeta sufrió una tremenda
convulsión, al recibir la visita de una nave espacial procedente de un lugar situado más allá de la galaxia XZS ,y próximo a la nebulosa de
Anierdna … Sí, Aura, existe vida mucho
más desarrollada tecnológicamente a la de tu planeta, y mucho más lejana a los
lugares que tu avanzada civilización ha
podido llegar- comenzó con gesto
compungido Murcicante, al creer conveniente aclarar con la muchacha, dada la
expresión de asombro de la joven- Debes
perdonarme, hasta ahora no había tenido valor para confirmar tus fundadas sospechas,
debes comprender que toda precaución es poca, dada la estricta vigilancia a la que nos vemos
sometidos.
-¡Infinitas son las líneas estelares que conducen al
espacio profundo! –Exclamó Alba la pelirroja, i
nterrumpiendo al profesor,
al no poder contener su asombro ante las
revelaciones de aquel individuo, al cual nos acaba de presentar.
-Fueron aquellos seres de infinita y superior sabiduría,
llegados de un multiverso, a través del flujo oscuro, los
que introdujeron con su avanzada tecnología, la perversión y la ambición
desmedida en algunas de las mentes de los nativos pobladores de este lugar, cuyos
progresos, evolución y avances habían
seguido hasta ese momento el curso natural y normal de cualquier de los infinitos planetas que puedan existir en el Universo conocido.
Tanto la teniente Lona,
como Aura la pelirroja, y yo mismo,
escuchábamos a aquel sujeto de plática y expresión amable que se hacía llamar Murcicante, con el interés
y atención propio del reo que espera
ansioso la orden de su indulto, instantes antes del momento de su ejecución.
-El propósito de la visita de aquella civilización tan avanzada
era descubrir nuevos mundos habitables, cartografiarlos y regístralos estelar y
universalmente, declarándolos zonas conquistadas.
Así, ocurrió que llego un día que estos seres superiores se marcharon del planeta, dejando
en él una presencia simbólica -subestimando la imprevisibilidad de las
reacciones de los nativos-, y considerando
sería suficiente para controlar a aquellos seres primitivos que tan sólo
hacía una centuria habían descubierto el fuego… Ese fue su gran error, pues por
la fuerza bruta, y a costa de perecer muchos de ellos, aquel material e instrumentos de gran
precisión y alto nivel tecnológico, cayó en las manos de los aborígenes; logrando que su contenido les
insuflase en sus neuronas el influjo e impulso, que les fraguó la inteligencia e inventiva para avanzar en cien años todo el desarrollo para el que habrían necesitado mil. Pero eso
no es todo, pues os queda por saber
porqué, y qué, me hace a mí y a unos pocos más,
que seamos diferentes, pues aún
cuando aquellos que nos controlan y dirigen, afirman que “todos somos iguales,”
yo soy la prueba viviente de que
“algunos somos “menos” iguales que otros”…
-¿Pero qué os ocurre? ¿Es qué acaso ninguno de vosotros ha
leído a George Orwell?-
Refunfuño el profesor rebelde, ante la nula reacción de sus oyentes. -Bueno,
disculpar mis desvaríos, pero me olvido que estoy hablando telepáticamente con
seres ajenos a la cultura de este lugar- se justificó Murcicante.
-De “Vida”, del planeta Vida -puntualizó la
teniente Lona-. Así es como le hemos bautizado.
-¡VIDA! ¡JAJaJajaja…! –Estalló el profesor Murcicante en sonoras carcajadas, afirmando
sarcásticamente- ¡No podían haber escogido un nombre más apropiado! Por cierto,
aquí los nativos ya le bautizaron y tenemos nombre para él… Le llamamos Tierra. Y en el
planeta Tierra, en el que nos hallamos, es donde se está fraguando esta confabulación
cósmica galáctica, cuyos conjurados son el producto de la fusión del salvajismo
y la superstición primitiva, con la tecnología arrebatada a los llegados del
Horizonte de sucesos. Como producto de ello, de la fusión alienígena y
terráquea efectuada en el crisol llegado
del universo oscuro, surgieron unos individuos que son como autómatas o robots, les llamamos Los Conectados, estos no sienten ni dolor, ni placer, ni amor, ni
odio, ellos son el ejército-policial y el brazo represivo y ejecutor diseñados para servir ciegamente y hacer que
sean aplicadas las directrices del Gran Consejo,
órgano superior, legislativo, judicial y ejecutivo que gobierna esta sociedad de distopía en la que habéis venido a caer.
-Bien, profesor! Ya sabemos con quienes nos
vamos a enfrentar. ¿Ahora, sería usted tan amable de explicarnos cómo vamos a
hacerlo, cómo vamos a salir de aquí… y a cambio de qué, nos prestará su ayuda? – interrumpió el capitán Clarke,
impaciente por salir de aquella ratonera.
Los ojos de Murcicante me miraron fijamente por encima de los lentes de sus ovaladas antiparras, y tras atusarse su estilizada barba, se decidió por
fin a exponer su arriesgado, o más propiamente dicho temerario plan.
-----
Tres jornadas más tarde, y después de luchar
codo con codo con la aguerrida Aura la
pelirroja, y con mi segundo oficial la teniente Loana, protegiendo al profesor
Murcicante hasta la salida de aquel siniestro bunker, en cuyas entrañas pudimos
comprobar con horror, las cámaras y laboratorios en donde eran estudiados todos
aquellos que tenían la desgracia de recabar allí, siendo abiertos en canal y estudiados todos sus
órganos, mientras que sus cerebros, una
vez exprimidos sus conocimientos, eran guardados en recipientes de formol. Después de un dura
batalla contra aquellos autómatas, llamados Los Conectados, que ejercían de
carceleros y policías - batalla a la que se incorporaron en nuestro bando muchos de los
que allí se hallaban retenidos-, alcanzamos el hangar donde se hallaba nuestra
nave y el resto de su tripulación, estos ocuparon cada uno sus puesto, y pudimos abandonar aquel lugar, traspasando la barrera magnética que protegía el perímetro
del recinto gracias a la ayuda del profesor.
Mientras
Aura y yo pilotábamos nuestras respectivas naves, la lucha continuó en los
hangares entre aquellos que se hallaban allí retenidos y los insensibles “Conectados” hombre-robot que los vigilaban; creemos que algunas
naves consiguieron escapar aprovechando
la ausencia del cordón magnético. Entretanto
y una vez conseguimos la muchacha pelirroja y yo mismo estar en el aire, procedimos
a cumplir con aquello que había exigido Murcicante Mundano Guindilla,
como pago a organizar y ayudarnos en nuestra fuga.
Yo Heywood Clarke capitán de la nave “Esperanza”, y Aura
comandante en jefe de la nave Borell, navegantes procedentes
de los planetas Ograma y Alba, perseguidos y hostigada muy de cerca por el grueso de la
temible flota aérea de aquella despótica y tiránica sociedad, sobrevolamos las
capitales y centros neurálgicos y habitados, más importante de aquel pequeño e inhóspito
planeta azul. Nuestro perseguidores no
consiguieron impedir que
cumpliésemos nuestra promesa y nuestra misión, que consistía en dejar caer sobre aquellos núcleos urbanos y hervideros de miserias terrícolas, nuestra
preciada carga de panfletos, en los
cuales se denunciaba al Gran Consejo como manipulador, conspirativo y corruptor de los pobladores del planeta
Tierra, así como enemigo en potencia, y
carnicero y asesino reconocido de la
Gran Comunidad Universal en general. Nuestro altruista y extravagante amigo el profesor Murcicante, acariciaba la
utópica ilusión de que sus iguales en aquel planeta llamado
Tierra, comprendiesen el mensaje implícito en los panfletos,
y consecuentemente reaccionaran
rebelándose a la ignorancia y la
explotación a la cual habían estado
sometidos.
Al dejarle en la zona
que él mismo nos indicó, sus últimas palabras todavía encierran un enigma tanto para mí, como para
Aura la pelirroja; misterio que según el
profesor auguró, en algún momento y
lugar del infinito espacio-tiempo,
donde nos habríamos de volver a
encontrar, gustosamente nos revelaría
** “Aquel a quien han
sido transmutadas mis neuronas, os quedará eternamente agradecido, pues con
vuestra acción, a millones de seres les
será revelada la verdad de la ignominia y la rapacidad de sus despóticos
gobernantes, arrancándoles de la ignorancia, y creando en sus mentes capacidad
para tener criterio propio y libre pensamiento, y como consecuencia, la tiranía
será erradica, y la libertad florecerá”
“¡Infinitas son las líneas estelares que conducen al
espacio profundo!”
Y así, con aquellas palabras de despedida y la efusiva
expresión al parecer de uso frecuente en aquel lugar, dejó en el aire los enigmas que su mente guardaba, y también reflejadas las esperanzas que tenía depositadas en aquel
planeta llamado Tierra.
Ahora mi nave sigue la
estela celeste dejada por la nave Borell, con la certeza de que otros mundos, para
bien o para mal, existen en la infinita soledad del Universo; y ante todo con
la ilusión y promesa de que al traspasar uno de los
portales siderales conocidos por nuestra guía, podamos trasladarnos a uno de
los dilatados extremos de la galaxia, donde encontraremos la tierra prometida,
materializada en el planeta Alba, cuya tamaño y riqueza, según afirma nuestra anfitriona Aura, oriunda de aquel
lugar, son más que suficientes para acoger a los supervivientes que viajan en
las bodegas de la nave espacial “Esperanza”, esperando volver a
sentir sensaciones ya lejanas, pero no
por ello olvidadas, como el amar y ser amados, acariciar y ser acariciados.
Capitán
Heywood
Clarke, superviviente del planeta Ograma
Año
20 de la diáspora
Nota
aclaratoria:
Este relato fue
iniciado allá por el año 2008 como un esbozo y como respuesta a la insistincia
de un amigo del ciberespacio creado por Internet. Recientemente y habiendo transcurrido ya ocho años, obedeciendo
a los extraños y caprichosos impulsos que nos hacen escribir, decidí dar forma al entramado del bosquejo de ideas que tenía enterrados bajo un buen montón de folios, desembocado
este nuevo flujo de inspiración en esta narración; pero para conseguir darle
cuerpo y forma hube de recurrir a indagar e informarme acerca del significado
de palabras tan fascinantes como complicadas sus defeniciones, y que son causalidad, retrocausalidad, paradoja, horizontes de sucesos, etc., y fue durante
esta investigación cuando tropece con una película estrenada en el año 2014, en
la que la trama coincide ligerament en su planteamiento, que no en su esencia, con
la de mi narración. Esto es como aquello que en muchas de las películas del
siglo pasado solían mostrar al princiupio del flim: “Cualquier pararecido con
la realidad o con los personajes será pura casualidad”. Espero con esta breve
reseña haber disipado cualquier suspicacia respesto a la originalidad
de mi relato -por si las hubiera- “Sueños regresivos”, puedo asegurar que el
relato no ha sido afectado ni contamidado en absoluto, siendo en escencia y
totalmente fiel a la idea original surgida en el año 2008.
*Murcicante
Mundano Guindiolla es un personaje que aparece en varios relatos, siendo el titulado “Transmutaciones Oníricas” donde
se revelan las incógnitas y origen de su extraordinaria naturaleza y
su capacidad para metamorfearse
psíquica y mentalmente, al transmutar sus neuronas
por las de otra persona en cualquier lugar y época del espacio-tiempo en el Universo, o el multiverso.
Promesa que si la imaginación y la inspiración tienen a bien acompañar a su autor y creador, Murcicante ha de cumplir en un futuro.