viernes, 18 de abril de 2025

-El pozo de los olvidados- --Tercera parte I - El desenlace II







El pozo de los olvidados
Tercera parte I



                                                      

                                 - El Desenlace-II




-Segundo día-

Al día siguiente del hundimiento, y tras una noche de incertidumbre,  los vecinos voluntarios  desesperados e  impotentes  y tras haber excavado y removido aquel nefasto y cienoso agujero hasta muchos metros de profundidad, no hallaron indicios de los cuerpos de los muchachos desaparecidos.

A  media mañana de aquel luctuoso día, izo  acto de presencia el  señor alcalde,  al cual acompañaban la  corporación municipal en pleno. Una vez allí,  pidieron al jefe de bomberos un informe de la situación, a la cual apenas se le prestó atención,  y sin  que  apenas se manchasen de barro sus bien planchados trajes, el alcalde dio una breve arenga, y se marchó.Resultado de imaxes para ALCALDE CORRUPTO,COMIC

Entre los  numerosos curiosos expectantes que aquella mañana se hallaban en aquel lugar, se encontraba Robert Heins, profesor y arqueólogo de renombre, y  que  con el seudónimo de “ Winston  Chorver”,  firmaba  apasionantes reportajes  del  África profunda y desconocida, y ejercía de  periodista en el diario  londinense  The Daily Mirror.
 Robert Heins  aparentaba unos treinta y pico de años, alto y delgado, su pelo rubio y largo, junto a sus ojos azul cielo, contrastaban con su piel tostada por el sol del desierto, no pasando desapercibido -sobre todo para el sexo femenino- su porte varonil,  bohemio y aventurero.Resultado de imaxes para ARQUEOLOGO alto y delgado, su pelo rubio y largo,COMIC

 Había finalizado  un reportaje en el desierto blanco en Libia, y habiendo coincidido en el hotel Faraón de El Cairo, con Virginia Alebus,  una joven  estudiante de Historia Antigua, de arrebatadora belleza, perteneciente a la  alta sociedad de aquella  localidad. Localidad . donde estaban sucediendo tan fatídicos sucesos.

Dice  un proverbio árabe  acerca del destino y el azar  que  “Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo”.  Y así fue como el destino y el azar coincidieron, al no poder   Robert  Heins resistirse, seducido por los  encantos de tan encantadora dama, a la tentación de acompañarla hasta aquel lugar, al cual difícilmente se habría acercado de no ser por ella

 El interés de Robert  Heins  por la bella Virginia Alebus, no mermó ni un ápice su dedicación   y curiosidad  por la leyenda de los bereberes que esperaban la Luz enterrados vivos en los arrabales de aquella ciudad. Así, desde el primer día que llegó a aquel oasis en el que se encontraba enclavada la ciudad , aprovecho cualquier instante  parar visitar aquellos arrabales morunos,  en los cuales se podían ver tallados en  muchas de sus casas bajos relieves con el enigmático  Ankh, pero  lo que más le intrigó, fueron las referencias que los nativos más  viejos del lugar,  hacían acerca de la profundidad de los túneles subterráneos que existían bajo todo el arrabal, túneles que nadie conocía adonde  conducían… ni si tenían final. Datos que entrelazados con la leyenda que Don Rogelio había contado acerca de unos jóvenes bereberes enterrados allí en vida, despertaron su instinto y  curiosidad como arqueólogo
 Resultado de imaxes para HISTORIAS DE TESOROS ESCONDIDOS N SUBTERRANEOS


 Ahora  al observar aquella tragedia provocada por el hundimiento de parte del arrabal, la experiencia profesional del Heins profesor y arqueólogo, y  su olfato como el periodista conocido   con el alias “ Winston Chorver”,  actuaron con rapidez, informando  a través de conferencia telefónica a su redactor jefe en Londres,  y dando detallada cuenta de  los hechos acaecidos y  la misteriosa desaparición de los cuatro muchachos que no aparecían tras ser buscados en el lugar del suceso. Nada añadió respecto a las señales del Ankh  halladas, ni de la leyenda de los bereberes y el mundo subterráneo sin fin conocido
 
 Resultado de imaxes para REPORTRO DEL The Daily Mirror  TELEFONEANDO , AÑO 1955 , DIBUJO
Durante las veinticuatro horas siguientes las  labores de  búsqueda continuaron, Ha eso del mediodía aparecieron dos  cadáveres más, se trataba de Manuel y Vicente, presentaban idénticos signos a los chicos encontrados anteriormente: habían muerto aplastados por  el desplome y la caída, aunque a estos no les debió de llegar la muerte en el mismo momento del derrumbamiento, pues las uñas de los dedos de sus manos las tenían totalmente desgastadas, lo cual demostraba que habían intentado buscar la salida arañando con ellas

. El enigma del paradero de los dos muchachos  que quedaban allá abajo, seguía sin resolverse.

 

---El firmamento y el hortelano---


Aquella madrugada al levantar el portillo para que el agua inundará el huerto, el hortelano miró al cielo, aquellos puntos luminosos en el firmamento que eran las estrellas, estaban como siempre en su lugar formando constelaciones.


Tantas cosas habían cambiado aquí abajo, uniones, separaciones, nacimientos, muertes, guerras... En cambio las estrellas allí estaban fulgurantes, y guardando cada una su lugar y su sitio en el firmamento, tal y como él venia observándolas desde ya hacía casi un siglo.


Hubo un tiempo en el pasado, cuando la contaminación lumínica producida por el crecimiento de los pueblos de la Vega no lo impedían,en el que desde aquel mismo lugar, donde ahora se hallaba Manuel, se podía observar la Vía Láctea como un camino luminoso y lechoso que fascinaba y sobrecogía en el silencio y la soledad de la noche.


Siempre que el huertano procedía a regar aquella porción de tierra que era su huerto, tenía la oportunidad de observar aquella parte visible de la galaxia, y aquello le incitaba a pensar acerca de la pequeñez de los seres humanos, comparados con la larga vida- 10000 millones de años- que los científicos atribuyen a las estrellas llamadas soles.

La vida de los seres humanos es mucho más efímera, siendo muy escasas aquellas personas que logran llegar a los cien años de edad. Pero últimamente, y al margen de la vida eterna que prometen algunas religiones, se relaciona con científicos de la talla de Alfred Einstein la idea de que la muerte puede ser más un concepto albergado en la tradición y la imaginación, que una realidad absoluta, así, y en palabras del genial científico " ... la distinción entre pasado, presente y futuro es solo una ilusión obstinadamente persistente".


Una idea y una hipótesis muy gratificante, pero que choca con la dura realidad de la perdida, por causas naturales o accidentales, de familiares o amigos que se nos han ido dejando a lo largo del camino de la vida, y a los cuales el tiempo- que todo lo cura -nos ha hecho resignarnos a darles por perdidos para siempre”- Meditaba el hortelano bajo el cielo estrellado


¿Sería posible algún día volver a conversar con sus amigos? ¿Sería posible de nuevo poder escuchar los buenos consejos de sus familiares más allegados? ¿Sería posible regresar al pasado para poder volver a sentir nuevas emociones que despertasen sentimientos y amores ya olvidados de la juventud?”

Todas aquellas interrogantes, incitadas por las reflexiones surgidas al observar aquella noche las constelaciones y las estrellas visibles en la bóveda celeste, acudían a la mente del hortelano, cuyos pensamientos subyugados por aquellas ideas, le permiten abandonarse a sus sueños y elevarse oníricamente hasta otros mundos, otros universos, otras vidas, así, hasta que el despuntar del alba, y amanecer un nuevo día, le devolvía de nuevo a la sujeción y esclavitud de su propia realidad

Al despuntar el crepúsculo se hizo visible el Lucero del Alba, ese planeta que dado su fulgor,  los antiguos confundían con una estrella. Se trata de Venus, la diosa de la belleza, del amor y la sensualidad para los romanos, y conocida como Afrodita por los griegos .

Es  entonces con el crepúsculo matutino que el hortelano imitando a los héroes mitológicos acaba su titánica  misión.

 La noche ha   transcurrido  rápida y acompañada  de  los enigmas y misterios que en el cielo  guarda el infinito Cosmos;constelaciones,  planetas, estrellas y asteroides continuarán ahí por años, por siglos, por milenios... quizás hasta el infinito.

 El hortelano tan sólo aspira a ver crecer el fruto de la próxima cosecha