---El firmamento y el hortelano---
Aquella madrugada al levantar el portillo para que el agua inundará el huerto, el hortelano miró al cielo, aquellos puntos luminosos en el firmamento que eran las estrellas, estaban como siempre en su lugar formando constelaciones.
Tantas cosas habían cambiado aquí abajo, uniones, separaciones, nacimientos, muertes, guerras... En cambio las estrellas allí estaban fulgurantes, y guardando cada una su lugar y su sitio en el firmamento, tal y como él venia observándolas desde ya hacía casi un siglo.
Hubo un tiempo en el pasado, cuando la contaminación lumínica producida por el crecimiento de los pueblos de la Vega no lo impedían,en el que desde aquel mismo lugar, donde ahora se hallaba Manuel, se podía observar la Vía Láctea como un camino luminoso y lechoso que fascinaba y sobrecogía en el silencio y la soledad de la noche.
Siempre que el huertano procedía a regar aquella porción de tierra que era su huerto, tenía la oportunidad de observar aquella parte visible de la galaxia, y aquello le incitaba a pensar acerca de la pequeñez de los seres humanos, comparados con la larga vida- 10000 millones de años- que los científicos atribuyen a las estrellas llamadas soles.
La vida de los seres humanos es mucho más efímera, siendo muy escasas aquellas personas que logran llegar a los cien años de edad. Pero últimamente, y al margen de la vida eterna que prometen algunas religiones, se relaciona con científicos de la talla de Alfred Einstein la idea de que la muerte puede ser más un concepto albergado en la tradición y la imaginación, que una realidad absoluta, así, y en palabras del genial científico " ... la distinción entre pasado, presente y futuro es solo una ilusión obstinadamente persistente".
“Una idea y una hipótesis muy gratificante, pero que choca con la dura realidad de la perdida, por causas naturales o accidentales, de familiares o amigos que se nos han ido dejando a lo largo del camino de la vida, y a los cuales el tiempo- que todo lo cura -nos ha hecho resignarnos a darles por perdidos para siempre”- Meditaba el hortelano bajo el cielo estrellado
“¿Sería posible algún día volver a conversar con sus amigos? ¿Sería posible de nuevo poder escuchar los buenos consejos de sus familiares más allegados? ¿Sería posible regresar al pasado para poder volver a sentir nuevas emociones que despertasen sentimientos y amores ya olvidados de la juventud?”
Todas aquellas interrogantes, incitadas por las reflexiones surgidas al observar aquella noche las constelaciones y las estrellas visibles en la bóveda celeste, acudían a la mente del hortelano, cuyos pensamientos subyugados por aquellas ideas, le permiten abandonarse a sus sueños y elevarse oníricamente hasta otros mundos, otros universos, otras vidas, así, hasta que el despuntar del alba, y amanecer un nuevo día, le devolvía de nuevo a la sujeción y esclavitud de su propia realidad
Al despuntar el crepúsculo se hizo visible el Lucero del Alba, ese planeta que dado su fulgor, los antiguos confundían con una estrella. Se trata de Venus, la diosa de la belleza, del amor y la sensualidad para los romanos, y conocida como Afrodita por los griegos .
Es entonces con el crepúsculo matutino que el hortelano imitando a los héroes mitológicos acaba su titánica misión.
La noche ha transcurrido rápida y acompañada de los enigmas y misterios que en el cielo guarda el infinito Cosmos;constelaciones, planetas, estrellas y asteroides continuarán ahí por años, por siglos, por milenios... quizás hasta el infinito.
El hortelano tan sólo aspira a ver crecer el fruto de la próxima cosecha

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