-LA INVASIÓN - Una pincelada kafkiana
-¡¡Oiga,
su perro me está meando el pantalón!!
-
Bueno, ¿Y qué?
-¡¡Cómo
qué y qué!! ¿A usted le parece correcto que su perro me moje de semejante
manera?
-Es de lo más normal, teniendo en cuenta que
su pantalón es de color amarillo
En
esta divulgativa reflexión se hallaba el
propietario de un Caniche de color blanco grisáceo, mientras el can
observaba la escena con ojos perversos y
maliciosos, al tiempo que en la acera de enfrente un señor y un Labrador de
ojos soñolientos, unidos por una correa, imprecaban a un viandante.
-¡¡Señor,
cómo se atreve a pasear vistiendo
prendas de color amarillo!! ¿Acaso no sabe usted que dicho color es repelente y
dañino para nuestras queridas y necesarias mascotas?
El viandante respondió aireado e indignado.
-¡¡Esto
es absurdo, ya estoy más que harto de no
poder salir a dar un paseo sin tener que sufrir las micciones y olores
pestilentes de alguno de los numerosos perritos y perritas, que componen esta
impertinente plaga que sufrimos en calles, plazas y hasta dentro de nuestras
casas!!
En
ese momento una patrulla de la policía urbana, que se había acercado atraída
por el tono de voz exaltado del viandante, intervino:
-
Buenos días, ¿Qué está ocurriendo aquí?
El
señor unido por una correa al Labrador se anticipó a informar a los agentes de
la ley.
-
Agentes deseo denunciar a este sujeto por maltrato cruel y premeditado a la raza canina en general.
-¿Qué
es lo que ha hecho concretamente? –
Preguntó uno de los policías.
-
¡¡Que qué ha hecho!! Pavonearse y hacer
gala de ese color amarillo pernicioso y contaminante de sus pantalones y
camisa, impidiendo que mi adorable Kaki pueda hacer sus micciones sin temor a
contaminarse, ¿les parece poco, lo que ha hecho?
Uno
de los agentes de la autoridad, con gesto prepotente e indignado exigió al señor de los pantalones
amarillos que se identifíquese, al
tiempo que su compañero llamaba a comisaría:
-
Central, aquí la patrulla para la
defensa canina, tenemos un código amarillo,
procedemos a identificación y detención del supuesto trasgresor, envíen urgentemente un furgón policial para
su traslado a comisaría.
Mientras
el sospechoso era introducido en el furgón policial, una joven cuyo rostro
presentaba idénticos rasgos a los del Fox Terrier al cual sujetaba con una correa, vociferaba… o casi se podría decir… ladraba:
-
¡¡Llévenselo y denle su merecido, es
repugnante cómo se comportan con estas
adorables criaturas, su crueldad debe
ser castigada!!
En
el trayecto hacía la comisaría, el señor
de los pantalones amarillos, puedo observar como una legión de perros
conduciendo a sus dueños, inundaban la ciudad, delimitando su territorio y
marcándolo con las huellas negras y enmohecidas de sus deposiciones y micciones
caninas, ennegreciendo las esquinas de las calles, las farolas, las fachadas y
postigos de los edificios y sobre todo tiñendo de renegrido y cárdeno verduzco
el césped de los parques. Son las marcas sucias e infestas de las meadas y
deposiciones de estos nuevos dueños y señores del asfalto.
Al
llegar a comisaría, el viandante malhechor e
infractor y violador de derechos elementales; fue introducido en una
celda, ésta se encontraba ocupada por varios sujetos de aspecto repelente y
sospechoso; uno de ellos con pelo largo
y ojos que miraban por encima de unas
lentes diminutas, le recibió
cordialmente.
-Permita
que me presente, soy el profesor Murcicante Mundano Guindilla, pero mis amigos
me conocen por el alias de “el Dante”, e intuyo por el color de su
indumentaria, que se encuentra usted aquí a consecuencia directa de ella.
-¡Pues
ya sabe usted más que yo! -respondió con
disgusto nuestro conocido viandante
y ahora recluso en prisión preventiva por
su comportamiento agresivo e incívico.
Impulsado
por la respuesta, el que se presenta como profesor Murcicante, le relató una perturbadora e inquietante historia.
-Hasta
hace poco menos de un mes, era yo el director de un ambicioso proyecto
científico encargado de detectar posibles ondas provenientes de seres del espacio exterior, que tuviesen
como objeto contactar con seres inteligentes de otros planetas habitados como
el nuestro. Una noche especialmente idónea
para percibir las ondas de radio procedentes
del espacio profundo, yo y mi ayudante captemos potentes señales que se
aproximaban a gran velocidad, en una longitud de onda jamás captada. Al mismo
tiempo un tremendo estruendo en el exterior del laboratorio nos obligó a salir precipitadamente del edificio y pudimos observar como una estela de fuego –
de lo que creímos un meteorito - cruzó el firmamento yendo a estrellarse a escasos metros de nuestro
observatorio
.
El
profesor Murcicante tragó saliva y continuó su relato en evidente estado
de excitación
-Fuimos
al lugar del impacto y encontremos una
especie de nave espacial partida en dos
mitades. Pero lo más extraño fue
el ver salir de su interior varios…
perros, los cuales al vernos huyeron, escabulléndose en la oscuridad de la noche. Deje a mi
ayudante un instante, para ir hasta el
laboratorio en busca de unas linternas
con las cuales poder iluminar
el lugar y el objeto caído. Cuando regresé, mi ayudante había desaparecido; tan sólo
hallé su bata blanca de trabajo, y metido en uno de sus bolsillos había un hermoso ejemplar de Perro de Aguas español. A
partir de aquel incidente algo ha cambiado en las calles y en los seres que las
poblamos. Todos los indicios apuntan a una conjura perruna auspiciada por la
mente híper desarrollada de sus congéneres venidos de incógnitos e ignotos lugares del
infinito Universo -Bajando el
tono de su voz, casi como en un susurro el profesor confesó-. Creo
que están transmutándonos sus moléculas corporales, de forma que el amo
se convierte en mascota, y viceversa.
¿No ha observado usted algún cambio morfológico
o fisiológico producido últimamente en sus vecinos y conocidos?
El
señor de los pantalones amarillos, después de escuchar al profesor, no pudo
evitar el intentar contestar con otra pregunta,
pero se limito tan sólo ha pensarla. ¿“Y
usted por qué está aquí”? Para a continuación pensar de nuevo para sí mismo “¡éste se han equivocado al
encerrarlo aquí, tendría que estar en el psiquiátrico!” Pues considera que aquel sujeto es un auténtico demente.
Un
policía llegó hasta la celda e invitó al
señor que vestía de amarillo a que le
acompañase, pues le esperaba su abogado.
Al salir de la celda, y al tiempo que el
profesor Murcicante le susurraba -“no permita que le coloquen un collar con correa”-, le pareció observar que las gafas del
investigador de las ondas del espacio,
reposaban sobre el negro hocico de un Deutscher
Boxer, que ocupaba el lugar de su nariz,
e incluso le pareció percibir que se despedía
con un pequeño y lastimosos
ladrido
En
el trayecto a la sala de visitas, su asombro y estupor fue en aumento al ver con toda claridad, como en
los rostros de unos sujetos que acaban de ser detenidos se marcaban y
acentuaban, los rasgos inconfundibles de los típicos perros callejeros sin
raza determinada; y también, cada vez
más aterrorizado, como los policías que
les acompañaban ya tenían el aspecto
fiero de unos musculosos Dobermann.
Al
llegar donde le espera su abogado, éste
tenía claramente asumido el
elegante porte de un Bulldog
inglés que charlaba de forma amistosa
con varios Dogos y un Pastor Alemán, y
que no eran otros que varios oficiales
de policía y el capitán de la comisaría
.
Abrumado
y confuso, se sintió mareado, por lo que pidió ir al baño. Allí al
mirarse en el espejo vio reflejado en
él, unas ropas de un insoportable y repelente
color amarillo, de las cuales se
apresuró a despojarse, al hacerlo se vio
a sí mismo con angustia y horror, pues al mirarse de nuevo en el espejo
lo que vio reflejado en el cristal fue…una cabeza de chihuahua de ojos rojos y
saltones que le miraban con complaciente
dulzura
Dos
meses después, las calles se llenaron de panfletos y carteles.
En
los panfletos se informaba de la prohibición total del color amarillo en
cualquiera de las formas en que se pudiese representar, por ser la máxima
representación del maligno, al cual
tememos y conocemos con el nombre de “Azufre”
En
los carteles podía leerse la siguiente invitación:
EL
PROXIMO 26 DE MAYO TENDRA LUGAR EN EL REAL CLUB DE MASCOTAS
CON PEREGRÍ, LA
PRESENTACION DEL LIBRO “COMO
EDUCAR Y CUIDAR DE SU HUMANO”
DICHO
EVENTO CONTARA CON LA PRESENCIA DEL
AUTOR DEL CITADO LIBRO, EL PROFESOR MURCICANTE MUNDANO GUINDILLA, alias “el Dante” CATEDRÁTICO DE CIENCIAS EXTRAÑAS
POR LA UNIVERSIDAD “CANIUS CANINUS” DE LA CIUDAD DE LEVANTE.
EL
PROFESOR TENDRA LA DEFERENCIA DE FIRMAR
SUS LIBROS DE SU PROPIA PATA Y LETRA
Unos
días más tarde, podía leerse en la primera página del diario
vespertino “La voz de su amo”, un artículo muy interesante acerca de unas investigaciones realizadas por el
prestigioso profesor Murcicante Mundano Guindilla, alias “el Dante”, nombrado recientemente
doctor honoris caninus por la
Universidad de Hueso Grande, de la
cosmopolita capital de Pedigrí. Según el
cual, el profesor afirmaba que el día
del Juicio Final estaría directamente relacionado con la educación y
cuidado que diésemos a nuestras mascotas
y, el respeto con el que nos tratásemos a nosotros mismos, a nuestro entorno y
a nuestros semejantes. Añadía el eminente profesor que cuando llegase el Apocalipsis Final, éste no tendría color ni ideal, y su
proximidad o lejanía estaría
directamente relacionada con la anécdota que a continuación relató y que aquí reproducimos:
-
Hubo una ocasión en que una ciudad se llenó de carteles, en los que podía
leerse:
“En
los jardines, portales y esquinas no deben mear las mascotas “
Pocos
días después alguien escribió debajo del
mismo:
“Donde
mean las mascotas no se deben poner ni jardines,
ni portales, ni esquinas“
Así,
el profesor era rotundamente categórico, al asegurar que la proximidad o lejanía, de la llegada del Apocalipsis Final tan sólo
dependería del lado que se inclinase la
balanza, bien de los que abogaban por guardar respeto para sí mismos y para los
demás, o bien de los que hacían de su “capa un sayo” y tan sólo pensaban en sí
mismos.
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