Pandora
“Eternas,
seductoras, atrayentes…siempre letales
Diosas, hadas, ninfas, dríades, sirenas, hechiceras, brujas, vampiresas…Seres
todos ellos del sexo femenino, misteriosos y poderosos, entre cuyos enigmas, secretos
y redes tendidas como tela de araña
impregnada en dulce miel, anhelantes y ansiosos, los seres del sexo opuesto buscan,
y desean caer”
Jorge era un joven soñador de
mente limpia y abierta, que disfrutaba de la vida y de todas las pequeñas cosas
que ésta le ofrecía.
Solía nada más despertar y
comenzar un nuevo día, volver de nuevo a soñar e imaginar nuevas aventuras y
vivencias, sentir la ilusión de encontrarse y hacer nuevos amigos, y vivir
minuto a minuto su curiosidad por conocer y experimentar todo aquello que descubría.
Ya
eran
muchos los compañeros y amigos que habían claudicado en acompañarle en sus correrías y andanzas, al
haber caído rendidos y atravesados por las flechas de Cupido, siendo seducidos por
la figura insinuante y los ojos seductores de alguna bonita muchacha.
Jorge en cambio, con sus ya
veintinueve años cumplidos, siempre había sabido esquivar las saetas del
certero arquero, no dejándose atrapar por ninguna de las muchas jóvenes, que
edad de merecer, le habían tentado con el dulce ámbar de sus miradas y
contoneos.
Él deseaba viajar y conocer
países y culturas lejanas; siendo un trabajador cualificado disponía de un
trabajo y un sueldo bien remunerado, lo cual le permitía al menos una vez al
año realizar sus sueños.
Fue en uno de estos viajes, un
sugestivo y bonito Tour por Italia romántica, que hallándose en el mismo
corazón de Roma la ciudad eterna, y junto a la Fuente de Trevi, conoció a una
muchacha de cuerpo escultural y piernas artísticamente torneadas, cuya piel
bronceada y ojos rasgados, junto a su personalidad llena de magnetismo,
hicieron que Jorge cayese rendido a sus pies y le declarase su amor eterno e
incondicional
l.
El muchacho se sintió
inmensamente feliz al ser correspondido por la bella joven cuyo nombre era Pandora, y ésta se mostró cariñosa y dulce con él, el tiempo en el cual transcurrió la luna de
miel. Transcurrido dicho periodo, e instalados en el nido de amor -un modesto
pisito que Jorge había adquirido tiempo atrás, con mucho sacrificio-, Jorge
comenzó a percibir que aquella muchacha no era lo que en un principio, y tras un arrebato de enamoramiento había
parecido.
Lo que comenzó pareciendo
simples antojos caprichosos de recién casada, poco a poco se fueron
convirtiendo en exigencias y ultimatos propios de auténtica déspota insufrible,
imposibles de asumir.
Jorge, ciego por la pasión que
de forma voluptuosa nublaba sus sentidos, fue claudicando poco a poco, ante la
egocéntrica tiranía de Pandora. Renunció
a sus amigos de toda la vida, pues su esposa celosa de ellos, así lo
exigió. Más tarde Pandora se sintió incomoda en el nido de amor, que tanto
esfuerzo había costado conseguir a Jorge, por lo que éste hubo de complacerla y
mal vender su casa, para inmediatamente hipotecarse de por vida y, con el fin de que los antojos de su amada
se viesen complacidos se trasladaron a un palacete situado en una zona residencial
de alto estanding, lugar en cual ella consideraba que su condición merecía.
Al margen y parejo a las
exigencias sociales y económicas de Pandora, ésta era una mujer muy ardiente, y
en consecuencia demandaba de su amante esposo atención permanente, debiendo
éste copular varias veces al día, hasta que ella quedaba saciada y satisfecha
sexualmente
.
Como toda acción tiene su
efecto, Jorge fue debilitándose y viendo mermadas sus facultades físicas,
teniendo como resultado el rendir cada vez menos en su trabajo, hasta llegar al
extremo de verse despedido de su empleo y no disponer de recursos para afrontar
el tren de vida que le imponía aquella arpía, en la cual se había convertido su
amada. Así, al no poder afrontar la hipoteca
que sobre el palacete pesaba, se vio expropiado y declarado insolvente, cayendo
en la más sórdida de las indigencias.
Fue llegado ese momento, que
Pandora le comunicó que le abandonaba para marcharse a vivir con un trompetista
de Jazz, del cual estaba enamorada, acusándole a Jorge de no haber sabido
ofrecerle lo que aquel músico le daba.
Jorge,
arruinado, abandonado y amargado, con el
corazón destrozado, tan sólo pudo soportar aquella situación un par de meses;
una mañana apareció muerto en el interior de un destartalado y viejo coche, el cual le había
servido de morada y refugio en sus últimos días de vida. Sus manos agarrotadas
por la rigidez post mortem, mantenían aferrado el único objeto que le había
quedado como recuerdo del ser que… ¡Oh, paradojas del destino! Había sido el único amor de su vida, era una
cajita de marfil labrada primorosamente, en cuyo interior forrado en terciopelo
rojo, podían apreciarse inscritas en negra tinta china los versos siguientes:
“Esta
es la caja de Pandora,
Aquél
que su tapa osé levantar
Desgracias
y ruina le asaltarán y,
de
la esperanza poco habrá de confiar
Así
desde el Olimpo
por
el fuego robado,
Prometeo
y los mortales
eternamente
son castigados
Con encantos femeninos y,
con dulce seducción,
dóciles
e ingenuos
los
hombres caen rendidos,
siendo
ello causa de su perdición
Sirva
el ejemplo de Jorge
a
jóvenes románticos,
para
ser cautos, y no caer
en
telarañas tejidas por hechiceras
de nombre Pandora
, Antinea o Circes
Francisco
López (Fisquero)
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