III
-Zanzíbar, el descubrimiento de
un lugar pleno de vida, exotismo, luz y color-
Apoyado en la barandilla del barco, Heins contempló
extasiado la vista que ofrecía la ciudad de Zanzíbar City. La conocida como
“Ciudad de piedra”, que en aquel tiempo
todavía era un lugar cuyas raíces y
mezcolanza de razas la convertían en un rincón exótico, en el que se
fundían los olores del clavo junto a infinidad de aromas de especias y, en el
cual la vista se alegraba con los
contrates multicolores que como una cascada inundaban su entorno.
Todos esos contrastes de luz, colores y
aromas, contemplados por un joven como Heins, cuya experiencia hasta ese
momento, se había limitado a la adquirida en Bibliotecas y
aulas de la Universidad, causaron en él una impresión de absorbente contemplación, de la cual le sacó de forma
inesperada una potente y estridente voz,
procedente de tierra adentro.
Desde lo alto de un afilado alminar
que se elevaba indiferente en una
de las
mezquitas de
Zanzíbar, la potente voz del almuédano
llamaba a los fieles a cumplir
con uno de los
cinco pilares del Islam, elevar la
primera oración del día a Alá, el único
Dios para sus creyentes.
Allah es el Mas Grande, Allah es
el Más Grande;
Allah es el Mas Grande, Allah es el Más Grande.
Allah es el Mas Grande, Allah es el Más Grande.
Atestiguo que Muhammad es el
mensajero de Allah;
Atestiguo que Muhammad es el mensajero de Allah.
Atestiguo que Muhammad es el mensajero de Allah.
Venid a la
oración! ¡Venid a la oración!
¡Venid a la salvación! ¡Venid a la salvación!
¡Venid a la salvación! ¡Venid a la salvación!
¡Allah es el Más Grande! ¡Allah
es el Más Grande!
No hay más deidad que Allah.
No hay más deidad que Allah.
Al acabar la oración, los cuerpos de los fieles que se hallaban postrados en tierra y que habían permanecido de
rodillas mirando en dirección a La
Meca, se pusieron en movimiento reanudando sus rutinas y
quehaceres diarios; entre aquella muchedumbre alguien agitaba los brazos
intentando llamar la atención, Heins se
fijó en aquella figura, al creer oírle pronunciar su nombre
¡Míster Heins! ¡Aquí, Mister Heins! ¡Aquí, Míster Heins!
En tierra, al
borde del muelle, un joven que aparentaba casi la misma edad que Heins, vestido
con una larga camisa blanca a la usanza
egipcia, agitaba con su mano derecha un Fez, sombrerito de color escarlata en
forma de cubilete típico y muy corriente
en Egipto 
-” ¡Karibu mister Heins! ¡ Karibu !” -Repetía el
muchacho en idioma swahili, y que significaba” bienvenido mister Heins! “
Una vez finalizó la maniobra de atraque el
buque “Cormorán”, el joven acompañado de
dos nativos negros – los cuales, Heins
supo más tarde que eran esclavos- subió
rápidamente a bordo, haciendo caso omiso a las llamadas de atención de los
marineros, y presentándose solicito
ante Heins, al tiempo que daba órdenes a sus acompañantes en sawali, la lengua
oficial de la isla.
- ¡ Karibu a
Zanzíbar, Mister Heins! ¡Bienvenido a
Zanzíbar, Mister Heins! Mi nombre es
Ahmed Salim, y me envía el profesor Darward. Permítame que le ayude con su
equipaje - el inglés en la voz cantarina de Ahmed tenía la tonalidad dulce
del idioma árabe tal y como Heins la
había escuchado y aprendido de sus
profesores ismaelitas.
Salim era el
ayudante y secretario del profesor
Retarc Darward, un chico alto, de piel aceitunada, vivaces ojos negros y largos cabellos rubios, cuyo rostro alargado y nariz angular, le proporcionaban un aire místico y soñador.
- ¿Cómo me has
reconocido, entre todo el pasaje? – pregunto Heins.
-El profesor Darward me encargó recibirle y fue muy preciso al describirle, “joven de
casi tu misma edad, alto, rubio, con aspecto de intelectual despistado”…
Además es usted el único pasajero cuya
piel castigada por la insolación, le
delatan como recién llegado a estas latitudes donde el astro rey tiene su morada. Por cierto
que tendremos que proporcionarle un Salacot (sombrero muy ligero, hecho con
tiras de caña y con la copa semiesférica
y rígida) que le proteja del rigore inclemencia de los rayos solares.
Cuando los
esclavos que acompañaban al joven árabe
acabaron de disputarse el escaso equipaje de Heins, - Heins insistió en llevarlo el mismo, pero el joven árabe se
impuso con seguridad y lógica primitiva.
-No mister
Heins, no haga eso, esa es labor para los
esclavos.
-¡Pero muchacho,
la esclavitud fue abolida por Inglaterra
hace ya más de cien años! –Estalló Heins, con indignada incredulidad.
-En efecto señor
Heins, la esclavitud fue abolida por Inglaterra, pero esa abolición se refería
y afectaba a los súbditos ingleses -Respondió el joven Salim, añadiendo- Aquí se encuentra usted en Zanzibar, donde hasta ahora que yo sepa no se ha quejado
ningún esclavo de su condición como tal, pues son muy bien tratados.
Dicho esto y
señalando el portalón de descenso le invitó cortésmente a que le siguiera.
Descendieron a
tierra, seguidos de los portadores que cargaba con el equipaje, y ante el duro semblante y la furibunda mirada del cazador y su
siniestro acompañante que habían observado la escena.
Al descender por
la pasarela del buque, Heins y míster
Smith se despidieron cordialmente, éste proseguiría su viaje hasta Dar es
Salaam, lugar en el que desembarcaría para a continuación trasladarse a sus
posesiones en Tanzania. El joven Heins
no pudo evitar que su semblante reflejase una cierta tristeza, pues le había
tomado afecto. El colono en cambió
le mostró una amplia sonrisa, al tiempo
que con el mismo entusiasmo mostrado al
encontrarse en cubierta unos días atrás,
le dijo en tono paternal y poético:
- No se aflija mi joven amigo, el destino ha
querido que nos encontrásemos en esta coyuntura de nuestras vidas, y a buen
seguro que de nuevo nos volveremos a
encontrar en alguna de las encrucijadas que nos habrá de deparar el futuro;
existe un dicho en este continente que dice
que en África todo el mundo se encuentra más de una vez.
Heins pisó por primera vez el continente africano, y Smith prosiguió su camino hacía Las verdes colinas tanzanas.
Salim Ahmed
condujo a Heins hasta la Explanada del antiguo
Gran Palacio del sultán, frente a
la bahía de Zanzíbar, donde un Buick
descapotable modelo Sport Phaeton del 33, les esperaba para llevarles al Zanzíbar
Hotel.
- Cortesía del Sultán Khalifa bin Horub – Comentó Salim,
al observar la admiración y sorpresa reflejada en el rostro de Heins,
ante tan lujoso transporte
Una vez fue
instalado el modesto equipaje de Heins en el espacioso maletero del
vehículo, él y su anfitrión tomaron
asiento en la parte trasera, mientras un conductor de aspecto hindú los
transportaba hasta el Hotel. Los dos esclavos negros les siguieron a la
carrera.
- ¿Hace mucho
que trabaja para el profesor Darward? – Preguntó Heins, en un intento de romper el hielo, e ir conociendo a su
anfitrión.
El joven
Salim no se hizo de rogar y haciendo
gala de sus dotes de buen comunicador
relató la
historia de su vida durante el trayecto hasta el hotel. Contó a Heins como su
madre, una joven
esclava abisinia fue comprada por su padre -un potentado comerciante árabe,
hijo y nieto de antiguos mercaderes
asentados en la isla, en la remota época en la que el reino de Omán la
conquistó, iniciando el periodo de las grandes caravanas de esclavos que les
enriqueció-. La fascinante belleza de la
joven abisinia, subyugó y hechizó al
mercader,
el cual se enamoró de ella y
la convirtió en su cuarta esposa; fruto de aquella pasión nació Salim. Y su
madre la bella abisinia consiguió, mediante las influencia de sus encantos, que
su esposo y señor la convirtiese en la favorita del harén, lo cual revirtió en
privilegios especiales para Salim.
- Por cierto
Mister Heins, he observado su contrariedad al comprobar que todavía aquí conservamos
esclavos, le ruego no se precipite en sacar conclusiones al respecto, con su
mentalidad europea, pues podrá comprobar
que aquí todos están bien alimentados y bien tratados. Ya ve, así fue como mi
padre Tip Salim Ahmed -inducido por mi
madre-, tomó la decisión de enviarme a mí, el hijo de una esclava, a estudiar a
Alemania; oportunidad que aproveché cursando estudios de Historia de las
Civilizaciones Antiguas y Arqueología,
así como el de Lenguas Orientales; en todos ellos destaqué lo suficiente
como para que el rectorado de la
Universität unter den Linden,
de Berlin no
dudase en recomendarme al profesor Darward, cuando éste inició las
excavaciones de la tumba de Allamistakeo. En nuestra religión creemos firmemente en la
predestinación, y que mejor ejemplo de ello que yo mismo -al tiempo que hacía
este último comentario, Salim sonrió y guiñó un ojo a Heins
Siendo
Heins un persona de férreas convicciones
y al cual no gustaba dar su brazo a
torcer,
no quiso dar por zanjada la cuestión sin decir él la última palabra.
- El mundo está
cambiando en todas partes, en Inglaterra antes de la
Gran Guerra, era inverosímil que el hijo de
un minero pudiese llegar a ocupar un escaño en el parlamento, en cambio ahora… Sí,
el pasado es inamovible, pero el futuro es imprevisible… Y un esclavo siempre será
un esclavo, por muy bien tratado y alimentado que esté.
-Es la rueda que
mueve el mundo, y que a todos nos arrastra en su movimiento, gracias al beneplácito de Alá, pues de su voluntad dependemos
-Añadió Salim, apuntillando a continuación-. ¡La paz y la
bendición de Dios sean con él y con el profeta Mahoma!
Durante el
trayecto, Heins intentó cambiar de tema
e interrogó a su comunicativo
acompañante acerca del carácter del profesor
Darward, así como en todo lo referente a las incógnitas e interrogantes que
rodeaban a aquella exótica expedición; pero
en este sentido el joven árabe tan sólo
le respondió señalando las bellezas y curiosidades que encontraban al paso en
aquel lugar paradisíaco que era Zanzíbar.
Así, le relató
la historia de amor de una princesa
llamada Sayyida Salma,
hija del imán de Muskat y sultán de Zanzíbar, y de
una esclava circasiana, que en el siglo XIX,
y desafiando todas las reglas religiosas
y las costumbres establecidas, abandonó
su país por amor,
renunciando a la religión del Islam, para convertirse al cristianismo y
casarse con un joven comerciante alemán.
El Zanzíbar Hotel se hallaba situado en la
parte antigua de la ciudad, y a medida
que se iban adentrando en sus tortuosas calles, Salim iba señalando a Heins los edificios más relevantes
y simbólicos -Aquí es donde se
vendían los esclavos traídos del continente. Éste es el Palacio de de Tippu
Tib, el famoso comerciante de esclavos con el que tuvieron contactos
comerciales y diplomáticos los
exploradores Stanley y Livingston.
Para cuando llegaron
al Zanzíbar Hotel,
Heins y Salim ya
habían intimado lo suficiente como para comprender que entre ellos existía un
vínculo invisible que les unía estrechamente.
Al despedirse el
joven árabe, le recordó a Heins que tras
la tercera plegaria de la tarde, pasaría
a recogerle a las cinco en punto, para conducirle a conocer al profesor; y le rogó que estuviese presentable con sus
mejores prendas, pues a continuación
habrían de asistir ambos, al Palacio de
las Maravillas en el cual habían sido invitados a una recepción
ofrecida por el Sultán.
No hay comentarios:
Publicar un comentario