jueves, 2 de junio de 2016

El pozo de los olvidados - Parte primera -II El comienzo de una gran aventura



                                           II

                   El comienzo de una gran aventura 

Así, entre sorbo  y sorbo, saboreando aquél excelente té de la lejana India, y teniendo como fondo la imagen de unas esbeltas palmeras y el azul intenso del mar Mediterráneo. Virginia comenzó el relato de la mayor aventura de su vida, así como  de la mayor parte de todos aquellos que tuvieron alguna participación, directa o indirectamente,  en los acontecimientos que la envolvieron.

  “-Una mañana  gris de diciembre del año 1938,  en las páginas interiores del diario londinense The Times  podía leerse la siguiente noticia:

“”En uno de los  suburbios situado en el East End de Londres, y a escasos metros  del  hotel  Hamilton, fue hallado ayer el cadáver  de un hombre con el rostro destrozado; todos los  indicios apuntan a que la muerte le sobrevino a causa de un disparo a bocajarro con un arma de fuego; se especula con la posibilidad de que el móvil del crimen haya sido el robo, ya que la víctima  no portaba  cartera, ni documentos que le pudiesen identificar, siendo su identidad hasta el momento desconocida. Agentes  de Scotland Yard   investigan  el caso””

                                                                                                      
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 “-Esa misma mañana Robert Heins, totalmente ajeno a la  relación y consecuencias que dicho hallazgo tendrían en  la expedición y sobre su persona,  se embarcaba  junto a sus sueños e ilusiones, en un buque de la Compañía Peninsular y Oriental  llamado “Cormorán”, que  partía de Londres transportando  mil quinientos pasajeros - incluidos el capitán, sus oficiales y la tripulación-, y mercancías de diversa índole, para realizar la travesía mediterránea  a Asia.
 Resultado de imagen de viajero con patillas en la borda de barco en el canal de suez

 “-Cruzando el peñón de Gibraltar, habrían de  atravesar  el Mediterráneo hasta llegar  al Canal de Suez, para  luego  alcanzado el mar  Rojo, superar el Cuerno de África y  navegar por el Océano Índico. Sería entonces, cuando el “Cormorán”  antes de seguir rumbo a la India y China, haría escala en los puntos más orientales de África,  Zanzíbar y Dar es Salaam
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“- Una vez allí, Heins habría de reunirse con el resto de los componentes de la expedición, a la cabeza de la cual se encontraba el famoso profesor y egiptólogo Retarc Darward, célebre  por haber descubierto unos años atrás la tumba de Allamistakeo.  El contacto y vivencias de Heins con  la experiencia  y sabiduría del profesor Darward, habrían de proporcionarle  una visión  nueva del Universo y las fuerzas y misterios que éste  encierra, de tal forma, que haría cambiar su vida para siempre.

 “-Durante los quince días  que separaban el  trayecto de Londres a Zanzíbar, Heins tuvo ocasión de conocer a algunos de los pasajeros con los que compartía la travesía. Allí se  encontraban veteranos militares  destacados en la India, comerciantes en especias y artículos exóticos, jóvenes empleados de compañías comerciales del Imperio colonial, aristócratas, oficiales y, por supuesto abundaban  aventureros en busca de fortuna. Hombres y mujeres, todos ellos de lo más variopintos,  personajes excéntricos y estrafalarios, que se dirigían a las colonias forjadas por el Imperio Británico, unos en busca de riqueza  y otros en pos de la gloria. Dos de estos individuos tuvieron oportunidad de conocerse  y entablar amistad apenas subieron a bordo del “Cormorán, uno  de ellos se presentó como cazador profesional, el otro  lo hizo como agente del Foreing Oficce en misión especial.
 
 “-Durante el largo y monótono trayecto, el joven Heins tuvo  oportunidad de admirar, confraternizar, y desconfiar del carácter de algunos de estos  pasajeros, así como comprobar y sufrir el comportamiento  extraño e insociable de otros.

 “-Un  calurosos atardecer -tras haber sobrepasado Port Said, la temperatura había ascendido de forma sofocante-  se encontraba en cubierta contemplando el contraste que ofrecían las monótonas  dunas de  arena de las desérticas orillas del canal con  una preciosa puesta de sol, cuando escuchó que alguien exclamaba alegremente a sus espaldas.
                                                                                                                                  
Buenas tardes joven! ¿Su primer viaje a África? 

Un  hombre de unos cuarenta  años, que vestía de rigurosa etiqueta como si se dirigiese a la ópera, y que lucía unas enormes patillas, se dirigió cordialmente a Heins, intentado mitigar el tedio de la travesía-.Permítame  que me presente, mi nombre es  Roald Smith, colono  y cultivador  de más de 10.000 acres de terreno, repartidos en varias plantaciones de té y cafetales en   los montes de Tanzania  – el cordial pasajero  se presentó, al tiempo que le ofrecía su mano-  Robert Heins, Licenciado en arqueología  y en Lenguas antiguas y extintas  -respondió Heins, estrechándosela enérgicamente
                                                                                                                                       
En el transcurso de la charla el terrateniente confesó a Heins, que ya  eran quince los años que había dedicado al cultivo en aquellas tierras africanas, un sueño al que había dedicado su vida;  ahora poseedor de una fortuna, de una extensa plantación y, una avioneta  con la que recorrer sus posesiones, había viajado a Inglaterra, buscando a un antiguo amor de juventud, pero la dama en cuestión ya estaba casada con otro hombre. -Cosas del destino -Afirmó resignado.

 Heins por su parte contó al patilludo colono, la ilusión que tenía y lo afortunado que se sentía por haber sido elegido  por el prestigioso profesor  Retarc Darward ,   para formar parte de una expedición a las fuentes del Nilo.  Mientras tanto, próximos a Heins y mister Roald, dos sujetos se hallaban apoyados en la barandilla del buque, uno de ellos con evidentes signos de embriaguez,  sostenía en  su mano  un vaso de whisky, al tiempo que comentaba al individuo que tenía a su lado.

…Una expedición al infierno verde… o negro, según se mire.

- Bueno, usted es el experto, supongo que puede etiquetar el color  que más se adecué  al lugar  -respondió famélicamente su interlocutor

-Sí, así es, Muchas son las marcas que en mi cuerpo dan testimonio de mí dilatada experiencia en este continente. Es por ello que no comprendo porque ese Profesor Darward no pidió mi opinión para decidir la ruta al corazón de tan peligroso lugar.

Heins no había podido evitar oír la conversación dada la proximidad de los dos pasajeros, y al escuchar el nombre del profesor Darward,  se dirigió movido por un impulso juvenil, al hombre que lo  había pronunciado.
                                                                                                                                        
  -Disculpe caballero, permítame que me presente, mi nombre es Robert Heins, y éste señor que me acompaña es Roald Smith, no hemos  podido evitar escuchar su conversación, en la cual ha mentado usted al profesor Darward, y dado que yo me dirijo a Zanzíbar para formar parte en su nueva expedición en calidad de arqueólogo y experto en leguas antiguas, no he podido resistir la tentación  de dirigirme a usted.

 -¡Dos “gentleman” listos parar ser cazados  al  vuelo!  Veamos  si podemos romper la monotonía, divirtiéndonos con ellos – Susurró en tono socarrón el hombre al cual se había dirigido Heins, a su compañero, al tiempo  que miraba despectivamente  de arriba abajo a Heins y al cultivador de café.

 El individuo en cuestión contaría unos cincuenta años, era fornido y de pequeña estatura, y su   rostro quemado por el sol, estaba  marcado por  arrugas que le formaban profundos  surcos,  un enorme mostacho en forma de bigote cubría su boca, y  sus ojos  de hiena estudiaban con mirada inquisitiva  a los dos pasajeros

 -  ¡Ah! ¿Y dice usted que va a formar parte de la expedición del  profesor Darward  a las Fuentes del Nilo? ¡Bien, muy bien muchacho!,  ha hecho usted muy bien en preguntarme.

El hombre izó una reverencia grandilocuente, la cual casi le cuesta caer de bruces  en la cubierta del buque, y con evidente sorna se presentó a sí mismo y a su compañero.

 Caballeros permítanme que me presente, mi nombre es Larc Serps,Resultado de imagen de dibujo de rostro de cazador  de fieras en  Africa cazador y guía profesional, y  mi acompañante  es Mr. Philby Singer,  funcionario al servicio de su  graciosa Majestad  -Mr Singer era un tipo enjuto, cuyos ojos observaban todo y a todos minuciosamente por encima de unos lentes de esferas redondas, las cuales  parecía le iban a resbalar de la nariz y caer al suelo de un momento a otro, y en contraste con su acompañante el cazador, el tono de su piel era blanquecino y  tenía el  aspecto  de ser
el tipo de persona que se hubiese pasado toda su vida encerrado en  una oficina, siendo  además un sujeto de lo más reservado, pues  se limitaba a  observar, permaneciendo con las manos metidas en los bolsillos de su arrugada chaqueta, sin decir ni una palabra y limitándose a asentir con la cabeza todo aquello que su compañero contaba.





-Pues sí, efectivamente a escuchado usted bien… ¿Mister Heins?.. ¿Dijo que era su nombre? ¡Bueno, no importa! Como iba diciéndole yo también me dirijo a Zanzíbar para incorporarme a esa dichosa expedición, soy el guía de la misma. Pero es una larga historia, y puesto que yo al igual que ustedes,  nos encontramos atrapados en esta vieja y aburrida lata flotante, creo que puedo, dada mi dilatada experiencia, ilustrarles con aquello que les espera y van a encontrar en África…



Ante la atenta mirada de Heins, el cazador izo una pausa, apuró el líquido ardiente  que contenía el vaso que sostenía, y sacando una petaca de uno de los bolsillos de su chaqueta procedió a llenarlo de nuevo, para a continuación proseguir ufano su disertación.





-Como iba diciéndoles. ¡Sí, África, continente apasionante, desconocido y despiadado!, en el cual he pasado treinta años de mi vida explorando, matando fieras y nativos… y sobreviviendo  a todos ellos, así como a su clima, epidemias  e insectos… Por cierto ¿Míster… Heins? me ha parecido entender que es su nombre -insistió el hombre, dando muestras del efecto que el licor hacía en su mente-,  vamos  a ser compañeros de expedición, soy el guía contratado por el profesor Retarc Darward, para  conducirles a través de la ruta de los esclavos, hasta las fuentes del Nilo  – le espetó a Heins, al tiempo que  le extendía su mano y le ofrecía una salvaje y siniestra  sonrisa, en actitud prepotente.




Mientras Heins y míster Smith  se limitaban a escuchar al arrogante y pedante  cazador, éste  puso al corriente a sus  dos compañeros de travesía, de la crudeza salvaje y primitiva, que podían hallar  tanto en la  naturaleza de sus tierras, como en  la de los nativos que poblaban las sabanas, desiertos y selvas de aquellos remotos e ignotos lugares a los cuales se dirigían,  sin omitir los detalles más sórdidos, e incluso exacerbando y detallando los más escabrosos, crueles y bárbaros.

  - El  lugar al que he de conducirles es un contraste explosivo, una especie de paradoja en la cual podemos hallar las delicias más deseables  y tentadoras del Paraíso, a la vez que al mismo tiempo nos podemos encontrar con las tinieblas más tenebrosas del Infierno.Resultado de imagen de paraje cont  tdo tipo   de fieras en  Africa -El explorador se deleitaba al contemplar los gestos de incertidumbre que sus palabras despertaban en aquellos a los que iban dirigidas-.  A medida que uno se adentra en la selva, el aire y el entorno se van haciendo cada vez más hostiles y   poco a poco se va viendo envuelto por  tramos de jungla prácticamente  impenetrables, debiendo recurrir a los machetes para abrirse paso por caminos inexistentes,  en ellos reinan las serpientes más peligrosas del mundo, algunas de las cuales les basta con sólo una  mordedura para causar una  muerte instantánea; también abundan los cocodrilos, los hipopótamos, y  los leopardos y panteras,   al acecho de cualquier cosa  que se mueva y pueda aportarles proteínas.     Resultado de imagen de canibales de africa, comics                                                                                                                                                                                Pero lo peor de todo  no son las grandes fieras, ni los reptiles traicioneros,  o peor son los incestos y las invisibles bacterias transmisoras de la malaria, la fiebre amarilla, el cólera, la enfermedad del sueño, y mil calamidades  más, que  acaban doblegando el espíritu y el alma, hasta causar la muerte de aquellos que se atreven  a internarse en aquellos inexplorados lugares. ¡Ah!  Pero para llegar hasta allí  -el filibustero aventurero, continuó su disertación, incentivado con la expresiones de estupor y ansia de Heins y  el terrateniente  mister Roald, más un nutrido grupo de pasajeros, que se habían acercado a escuchar -,  hay que atravesar caminos polvorientos e intransitables plagados de enormes zarzales espinosos, en los que es frecuente toparse con fieros y asesinos leones a los que gusta la carne humana, y a la que están habituados; o también es probable  sufrir el asalto de   bandidos y salteadores árabes que se dedican al comercio de esclavos y,  que no titubearan en  asesinaros, simplemente para robaros unos peniques; sí, mis jóvenes amigos, para llegar a la selva,  primero hay que enfrentarse  a desiertos infernales, cuyo sol impenitente cuando está alto  hace que se alcancen  temperaturas insoportables  de más de 50 grados y, en ocasiones,  el Haboob  sopla…¡ Entonces el cielo se pone negro y una montaña de arena en forma de garra fantasmal lo  envuelve  todo en una densa obscuridad, y pobre de  aquel que no consiga ponerse a buen recaudo, pues es seguro que  acabara siendo sepultado  por la arena!  Si  se logra sobrevivir a  todo ello,  y se  logra llegar  a la zona de los Grandes Lagos, es entonces  cuando nos encontramos al borde de una inmensa fosa, desde la que se divisa una enorme y Resultado de imagen de la selva virgen ,  espantosa mancha verde; es la selva virgen en la cual se ocultan un sin fin de desconocidos peligros     . Y ya una vez internados en la jungla, no es infrecuente tener la mala fortuna  de encontrar tribus  primitivas que allí habitan y  que conservan costumbres ancestrales que les empujan a practicar el canibalismo, siendo el hombre blanco uno de sus bocados preferidos.
                                                                                                                                      
Llegado a este punto de su exposición el cazador-guía fue interrumpido por  el patilludo propietario cafetero, el cual  previamente había hecho un guiño a Heins.

   - Pero mister Serps, supongo que mi joven  amigo no tiene porque preocuparse por todo esos pequeños inconvenientes, ya que va ser usted con su dilatada experiencia en todo esas pequeñas adversidades, quien se va a ocupar, siendo su protector y guía, de solucionarlas. 

La seguridad y aplomo del pedante aventurero sufrió un ligero resbalón, ante la sutil socarronería de míster Smith, al que respondió  con evidente enfado. 

- ¡Espero por su bien, que cuando llegue el momento y, tenga la seguridad que llegara, en el cual se encuentre cara a cara  con alguno de los peligros a los que he hecho referencia!  ¡Recuerde que yo Larc  Serps ya se los advertí

  En una reacción inesperada y cuando ya parecían concluidas las advertencias del cazador, encarándose éste al joven  y novel arqueólogo  le dejó caer ciertas insinuaciones en forma de incógnitas, que sembraron en Heins  una gran incertidumbre y desasosiego.

- ¡Y usted  míster Heins! ¿No se ha preguntado el porqué, para excavar unas tumbas en Nubia, han de hacer tan peligroso y largo recorrido,  llegando hasta los Grandes Lagos,  en donde se  halla el reino de Bugamuri en el cual  se  habrán de internar, y en el que  reina un soberano déspota, cruel y voluble, con el que deberán  negociar  para obtener su  beneplácito y conservar sus vidas; añadido éste  que le convierte en uno de los lugares más peligrosos de la Tierra.?  Cuando hubiese sido más sencillo iniciar el viaje desde El Cairo, y  navegar el Nilo río arriba impulsados por  los vientos del norte, economizado tiempo y muchos peligros.

 Serps hizo una pausa y tomo aire; debido al énfasis con el que había pronunciado sus palabras,  su rostro  bronceado había adquirido un tono rojizo, y los surcos de su arrugada piel se apreciaban más profundamente marcados, dando la impresión de que su  cara  había sido  extraída de una roca  castigada por el viento y el sol durante siglos.
 Una vez recuperado el aliento  advirtió con vehemencia a Heins.

-¡Piense  en ello muchacho! ¡Piense en ello, y medite en que  oscuro asunto se está metiendo! Hecha esta  última advertencia, el exaltado  cazador y su  silenciosos acompañante Mr. Singer, les dieron  bruscamente la espalda,  desapareciendo entre el pasaje.

Observando la perplejidad que las bruscas maneras y las últimas palabras del cazador habían provocado en Heins, El caficultor intento quitar hierro al asunto y disipar las dudas que rondaban por su cabeza.

- No debe  usted  la menor importancia a sus palabras, es evidente que está  ebrio y éstas están cargadas de frustración y resentimiento –comentó, tratando de tranquilizar a Heins, el cual se hallaba evidentemente afectado por los augurios fatalistas  que acababa de escuchar. Y tras meditar unos instantes añadió-. Aunque no  obstante no le falta razón, dado que no tiene sentido hacer tan  largo  y peligroso itinerario, para llegar a la Alta Nubia, pudiendo aprovechar los vientos del Norte y navegar hasta allí por el Nilo.
                                                                                                                                         
El patilludo míster Smith , bajando la voz como si  temiese que aquello que contaba fuese a llegar a ser escuchado por “el cazador”, cambió el rumbo de la conversación. 

-Muy mal asunto el de la  última cacería de mister Serps. Hace unos años fue  contratado como jefe de  un safari  que se adentro  en tierra de los masai, parece ser  que  durante la  cacería de un león, surgió una disputa entre los nativos y los cazadores por la posesión de la pieza… Pero eso no fue lo peor, lo peor fue que  murieron sus clientes,  unos  cazadores  alemanes a los que guiaba en el safari.  Como consecuencia, Serps  tomo venganza quemando todo lo que encontró a su paso.  Poblados y todo aquello que en ellos latía  con vida fueron arrasados y aniquilados. Resultado de imagen de cazador  disparando a negros de tribu africana                        Ello  provocó una situación bastante  embarazosa  y tensa entre  los  nativos y las autoridades del protectorado, ya que la zona se  ha convirtió  desde entonces en poco apta, y muy peligrosa para cualquier blanco… Exceptuándole a él, bwana  Serps “ el cazador”,  al cual  desde entonces temen como al mismo diablo, y  llaman  “el que derrama sangre” -Explicó el terrateniente, sin interrumpirse ni  aguardar  a ser preguntado.

Relatada la trágica historia del cazador, el colono quiso expresar un sentimiento  que era común en aquel lugar al que se dirigían:

 - En aquellos que viajan al continente africano  podemos encontrar dos clases de personas, las   que quedan subyugadas  en cuerpo y alma por la magia de su naturaleza salvaje y de sus gentes primitivas, y aquellas otras, que por el contrario los  detestan profundamente.


   En el transcurso de lo que restaba de travesía hasta Zanzíbar no volvieron a ver ni saber nada del tenebroso y agorero cazador.

Un espléndido amanecer, con el viento del monzón soplando  del nordeste, el buque de la compañía de Indias  “Cormorán”, enfilaba el puerto de la ciudad de Zanzíbar, haciendo escala  en la  que no mucho tiempo atrás,  tuvo el tétrico  honor de ser  el final del tenebroso  viaje, del  que partiendo del corazón del continente africano,  las caravanas de la muerte atravesaban selvas y desiertos para finalmente  arribar a Zanzíbar. Era la denominada  ruta  de los esclavos.

Asimismo a aquel lugar  también le cabía  la gloria de haber sido el punto estratégico  de partida,  de aquellos pioneros  -  que con el permiso, el beneplácito y el apoyo de los
poderosos sultanes  del reino de Omanís  que allí habitaban  rodeados de riqueza y lujo orientales-  que  iniciaron la  aventura de las  grandes exploraciones de Centro África.  Como Burton,Resultado de imagen de Burton, speek, livinsgton  Speke, Resultado de imagen de speke, explorador   Livingston y   Stanley.Resultado de imagen de stanley explorador de africa    Y  otros muchos  que a mediados del siglo XIX  se adentraron en el continente misterioso  para abrir nuevas rutas, descubriendo su orografía, etnia, fauna  y flora, y marcando surcos de ríos, cataratas, montañas y poblados, donde antes sólo habían espacios en blanco, y que servirían  a los países colonizadores y a las compañías mercantiles  para iniciar la explotación de sus ingentes recursos. Todos ellos utilizando métodos poco éticos, y con la rapacidad y la ambición de poder y riqueza  como bandera.



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