miércoles, 6 de enero de 2016

ADULTEROS



                     

              -Adúlteros-


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-¿Antonio…? ¿Eres tú, Antonio…? ¡Amigo, tienes que hablar con Ana, estoy desesperado… a mi no quiere escucharme…!

La voz sonaba ansiosa, entrecortada y vacilante.

Al otro lado del hilo telefónico, una voz intentaba apaciguar con buenos concejos el desasosiego  latente en su interlocutor

-Escúchame Juan, tienes que tranquilizarte, debes comprende la reacción de tu ex mujer después de lo mal que te comportaste con ella; recuerda que fuiste tú quien provocó está situación en la que ahora te encuentras.


Juan sintió como los recuerdos se agolpaban en su mente al rememorar todo lo acaecido en los últimos nueve años de su vida. Vio con diáfana claridad el rostro pleno de ilusión e ingenuidad juvenil de Ana aquella tarde,  en la que fueron presentados en la celebración del cumpleaños de aquel amigo común que era Antonio. Recordó en una mezcla de gozo y dolor, como por un auténtico flechazo de amor, quedaron prendados el uno del otro, y como a partir de ese momento el astro Sol no salía para ellos dos, hasta el instante mismo del día  en que ambos se encontraban y se fundían en un apasionado abrazo; la felicidad consistía para ellos  en cogerse de la mano y mirándose a los ojos susurrarse dulcemente tiernas palabras de amor.
A la memoria de Juan llegaron las muchas privaciones, sacrificios y esfuerzos, que tanto él como Ana, tuvieron que realizar, para conseguir los ahorros suficientes que les permitiese la entrada para  acceder a un pequeño pisito en el extrarradio de la ciudad, tras firmar unos papeles con los cuales hipotecaban sus vidas a perpetuidad, pudiendo así realizar el sueño que tanto anhelaban, que era el de comenzar a vivir una vida en común…

Pasaron ocho  años, durante los mismos vivieron momentos felices, tuvieron tres hijos,  y Juan  inició un pequeño negocio que poco a poco fue creciendo, a la par que su amor y pasión por Ana fue enfriándose y disminuyendo.

Mientras Ana criaba y cuidaba de su hijos, ejerciendo y cumpliendo con su rol de ama de casa y madre, Juan se labraba un porvenir levantando un prospera empresa y convirtiéndose en un hombre de negocios importante y respetado, lo cual le implicaba viajar a menudo, y en bastantes ocasiones dormir fuera del hogar conyugal.

Se sucedían un día sí, y otro también, las reuniones y entrevistas con clientes, las cuales concluían al llegar la noche acompañándoles a algún “pub” o “night club” de dudosa reputación, en los cuales los clientes terminaban entre los tiernos brazos de alguna dama de la noche, y Juan remataba el negocio mezclándolo con el placer, cayendo también en los brazos de alguna de las señoritas de lujo que frecuentan aquellos tugurios.

Fue en uno de estos compromisos de negocios, cuando conoció a Tatyana,  Resultado de imagen de dibujo de silueta stripteps  bailando en local     una bailarina de barra y estriptis, unos años más joven que él; esta muchacha procedente del país del frío, paradójicamente poseía un don especial para enardecer y calentar  a aquellos  clientes que sentados en las mesas del “night club” -de las cuales surgían serpenteantes volutas de humo de sus cigarrillos y puros, y corría alegremente el whisky y la ginebra-, contemplaban encandilados su danza erótico-sensual, la cual ejecutaba con especial magnetismo al ritmo cadencioso y electrizante de un Blues excitante y provocativo, en el transcurso del cual  conseguía elevar al éxtasis  a  los espectadores al ir desprendiéndose de unos tupidos y vaporosos velos con los que cubría su escultural cuerpo, hasta dejar caer la última de las gasas dejando al descubierto toda su exuberante anatomía, así como sus más ocultos y deseados encantos de mujer, momento éste que coincidía con las contorsiones finales en las que la bailarina simulaba alcanzar la culminación del clímax abrazándose a la barra, lo cual hacía derretirse en sus asientos a los clientes del local.
A Juan no le fue difícil acceder a los favores sexuales de Tatyana, y éste al beber del dulce maná que le ofrecía aquella  - a sus ojos- diosa del Olimpo, quedó hechizado y locamente enamorado, cayendo seducido por las habilidades y argucias  de aquella profesional del sexo y el amor.
Al principio los encuentros se limitaron a un par de veces al mes, más tarde Juan se las ingenió para todas la semanas tener que atender a algún cliente que le obligaba a faltar en el hogar para atender a sus negocios… los cuales consistían en tener tórridos encuentros con Tatyana, la bailarina, la cual fue poco a poco absorbiéndole el sexo, el seso y la hacienda.
Dado el cambio que en el carácter de Juan se produjo a partir de entonces, y lo repetitivo de sus ausencias, Ana acabó por sospechar, y tras contratar a un detective privado, descubrió la infidelidad de su marido, al cual demandó  por adulterio con las pruebas aportadas por el detective, consiguiendo dejarle en la calle sin un solo euro del patrimonio familiar, más con la obligación de pasar una suculenta cantidad mensual para la manutención de los tres niños hasta su mayoría de edad. Añadido a todo ello el hecho de que Ana, por motivos relacionados con evitar al fisco, aparecía como propietaria en todos los documentos del emporio comercial que durante todos aquellos años había crecido hasta convertirse en líder en su sector.
Juan acepto lo que la ley dictó, dándose por satisfecho al verse libre de su matrimonio y así poder dedicarse en cuerpo y alma  a  Tatyana, su pasional y lujurioso amor

El arrebato y el deseo cegaron a Juan, el pobre diablo no contaba con que el amor que la bailarina sentía por la vida de  lujo  que él le había proporcionado hasta ese momento -y que ahora habían quedado mermados, al pasar su fortuna  a ser controlada por su mujer- era mucho más fuerte que aquél que sentía por su persona. Así, a las dos semanas de obtener Juan el divorcio, encontró una nota en el pisito que había regalado a su amante.


“Juan, juntos hemos pasado muy buenos ratos, pero ahora no puedes ofrecerme aquello que yo esperaba de ti. No intentes buscarme, hay un hombre en mi vida, él al menos me satisface plena y totalmente, cosa que lamento decirte, pero sinceramente tú nunca conseguiste.
Adiós.
P.D. No te molestes en dejar la llave, ya cambio yo la cerradura.”



La voz de Juan volvió a sonar suplicante a través del auricular.

-Antonio, amigo, tú nos presentaste, por favor, tienes que interceder por mí ante Ana, yo creí estar enamorado de aquella bailarina, ahora he comprendido que todo fue un error, pero Ana no atiende a razones. ¡Tienes que ayudarme a convencerla, tú eres hombre y sabes comprender que esto son cosas que pasan!

Al otro lado de la línea, la voz pareció titubear.

-…Escúchame Juan…, No sé como decírtelo… Verás, durante mucho tiempo tuviste abandonada a Ana, una mujer como ella necesita cariño, necesita sentirse amada y que la mimen… Cuando tú disfrutabas de las mieles de tu aventura con la bailarina, Ana también conoció a alguien que le dio todo aquello que tú le negaste… En fin, que ése alguien… fui yo. Te comunico que nos casamos dentro de quince días… Lo siento amigo, pero ya sabes el dicho, “estas cosas pasan, y donde las dan las toman”.

El teléfono fue colgado  estrepitosamente al otro lado.

Aquella noche la brigada de homicidios tuvo mucho trabajo. Primero hubieron de acudir a una llamada urgente del Odessa club, un club nocturno de pésima reputación, allí hallaron dos cadáveres, uno de ellos era el portero del club, presentaba dos orificios  en la frente, producidos probablemente por una Magnum calibre 357. El otro cadáver era el de una bailarina de los países del Este, ésta presentaba un orificio en el pecho a la altura del corazón. Algunos de los que trabajaban  en el local confirmaron que ambos, el portero y la bailarina, estaban unidos por una relación sentimental desde hacía muchos años. Del presunto autor de los homicidios afirmaron los que fueron testigos, que se trataba de un hombre de unos treinta años, cuya mirada extraviada indicaba claramente que estaba enajenado. La segunda llamada recibida en el departamento de homicidios fue para avisar de que  a la altura del puente del Milenio, un hombre de unos treinta años de edad se había suicidado descargándose un disparo en la sien con un revólver Magnum




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martes, 5 de enero de 2016

el avion de pasajeros



-El avión de pasajeros-        Cuento de Navidad
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Era una tarde fría, mucho más fría de lo que era habitual en aquella  comarca y en aquellas fechas tan emotivas y entrañables.

El día de Navidad ocurrió un fenómeno natural, que tan sólo los más mayores del lugar recordaban haber presenciado ya hacía mucho tiempo.

¡Había nevado! Y las copas de las palmeras se habían cubierto de un bonito color blanco, dando la sensación de que se trataba de un sombrero de color verde y blanco que les protegía del frío.Resultado de imagen de palmeras nevadas

Aquello duró poco, y ahora pasada ya la Nochevieja y comenzado un nuevo año, se aproximaba  la noche más esperada y deseada por los niños, en cuyos corazones alberga  la semilla de la esperanza y la ilusión.

Manolito era uno de esos niños, y también era uno de los muchos a los cuales en aquella época, se había olvidado de ellos la fortuna, y el destino les había sido especialmente ingrato.
Durante todo el año, todas las tardes al salir del colegio -al cual sus padres nunca iban a recoger, dado que su horario laboral no se los permitía-  Manolito camino de su casa pasaba ante un gran tienda de juguetes, frente a  cuyo escaparte se detenía  a mirar todos los que allí  se exponían, y que hacían las delicias de los niños que como él, avivaban  sus sueños e ilusiones  contemplándolos y  pensando cuál de ellos pedir a los Reyes Magos.
Aquella gélida tarde,  Manolito extasiado contemplaba el escaparate de la tienda de juguetes al tiempo que se frotaba sus manos desnudas y movía su frágil cuerpecito mal abrigado, intentando ahuyentar  el entumecimiento que se apoderaba  de sus miembros.
Había memorizado cada parte de aquel avión de pasajeros en miniatura labrado primorosamente en madera, que tanta veces había  visto y soñado a través de la vitrina, y que a él le parecía auténtico, dada la laboriosa y esmerada minuciosidad de su imitación, que lo convertía en una pieza de elaborada artesanía.

-Ese avión ya me lo he pedido yo, lo puedes mirar, pero que sepas que los Reyes me lo van  a traer a mí.

A la espalda de Manolito sonaron estas lapidarias y aplastantes palabras, pronunciadas por un niño de su misma edad, bien arropado en un abrigo nuevo y con la cabeza cubierta por una gorra de pana gris,
Manolito en su inocencia todavía virgen, e inconsciente de su propia realidad, defendió su legitimo derecho a la ilusión, argumentado y respondiendo al niño bien abrigado.

-Ese avión lo pedí yo a los Reyes el año pasado, y me dijeron que como ya estaba pedido, me lo traerían al año siguiente.

-Pues te han engañado, este año el avión me lo traerán a mí los Reyes – le contestó  con altiva suficiencia el niño del abrigo nuevo.

Manolito titubeó, al no saber como seguir defendiendo su derecho a aquel juguete que era la mayor ilusión que había tenido en su vida; ya el año anterior sus padres le convencieron para que se conformase con el balón de plástico, que los Reyes Magos habían tenido la generosidad de depositar en su zapatitos de suelas remendadas, que la noche mágica, con gran anhelo y esperanza Manolito había dejado en la ventana

“-Mira Manolito, como has sido un niño bueno los Reyes no te han traído carbón – le dijeron sus padres.
“Y el niño preguntó:
“-Si he sido bueno, ¿porqué no me han traído el avión que les pedí?
“A lo cual le respondieron:

“- El señor que construye los aviones es ya muy mayor, y  está el sólo para hacerlos, siendo una labor  muy difícil y  que requiere  mucho trabajo, de forma que tan  sólo puede fabricar  uno  cada año, por lo cual  el niño que  lo pida primero, será el que lo recibirá ese año – Y terminaron  diciéndole. – Si el año que viene te portas bien, será a ti  a quien traigan el avión.

Manolito era un inocente niño de seis años de edad, pero a pesar de la escasez que se cebaba en su entorno, no tenía un pelo de tonto; por lo que su tierna mente se vio asaltada ante la duda y la incertidumbre, al ver la seguridad con la que aquel niño alardeaba  se ser a él, al que tenían reservado el avión los Reyes aquel año. Por ello  se preguntaba a si mismo:
“¿Será posible que este año los Reyes Magos de nuevo lo lleven a otro niño, y yo me quede de nuevo sin el avión,  y sin mi sueño e  ilusión?”

Aquel año los  Reyes Magos dejaron en los zapatitos remendados de Manolito unas canicas de cristalesResultado de imagen de canicas de vidrio de colores, y una nota en la cual  el niño pudo leer:

“Querido Manolito, el  avión que nos pediste está agotado, si  te portas  bien y eres bueno, al  año que viene quizás podamos traértelo.”
                                                                    Melchor, Gaspar y Baltasar

El niño, ya acostumbrado y siendo consciente de la situación de precariedad de sus padres, observó las canicas  s con resignación, y cuando ya iba a arrojar la nota de los Reyes al cubo de la basura, observó que en ella aparecían como por arte de magia unas palabras que antes no estaban allí, y que brillaban  de forma fluorescente. Sorprendido y curioso las leyó:

PD.
“Manolito, si consigues conservar la ilusión y tienes fe en el futuro;  un día no muy lejano, aquello que más desees, en realidad convertido verás”

En aquel momento Manolito no acabó de comprender el significado de aquellas frases premonitorias, pero estás quedaron  marcadas en su mente, sirviéndole y ayudándole a lo largo de su vida, recordándolas cuando sus proyectos se torcían y la incertidumbre le asaltaba
 Con fe, esperanza e ilusión y, con el paso del tiempo, el niño se convirtió en un  excelente piloto de aviación, viendo  sus sueños hechos realidad, al tiempo que no olvidó sus orígenes, ni tampoco a aquellos  que como él,  nacen y transcurren su infancia en hogares a los cuales los Reyes Magos les resulta muy difícil el  acceder.
Y ahora, siempre al llegar las Navidades, convertido ya en el Comandante de vuelo don  Manuel, y pilotando las aeronaves más extraordinarias de la compañía aérea  Álebus, Manolito en  sus vuelos por todo el planeta, ejerce de mediador de sus Majestades y un primo lejano de éstos  llamado Papá Noel, intentando llevar  alegría y esperanza a aquellos que más la  necesitan, y convirtiendo en realidad sus sueños e ilusiones

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