miércoles, 1 de junio de 2016

El pozo de los olvidados- Primera parte- I Secretos de familia



El pozo de los olvidados       
                                        Primera parte
                                                        I
                       Secretos  de  familia  
                                                  
1989…  En un rincón del sureste español

El  joven  Edgard   acercó  la taza de té a sus labios, y  bebiendo en pequeños y pausados  sorbos, saboreó  la exquisitez  de aquella infusión que su madre le había servido  de  una  artesanal y antiquísima  tetera de acero herencia de varias generaciones, al tiempo que recordaba  las últimas palabras pronunciadas por su padre en el lecho de muerte.

“- Cuando viajes  a Londres, no dejes de aprovechar la oportunidad  de visitar el Museo Británico, allí si sabes buscar, encontraras una vitrina, en la que a buen recaudo se halla un  volumen de gran valor y, en cuyas tapas envejecidas por el paso del tiempo  hay grabados unos signos arábigos, que traducidos, puede leerse:
                                                               
                                                                     
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                   -Manuscrito de memorias  de  Yazu Ullah Al Zafra -

 “-Quizá tú puedas llegar a descifrar  los misterios que encierra, y  los cuales yo  tan sólo  pude  llegar a intuir y vislumbrar.”





 Aquellas palabras pronunciadas por Robert  Heins, profesor de Historia y  arqueólogo
de gran reputación, colaborador del diario londinense The Daily Mirror y de varias
revistas científicas, y  ex miembro de  la L.R.DG. ( Long Range  Desert Group ) en el Norte de África durante la Segunda Guerra Mundial,  en estado febril, y en sus últimos momentos de vida, habían despertado la curiosidad de Edgard, su único hijo, el cual,  al  comentarlas con su  madre, ésta accedió a satisfacer la curiosidad e interés  que las enigmáticas palabras habían avivado en la imaginación  del muchacho.


   Edgard tenía  el carácter inquieto de su padre, así como  su misma curiosidad y pasión por la investigación, y al  igual que él,  poseía  el espíritu nómada y aventurero que les convertía en  apasionados de lo oculto  y lo  desconocido.  Así, apenas cumplió   la mayoría de edad, abandonó los estudios y  la tutela paterna, para  continuando los pasos de su padre, lanzarse a la búsqueda de  paraísos  perdidos y quimeras soñadas, adoptando el seudónimo de ”Winston Chorver”, con el cual  firmaba su antecesor los reportajes y artículos que escribía para diversas revistas científicas y algunos importantes diarios. Ahora, convertido en un audaz y sagaz reportero y,  después de catorce años deambulando por los rincones más  ignotos  y peligrosos del planeta y, tras conocer la dualidad generosa y a la vez perversa de la naturaleza humana, había regresado  al hogar ante la inminente muerte de su progenitor.


 Habiendo cumplido con el deber moral,  y el deseo expreso de su padre en acompañarle  en sus últimos momentos de vida, y una vez ocurrido  el fatal desenlace,  tras llevar a cabo la voluntad del difunto de  ser  arrojadas sus cenizas al Mediterráneo, de nuevo se hallaba  ante la atenta y cariñosa mirada de su madre, en la intimidad de la reducida, pero confortable  salita, de la casita situada al borde del mar  en el Levante español, desde la cual,  dada su situación, se podían contemplar tanto la salida del Sol como las hermosas puestas del astro rey al decaer el día. Resultado de imagen de chalet  con puesta de sol en el mediterráneo a  Aquel era el lugar en el  cual habían  fijado los Heins su residencia años atrás, al decidir retirarse a disfrutar  de una dulce vejez .         

Virginia Heins se sirvió a sí misma una taza de de aquel excelente té, traído es profeso de un remoto lugar de la India, e inició el relato de los trágicos y fantásticos sucesos que treinta y cinco años atrás  concluyeron con el  nacimiento de un gran amor entre ella y  el  hombre que hasta su muerte había sido su compañero y amante  esposo, amor  que se había mantenido  palpitante hasta el último momento de la vida de éste, e incluso ahora seguía vivo en el corazón de Virginia.

- Tu padre como bien sabes, siempre desde muy joven,  sintió  una atrayente  fascinación hacía todo lo referente a la arqueología, y muy especialmente  los   misteriosos  que encierran y guardan   las civilizaciones antiguas…  -La  mujer inició vacilante el relato de los hechos que condujeron al hallazgo de aquel Libro, en extrañas circunstancias, que nunca fueron aclaradas, ni  reveladas a nadie- …Fue esa la razón que le impulsó apenas finalizar sus estudios   de arqueología en la Universidad  de  Cambridge,  ha solicitar la plaza de ayudante en una expedición dirigida por el  prestigioso profesor Retarc Darward,  a un lugar inexplorado del Alto Egipto y, en la cual   fue aceptado dado su excelente  expediente académico adquirido y su conocimiento de  lenguas antiguas y extintas, así como de diferentes dialectos orientales y signos y simbología de   los jeroglíficos egipcios… Amén de los buenos auspicios de Sir Winston, un pariente lejano, muy bien relacionado con los estamentos políticos y económicos que regían los intereses de Inglaterra en aquellos momentos.





 Virginia, era una mujer a la que sus cincuenta y seis años  de edad no habían mermado en nada  la belleza  y la lozanía de su rostro, cuyos ojos color avellana junto a su piel de un atractivo  tono canela y miel, y su largo cabello negro azabache, le proporcionaban todavía  una semblanza de la  seductora y natural belleza que en su juventud poseyó. Su apellido de soltera era Alebus y provenía de  su ascendencia  ibérica,    remontándose  a los tiempos inmemorables  en los cuales el río que recibía ese nombre puso fin  a la vida y conquistas de un gran guerrero púnico llamado Amílkar
 

A medida que  los recuerdos acudían a su memoria,  la mujer por cuyas venas corría sangre árabe fundida con  la noble hidalguía de la raza española, sintió  latente la  figura de aquel con quien había compartido vida, amor  y aventuras, siendo  la mayor  y más increíble de todas, aquella que iba a relatar, y  de la cual había  hecho mención su marido en los últimos instantes de su vida, como si expresase como última voluntad,  el deseo de legar a su hijo el secreto que durante más de  tres décadas  habían compartido el matrimonio. Con emoción contenida Virginia  prosiguió su relato.
                                                                                                                                 

 -Corría el año 1938, Europa se hallaba convulsa en un torbellino político, económico y social,  tenebrosas y apocalípticas  figuras cruzaban  los   cielos del Viejo Continente anunciando vientos de guerra y siendo portadoras de malignos presagios  plagados de fratricidios, de  miserias, de destrucción y de muerte  -Tras  sorber  de nuevo, un poco de té  acercando flemáticamente  la  taza  de cerámica andalusí  a sus labios, Virginia suspiró profundamente  como si intentase que aquello que iba a revelar y compartir con  su hijo, se desprendiese definitivamente  de su alma al hacerlo-. Tu padre contaba en aquel momento  veinte años de edad, y tanto su mente como su cuerpo se hallaban  ansiosos de conocimiento y aventuras. La expedición contaba con el patrocinio de la Real Sociedad Geográfica, la cual dispuso que  una vez arribase  la misma a las míticas  fuentes de Nilo abrían  de remontar  el curso del río, aquel al que llamaban Iteru en la antigua lengua egipcia, siendo el destino final de la expedición un lugar entre a la cuarta  y la sexta catarata  del Nilo, lugar donde un día estuvo asentado  el Reino de Kush, tierra de  leyendas, desiertos y oro, y punto aproximado en el cual el profesor Darward había de iniciar sus investigaciones.
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Edgard no pudo reprimir su extrañeza ante las revelaciones que su madre le hacía acerca de aquella  expedición,  al parecer tan extraordinaria, en la que su padre había tomado parte, y de la cual hasta aquel momento había él permanecido en la más absoluta ignorancia.

-Pero mamá una expedición de semejante  envergadura tuvo que dejar una huella importante reflejada en los anales de Real Sociedad Geográfica  ¿Cómo es posible qué yo no haya sabido de ella hasta ahora? ¿Y qué relación guarda con el Manuscrito?
                                                                                                                                  

Virginia dejó la taza de té sobre la mesita que separaba a su hijo de ella, y cogiendo suavemente las manos de éste, le miró  fijamente a los ojos.

 -Edgard, nunca imaginé que  tendría que  tratar de explicarte lo que vas a escuchar de mis labios…  es un secreto que durante treinta y cinco años  guardemos tu padre y yo.  El carácter fantástico y extraño  que rodearon  los hechos que te voy a relatar, y los cuales convivimos ambos, nos inclinaron a conservar y no revelar a nadie todo aquello que vivimos y experimentemos…  no alcanzo a comprender el porqué tu padre en el último momento decidió hacerte tal revelación… Pero si era ésa  su voluntad. - Tras un suave suspiro, la mujer concluyó en tono imperativo-. Ahora te ruego escuches  esta historia desde el principio hasta el final de la misma,  y   por increíble y fantástico que te parezca aquello que oigas, no me interrumpas hasta finalizar todo aquello que  voy a contar y, que quizá te ayude a comprender la razón por la cual nunca escuchaste hablar de dicha expedición, ni  tampoco del Manuscrito de Yazu Ullah Al Zafra.
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martes, 31 de mayo de 2016

El pozo de los olvidados - Manuscrito de Yasu Ullah Al Zafra




Manuscrito de  Yazu Ullah  Al Zafra


Año 643 de la Hégira  --- Año 1244 de la era cristiana

 Resultado de imagen de laboratorio de alquimia árabeTras  cinco años  en Egipto, conviviendo con sacerdotes coptos, herederos y  poseedores  desde  tiempos  ancestrales de los herméticos secretos de  las magias  más poderosa de las ciencias ocultas, poseedores de las  ciencias de la  medicina que cura el cuerpo y el alma, y celosos  guardianes de  los secretos  que dan acceso a la vida después de la muerte; regreso en momentos oscuros y decadentes,  a la tierra en la que siempre  vivieron  los antepasados de mis antepasados

Después de un largo asedio, y tras incruentos y duros enfrentamientos que quebrantaron la resistencia y el espíritu de  los habitantes de la ciudad, Las huestes  infieles del infante  Juan Manuel han conseguido  penetrar en la Vila murada. Era la voluntad de  Allah que fuésemos sometidos por  los cristianos,  y en lo sucesivo, que  a  un rey castellano y sus caballeros, debiésemos   rendir pleitesía y servidumbre.
 A partir de este día la codicia e intransigencia del invasor infiel no tuvo límites.
 

Transcurridos veinte años de  constantes humillaciones  e ignominias sin fin, en el año  cristiano de 1265, el  espíritu  del profeta proporcionó  la fuerza y el estimulo  a sus seguidores  para rebelarse contra la tiranía  insufrible del bárbaro invasor.

La rebelión fue impulsiva y efervescente, la desesperanza y la desesperación, acompañaban a la fe verdadera que nunca dejo de latir   en el corazón de aquellos que fueron elegidos por el Misericordioso  Allah     
  El bastión representado por el baluarte imponente del castillo,

Resultado de imagen de Castill de altamira torre de la señoria sirvió de refugio a aquellos infieles que pudieron eludir la justa ira acumulada de los oprimidos, ira provocada  por  los desmanes e injusticias de sus opresores; el odio hacía ellos  acumulado en el ánimo  de los sometidos y verdaderos dueños de aquel lugar,  se transformó  en furia y rabia, que les impulsó y dio fuerzas para luchar por la libertad. 

                                                                                   
Pero estaba escrito en El Libro,  que aquel no  fuese el momento para  recuperar la libertad  los creyentes en  Allah. Y como una tormenta de arena, cayó  sobre  aquellos que se atrevieron a enfrentarse a los déspotas tiranos, un ejército  venido del Norte, liderado por su rey Jaime I, poseedor de un arma llamada  trabuque, letal y terrorífica Resultado de imagen de CASTILLOS ATACADOS POR JAIME I EL CONQUISTADOR




Vencidos  y traicionados, de nuevo, fuimos  expulsados  de  la zona amurallada, y obligados a habitar en  una lugar cercano a las laderas del  río, allí,  tan lejos de nuestros hogares como la distancia que recorre un tiro de arcabuz; allí construimos con nuestras manos y esfuerzo un  nuevo lugar donde morar, formando un conjunto de casas agrupadas en estrechas calles, intentando aprovechar cada palmo de tierra, y al tiempo protegernos con la sombra de sus muros  del sol inclemente  de los largos y rigurosos  veranos meridionales. El lugar recibió el nombre de   El Arrabal morisco

 Las arbitrariedades, abusos e intolerancia de los infieles continuaron hostigándonos y  obligándonos  a buscar la forma de escapar  de las represiones a las que  se nos sometía permanentemente… Así comenzamos a excavar  bajo  nuestros  nuevos hogares, sótanos y subterráneos  con los que  comunicábamos casa por casa, creando una red de túneles laberíntica  e inmensa,  en cuyos intrínsecos pasadizos  cualquier alma podía perderse para siempre.

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Trunquemos las almenas y atalayas  por  tortuosos e inaccesibles  refugios de catacumba Aquí amparado por los recovecos, oscuros y tortuosos  pasadizos  subterráneos, de  la incomprensión e intolerancia de los inquisidores cristianos, busquemos  la  manera de proteger nuestras tradiciones  y conservar la práctica de nuestras costumbres y  religión en las profundas grutas excavadas con nuestras manos y movidos por nuestra fe en Allah  El Misericordioso. 

Fue en este tiempo que la impotencia  y la confusión,  incitaron a la rebeldía de mi  mente y mi  espíritu, contra  el intolerante opresor, y aplicando los  conocimientos transmitidos por los coptos, -los cuales a su vez les habían sido trasmitidos por los últimos sacerdotes de los templos egipcios-, me impuse  la tarea de la búsqueda de  de  la piedra filosofal y el elixir de la eterna juventud, y  sobre todo perseveré en  la misión más importante, hallar  el origen estelar de la vida y de la inmortalidad, mediante rituales que activarían  mecanismos los  cuales habrían de mostrarnos  la Luz inmortal   

Todo ello hallemos  y nos  fue dado por la gracia de Allah  El magnánimo.Y entonces esperamos  aguardando el momento  oportuno.

Pero ocurrió que sucedió, algo que todos temíamos y que hasta ese momento nadie quería creer, Nuestro destino  quedó marcado   el fatídico otoño del  año 1609
En éste tiempo fue la voluntad de Allah El  muy generoso,  que Jadiya  una muchacha  omeya, de ojos hermosos y seductores,Resultado de imagen de muchacha musulmana joven observada por árabe viejo embrujase mi corazón, no hallando antídoto que me liberase de tan dulce hechizo (ni deseo, por mi parte de ser liberado de él); pero de nada sirvieron mis poderes para atraer hacía mí el amor de Jadiya, pues ésta entregó sus sentimientos a un caballero cristiano llamado Alfonso De Sierrafértil.
 Un  fatídico día se hizo  público un edicto  en el cual por orden del rey Felipe III se decretaba que  todos los hombres, mujeres y niños moriscos sin excepción,  habían de abandonar sus hogares y  la tierra que fue de sus antepasados desde tiempo inmemorial, so pena de muerte si no lo hacían.

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 El joven  Alfonso  De  Sierrafértil, enamorado de Jadiya, emprendió un viaje desesperado a la corte,  con la esperanza de conseguir del rey, un indulto para  su amada, que le permitiese retenerla  a su  lado;  al cruzar  el río, crecido por lluvias torrenciales, él y su caballo  perecieron   ahogados. Jadiya la bella, rota por el dolor ingirió un brebaje  que había sido producido por mí mismo, y murió.

Poseyendo  la facultad de conocer el  Pasado y el Futuro, así como la de preservar el espíritu y el alma a la espera de la Luz estelar de la inmortalidad,  no fui capaz de prever la reacción  desesperada y suicida de Jadiya, a pesar de ser  una de las enseñanzas aprendidas de los coptos el conocer la naturaleza humana así como su  comportamiento y la imprevisibilidad de sus acciones

       Desde entonces mi espíritu no tiene paz ni reposo, pues mi culpa fue no poseer el don de doblegar el destino, y también fue mi culpa la de  no poder ofrecer la esperanza de la Luz estelar a Jadiya, permitiéndole  obtener la inmortalidad y la vida eterna, pues éstas  tan sólo  pueden ser alcanzadas por  aquellos que al encontrarse con  La Luz son inocentes y puros de corazón y espíritu,  y han  acrecentado el talento interior obtenido al nacer restituyéndolo potenciado cuando llegue el momento de recibir el Rayo Divino. Y por supuesto  no han caído en la flaqueza del  suicidio.
 
 Y  como toda acción tiene su reacción,  al conocerse los hechos que provocaron la muerte del caballero Alfonso De Sierrafétil, los  cristianos viejos relacionaron las muertes de los enamorados, y señalaron al brujo moro  Yasu Ullah  Al Zafra como responsable de la tragedia, y  resolvieron decretar como castigo,  que junto con él, diez parejas de moriscos de ambos sexos, habrían de morir enterrados en vida.
 
Ahora enterrado en vida con veinte inocentes, puros de mente y espíritu,  todos ellos  protegidos con mis poderes,  aguardamos  en esta cabila de los olvidados, el día en  que  se  abran las puertas del más allá, llegue La Luz, y recibamos  el rayo divino que nos  funda con  el  Cosmos infinito…


                                                          
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domingo, 6 de marzo de 2016

LA LUZ DE LA ESPERANZA





                                   -LA LUZ  DE LA ESPERANZA-


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Un prolongado y agudo silbido avisó de la puesta en marcha de la locomotora, iniciando así la esperada peregrinación al corazón de la esperanza y a la mística gruta de los milagros, lugar donde la  fe  y el derecho a creer adquieren su máxima expresión y tienen su razón de ser…

En uno de aquellos once vagones que componían  el llamado “tren de la esperanza”, viajaba el señor Pepe, militar retirado. Acompañaba a su único hijo, fruto de un matrimonio tardío, era éste un muchacho de unos veinte años, tetrapléjico  y con parálisis cerebral absoluta congénita, cuyo aspecto inspiraba compasión a todos cuantos con él se cruzaban.

El señor Pepe habíase criado y educado  en un ambiente de estricta religiosidad, en el cual la fe que profesaban era respetada e inculcada tanto en el seno del hogar como en el entorno social, siendo el Dios al que adoraban, considerado  como  un ser omnipotente, omnisciente omnipresente y a la vez invisible. Y además  de todo ello, también se le atribuían los dones  de la providencia y la misericordia infinitas.

Desde muy niño y amparándose en la sinceridad  que  la inocencia concede a esa edad, el señor Pepe cometió graves  pecados capitales de  Pereza y Soberbia,  al dudar de aquello que no podía verse y que todo lo podía , todo lo sabía, y además podía estar a un mismo tiempo en todas partes.

A medida que fue haciéndose mayor, sus dudas aumentaron  al tiempo que aumentaban  sus capacidades de raciocinio y de discernimiento; llegando  su pensamiento analítico a la conclusión lógica de  que las religiones estaban basadas en un tremendo y gran  sin sentido, y declarando a los cuatro vientos su incredulidad y escepticismo religioso.

 Desde muy joven sintió la llamada de la milicia,  a la cual  se entregó en cuerpo y alma  realizando una labor destacada en las campañas  de África, y siendo testigo de excepción y uno de los pocos supervivientes del conocido como “desastre de ANNUAL”, donde por su valor le fue concedida la medalla al sufrimiento.
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 Dadas las obligaciones que le exigían su pertenencia al ejército, apenas si tuvo ocasión de  relacionarse más que con otros que al igual que él eran  militares, no teniendo más conocimiento del género femenino que el que muy esporádicamente  surgía en alguna fugaz visita a los burdeles próximos a los cuarteles.  Tan sólo cuando  cumplidos los cuarenta, fue licenciado debido a las secuelas de una vieja herida de guerra, pudo conocer y entablar una breve relación con  una mujer de su misma edad, y  con la cual a las pocas semanas de haberse conocido, se  desposó en primeras nupcias. A los nueve meses nacía fruto de su matrimonio un hijo salpicado por el estigma de una maligna degeneración psíquica y  física, al tiempo que la madre fallecía en el transcurso del parto. Familiares y conocidos le recriminaron al señor Pepe su irreverente falta de fe religiosa, culpándole  a él, del castigo divino que en forma de maldición y condena había recaído sobre su vástago y sobre su esposa.

No permitiendo que el fanatismo y la depresión hiciesen mella en su espíritu y le hundiesen en el  pesimismo y la culpabilidad, el señor Pepe recurrió a la ciencia médica esperando encontrar remedio al mal que padecía su hijo. Pero la medicina tradicional tan sólo pudo ofrecerle un diagnóstico de desahucio físico irreversible, al declararse incapaz de dar solución a su mal.

No resignándose a ver condenada de por vida a la inocente criatura, su amor de padre le impulsó a buscar el remedio a la incapacidad de su hijo, en las  ciencias ocultas en posesión de curanderos y sanadores. Viajó hasta lugares remotos y se  internó en aquellos donde antiguas civilizaciones perdidas dejaron códigos escritos  en  jeroglíficos, y mensajes  ocultos en complejos anagramas criptográficos, que supuestamente encerraban  fórmulas quiméricas, y poderosas pócimas mágicas capases  de alargar la vida y curar lo incurable.

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Pero allá adonde quiera que fuera, sólo halló estafadores y vendedores de humo los cuales tan  solamente ofrecían falsas y vanas  esperanzas.

Hundido en la desesperación y la impotencia, el agnóstico  convencido volvió su mirada a los misterios y dogmas de la religión de sus  mayores. Y ahora arribados ya, a la mítica gruta y, ante el áurea ascética de la marmórea y adorada imagen, que  iluminada con la nitidez diáfana de infinidad de velones y cirios es adorada por cientos de fieles, enfermos y acompañantes;  el señor Pepe se siente sobrecogido e impresionado  por la espiritualidad y la fe ciega y  resignada que allí se respira.

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Así, bajo una pertinaz e imperturbable  llovizna, el padre y penitente arrepentido,  se postra  e invoca  en silencio a aquella fría estatua de mármol  -cuya  mirada  indiferente se pierde en la multitud de  los allí congregados-, suplicándole fervientemente  que contemple el lastimoso estado en que se halla  su tullido hijo. Le implora y le ruega  la panacea que la ciencia y la nigromancia han sido incapaces de  ofrecerle. Demanda un rayo de Luz y Esperanza, un milagro, un gesto de misericordia que conceda aquel inocente, cuyo único delito fue nacer,  y que se halla junto a él  condenado y  reducido en una silla de ruedas, el derecho a  poder vivir  una vida digna, a la que todo ser humano tiene derecho.Resultado de imagen de DE RODILLAS ANTE EL MILAGRO DIBUJO

Mientras tanto, a la plaza siguen llegando sin cesar más y más peregrinos y enfermos, unos son conducidos en sillas de ruedas, otros se arrastran ayudados y apoyándose en muletas;  les acompañan familiares y amigos, todos ellos al igual que el  señor Pepe y su hijo, buscan en aquel lugar de recogimiento espiritual, una señal que les ofrezca una esperanza del mismo Dios que implacable en sus designios divinos, ha permitido la ruina física en que se hallan. Todos buscan un gesto de piedad y misericordia por parte de aquel ser Supremo.

El señor Pepe, militar jubilado, condecorado con la medalla al  valor en combate, hombre de hondas convicciones morales  y deductivas, y padre  desesperado -que no resignado- ante la anomalía congénita de su hijo, medita en profundo y silencioso recogimiento, y en lo más recóndito de su ser,  es consciente del comportamiento de todos aquellos enfermos y desahuciados  que llamaron a las puertas de las ciencias cultas y también a las ocultas, y al no obtener contestación,  miran ahora  al  cielo esperando hallar en él la respuesta y la solución a sus aflicciones.

Y ahora, al contemplar  aquella ingente muchedumbre implorante y suplicante, comprende la verdadera dimensión del drama colectivo que al igual que a su hijo, afecta a millones de seres humanos, y reflexiona acerca del inmenso esfuerzo que ha de representar – por muy omnipotente que sea el Dios invocado- salvarlos y sanarlos a todos.

Llegado a éste extremo, en lo más profundo de su corazón, y al tiempo que las lágrimas corren por su rostro, el viejo rebelde, luchador y agnóstico, ruega con todas sus fuerzas para que esa gracia divina por la que claman todos los que allí han acudido, tenga a bien recaer  en aquel ser desvalido, dependiente y vulnerable que es su único  hijo.
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  Deus caritas est   
    Dios es Amor