Manuscrito
de Yazu Ullah Al Zafra
Año 643 de la Hégira --- Año 1244 de la era cristiana
Después de un largo asedio, y tras incruentos y
duros enfrentamientos que quebrantaron la resistencia y el espíritu de los habitantes de la ciudad, Las huestes infieles del infante Juan Manuel han conseguido penetrar en la Vila murada. Era la voluntad
de Allah que fuésemos sometidos por los cristianos, y en lo sucesivo, que a un
rey castellano y sus caballeros, debiésemos
rendir pleitesía y servidumbre.
A partir de este día la codicia e
intransigencia del invasor infiel no tuvo límites.
Transcurridos veinte años de constantes humillaciones e ignominias sin fin, en el año cristiano de 1265, el espíritu
del profeta proporcionó la fuerza
y el estimulo a sus seguidores para rebelarse contra la tiranía insufrible del bárbaro invasor.
La rebelión fue impulsiva y efervescente, la
desesperanza y la desesperación, acompañaban a la fe verdadera que nunca dejo
de latir en el corazón de aquellos que
fueron elegidos por el Misericordioso Allah
El bastión representado por el baluarte imponente
del castillo,
sirvió de refugio a aquellos infieles que pudieron eludir la
justa ira acumulada de los oprimidos, ira provocada por los
desmanes e injusticias de sus opresores; el odio hacía ellos acumulado en el ánimo de los sometidos y verdaderos dueños de aquel
lugar, se transformó en furia y rabia, que les impulsó y dio
fuerzas para luchar por la libertad.
Pero estaba escrito en El Libro, que aquel no
fuese el momento para recuperar
la libertad los creyentes en Allah. Y como una tormenta de arena,
cayó sobre aquellos que se atrevieron a enfrentarse a
los déspotas tiranos, un ejército venido
del Norte, liderado por su rey Jaime I, poseedor de un arma llamada trabuque, letal y terrorífica
Vencidos y
traicionados, de nuevo, fuimos
expulsados de la zona amurallada, y obligados a habitar
en una lugar cercano a las laderas
del río, allí, tan lejos de nuestros hogares como la
distancia que recorre un tiro de arcabuz; allí construimos con nuestras manos y
esfuerzo un nuevo lugar donde morar,
formando un conjunto de casas agrupadas en estrechas calles, intentando
aprovechar cada palmo de tierra, y al tiempo protegernos con la sombra de sus
muros del sol inclemente de los largos y rigurosos veranos meridionales. El lugar
recibió el nombre de El Arrabal morisco
Las
arbitrariedades, abusos e intolerancia de los infieles continuaron
hostigándonos y obligándonos a buscar la forma de escapar de las represiones a las que se nos sometía permanentemente… Así comenzamos
a excavar bajo nuestros nuevos hogares, sótanos y subterráneos con los que comunicábamos casa por casa, creando una red
de túneles laberíntica e inmensa, en cuyos intrínsecos pasadizos cualquier alma podía perderse para siempre.
Trunquemos las almenas y atalayas por
tortuosos e inaccesibles refugios
de catacumba Aquí amparado por los recovecos, oscuros y tortuosos pasadizos
subterráneos, de la incomprensión
e intolerancia de los inquisidores cristianos, busquemos la
manera de proteger nuestras tradiciones
y conservar la práctica de nuestras costumbres y religión en las profundas grutas excavadas
con nuestras manos y movidos por nuestra fe en Allah El Misericordioso.
Fue en este tiempo que la impotencia y la confusión, incitaron a la rebeldía de mi mente y mi
espíritu, contra el intolerante
opresor, y aplicando los conocimientos
transmitidos por los coptos, -los cuales a su vez les habían sido trasmitidos
por los últimos sacerdotes de los templos egipcios-, me impuse la tarea de la búsqueda de de la
piedra filosofal y el elixir de la eterna juventud, y sobre todo perseveré en la misión más importante, hallar el origen estelar de la vida y de la
inmortalidad, mediante rituales que activarían
mecanismos los cuales habrían de mostrarnos la Luz inmortal
Todo ello hallemos
y nos fue dado por la gracia de
Allah El magnánimo.Y entonces esperamos aguardando el momento oportuno.
Pero ocurrió que sucedió, algo que todos temíamos y
que hasta ese momento nadie quería creer, Nuestro destino quedó marcado el fatídico otoño del año 1609
En éste tiempo fue la voluntad de Allah El muy generoso,
que Jadiya una muchacha
omeya, de ojos hermosos y seductores,
embrujase mi corazón, no hallando
antídoto que me liberase de tan dulce hechizo (ni deseo, por mi parte de ser
liberado de él); pero de nada sirvieron mis poderes para atraer hacía mí el
amor de Jadiya, pues ésta entregó sus sentimientos a un
caballero cristiano llamado Alfonso De Sierrafértil.
Un fatídico día se hizo público un edicto en el cual por orden del rey Felipe III se
decretaba que todos los hombres, mujeres
y niños moriscos sin excepción, habían
de abandonar sus hogares y la tierra que
fue de sus antepasados desde tiempo inmemorial, so pena de muerte si no lo
hacían.
El joven Alfonso
De Sierrafértil, enamorado de
Jadiya, emprendió un viaje desesperado a la corte, con la esperanza de conseguir del rey, un
indulto para su amada, que le permitiese
retenerla a su lado;
al cruzar el río, crecido por
lluvias torrenciales, él y su caballo
perecieron ahogados. Jadiya la
bella, rota por el dolor ingirió un brebaje
que había sido producido por mí mismo, y murió.
Poseyendo la
facultad de conocer el Pasado y el
Futuro, así como la de preservar el espíritu y el alma a la espera de la Luz estelar de la
inmortalidad, no fui capaz de prever la
reacción desesperada y suicida de
Jadiya, a pesar de ser una de las
enseñanzas aprendidas de los coptos el conocer la naturaleza humana así como su comportamiento y la imprevisibilidad de sus
acciones
Desde
entonces mi espíritu no tiene paz ni reposo, pues mi culpa fue no poseer el don
de doblegar el destino, y también fue mi culpa la de no poder ofrecer la esperanza de la Luz estelar a Jadiya,
permitiéndole obtener la inmortalidad y
la vida eterna, pues éstas tan sólo
pueden ser alcanzadas por
aquellos que al encontrarse con La Luz son inocentes y puros de corazón y
espíritu, y han acrecentado el talento interior obtenido al
nacer restituyéndolo potenciado cuando llegue el momento de recibir el Rayo Divino.
Y por supuesto no han caído en la
flaqueza del suicidio.
Y como toda acción tiene su reacción, al conocerse los hechos que provocaron la
muerte del caballero Alfonso De Sierrafétil, los cristianos viejos relacionaron las muertes de
los enamorados, y señalaron al brujo moro
Yasu Ullah Al Zafra como
responsable de la tragedia, y resolvieron
decretar como castigo, que junto con él,
diez parejas de moriscos de ambos sexos, habrían de morir enterrados en vida.
Ahora enterrado en vida con veinte inocentes, puros
de mente y espíritu, todos ellos protegidos con mis poderes, aguardamos
en esta cabila de los olvidados, el día en que se abran las puertas del más allá, llegue La Luz, y recibamos el rayo divino que nos funda con
el Cosmos infinito…

No hay comentarios:
Publicar un comentario