III
TIEMPO DE ESPERANZA, TIEMPO DE AMOR
El reloj marcaba la una de la madrugada
cuando Virginia Heins estuvo tentada por dejar para el día siguiente lo que faltaba por contar de la historia, pero
dado que su hijo Edgar se hallaba
fascinando con las aventuras y vicisitudes vividas por su padre , así como por la
extraña y frustrada expedición y por aquello tan trascendente que ésta buscaba, decidió continuar el relato.
“-Cuando a
principios de 1943 el Norte de África quedo libre de las fuerzas del Eje, Heins continuó realizando operaciones con el L.R.D.G. En principio en el mar
Egeo, y más tarde en Italia, para continuar en Normandía, desde
donde estando siempre en la primera
línea de combate, llegó hasta el mismo corazón de un Berlín devastado, tras
combates y escaramuzas encarnecidas con los últimos resquicios del ejército
hitleriano.
“-Muchas
desgarradores imágenes de aquella
cruenta guerra quedaron grabadas en su memoria, pero las más
duras y crueles, y aquellas que durante toda su vida le asaltaron en sus
pesadillas, no fueron las de los combates y la muerte sembrada por estos, sino
las de los miles de cadáveres amontonados, así como de los hombres y mujeres de
todas las edades , incluido niños,
que como muertos en vida, vagando
sin rumbo se hallaban en los
tenebrosos campos de internamiento nazis.
Nunca imaginó encontrar en
aquellos campos de exterminio que el régimen nazi tenía
distribuidos en varios de los países de Centroeuropa, la sordidez y bajeza a la cual se había rebajado el ser humano, al
causar tanto dolor y desgracia a otro ser humano. Aquellos campos de la muerte
y el horror, hubieron de ser liberados,
unos luchando, y otros colaborando en dar un soplo de vida y
esperanza a aquellos que ya la creían pérdida. Libertad, vida y esperanza por la cual muchos
hombres, al igual que él, habían luchado durante seis largos años, dejando en el camino sus esperanzas, sus
sueños y vidas.
“- Al
acabar la guerra, Heins se licenció
con honores, para tras un breve periodo
de tiempo en Londres, inmediatamente viajar de nuevo hasta Egipto, donde ejerció
de corresponsal del The Daily
Mirror, trabajo que alternaba, y en ocasiones
vinculaba con su labor como guía de turistas curiosos por visitar las
pirámides; su pasión de arqueólogo y amante del arte y la Historia, le continuaba manteniendo interesado por la búsqueda de la quimérica Luz,
creciendo hasta el punto de convertirse en una obsesión para él, inquietud y pasión que encauzó escribiendo sobre éste y otros
fenómenos misteriosos que envuelven el pasado de Egipto. Publicó en artículos para revistas
especializadas en arqueología, lo cual le proporcionó fama, e incondicionales admiradores… y detractores que
le tachaban de visionario y pseudocientífico.
“-En 1954, con
treinta y seis años de edad y en plena madurez, con todo el bagaje de
experiencias y vivencias que le habían proporcionado todos aquellos años desde
que partió de Londres siendo un joven lleno de vigor e ilusiones, Heins se
encontraba en El Cairo de regreso del
desierto blanco, donde tras unas pistas del
Ankh, de nuevo había investigado
inútilmente, algún indicio de la buscada y esquiva Luz del Cosmos.
“-Aquella mañana el Sol de Atón se hallaba
casi en su cenit , cuando la joven Virginia Alebus se encontraba en el gran bazar Khan el Khalili, del zoco de El Cairo,
paseando por su innumerables y estrechas callejuelas
repletas de tenderetes, y observando y
admirando al ingente cantidad de
artículos exóticos y curiosos que allí había,
cuando de repente un tremendo tumulto
surgió de unos de los callejones del zoco, un grupo de musulmanes con diferentes
interpretaciones del mensaje que Alá
había transmitido a su profeta Mahoma,
se habían enzarzado en un batalla campal arrollando a su paso tiendas,
tenderetes y a cuantos transeúntes hallaban a su paso.
Virginia
asustada se sintió atrapada ante aquel
torbellino humano que se aproximaba hacía ella, y cuando el tumulto ya se le
echaba encima, sintió que
alguien le sujetaba de la mano, y atrayéndola hacía él la sacaba de allí.
-¡Uf! ¡Que poco ha faltado, para que
me arrollasen! Tengo que darle las gracias ¿señor…?
-Robert
Heins, es mi nombre, señorita; y no
tiene que agradecerme nada, ha sido un placer poder ayudarla. Supongo que no
estaría usted sola, éste no es precisamente un lugar muy recomendable para una
que señorita europea pasee sin compañía.
-No se preocupe
por eso señor Heins, estoy lo suficientemente
capacitada para no tener que depender de nadie. Pero sirva para
tranquilizarle, que mi padre me
acompañaba cuando se inició esta algarabía – Fue la respuesta un tanto altiva
de Virginia al haber sentido herido su orgullo y amor propio con el comentario de Heins.
- Así fue como
nos conocimos tu padre y yo -No pudo evitar Virginia comentar, interrumpiendo su relato, para
reponiéndose la emoción, retornar al mismo”
""Aquel día
Virginia y Heisn nos se separaron.
Consiguieron encontrar a su padre y
Virginia relató cómo durante la guerra en España, ambos se habían
refugiado en Inglaterra, su
progenitor era un importante miembro de la Logia masónica de
Los caballeros del Gran Oriente, y al ser prohibida y perseguida
ésta por el bando nacional, tuvieron que
huir del país. Finalizada la contienda
su padre regresó a España introducido por el M16, el servicio de inteligencia
inglés, para el cual recabó información esencial sobre las relaciones entre Madrid
y Berlín en esa época. Mientras tanto
ella cursaba estudios de Historia de las Civilizaciones Antiguas en una de las
mejores Universidades de Gran Bretaña, y que precisamente era la de Harvard, donde Heins se había licenciado dieciséis años
atrás.
"Virginia contaba
entonces veintiún años de edad, lo cual hacía que viese en Heins a alguien cuya diferencia en años y experiencia le resultaba
sumamente interesante. Por su parte
Heins quedó inmediatamente prendado por
los ojos morunos de Virginia, así como la extraordinaria inteligencia de la
joven.
"Hallándose ambos
alojados en el Hotel Faraón, y habiendo presentando Virginia a su padre Don Rogelio Alebus de
Acudia, al profesor y arqueólogo Robert Heins, Don
Rogelio se mostró muy interesado al conocer el amplio historial que avalaban al
mismo como amplio conocedor del Nilo y su
mares de arena, oasis y misterios que rodeaban a los monumentos funerarios
de los faraones egipcios; Don Rogelio
invitó a Heins a cenar aquella noche. Durante la velada el
padre de Virginia le habló de su pasión y conocimientos acerca de los secretos
que encerraban aquellos templos y
aquellas enormes moles funerarias, e
hizo gala de sus tremenda curiosidad por todo aquello que hacía referencia a fantasías y
relatos que hablaban de secretos ocultos en dichos templos y que los
dioses del Egipto
faraónico habían depositado allí en tiempos pretéritos, haciendo numerosas
preguntas a Heins al respecto, y
haciendo referencia a su relación con el templo de Salomón,
y los templarios así como de las incógnitas respecto a las riquezas y cnocimientos que estos últimos trajeron a Europa, y a su vez la
influencia que la Orden del Temple tuvo en la creación y la filosofía de las sociedades herméticas, a unaa de las cuales él
mismo pertenecía , la de los masones de Oriente, cargada de simbología y signos.adoptados de la mitologia del Antiguo Egipto
-Pues a decir
verdad, no mucho, Sir, Winston, el hermano de mi madre, pertenecía a la logia del rito escocés, pero nunca tuve
ocasión hablar con él al respecto, respondió Heins.
-¡Libertad
individual, y enseñar a merecerla y conservarla!, ¡Promover igualdad y
fraternidad!, ¡Difundir virtudes, generosidad, fidelidad y perseverancia! Estos
serían los pilares en los cuales se asientan nuestros pensamientos y cometidos
en esta vida.
Al expresar los
principios de la logia a la que pertenecía, Don Rogelio hablaba con vehemencia
y entusiasmo.
-Sentimientos y
deseos profundos y loables todos ellos, Don Rogelio –admitía Heins-, lo que no
acierto a comprender es porque se empeñan en permanecer cerrados y como una sociedad secreta
a aquellos que no les conocen, utilizando signos y símbolos que sólo ustedes
saben interpretar.
-Usted Mister
Heins como estudiosos e investigador de los secretos del Antiguo Egipto, de los
misterios de Osiris, de los contenidos
de El Libro de los Muertos y demás extraños fenómenos que a buen seguro habrá
hallado a lo largo de sus muchos años en estos lugares, debería de saber mejor
que nadie, que siempre han existido cosas que conocemos, y otras muchas que
desconocemos, que no pueden ser reveladas, ni caer en manos de cualquiera que
pudiera hacer mal uso de ellas, pues podría acarrear consecuencias catastróficas
para toda la Humanidad.
-Sí, eso es
cierto señor -musitó Heins, al tiempo que recordaba, sin mencionarlo, los
trágicos sucesos de Gebel Bakal, en Nubia, el hundimiento de El Laberinto con
todos sus secretos, y el comportamiento del falso agente del Foreing Office,
así como la muerte del profesor Darward, y Serps el cazador, y como no, los
seis horribles años del mundo en
guerra vividos-. Sí, Don Rogelio,
sin duda existe fuerzas en el Universo que de ninguna manera debería estar
permitido conocer, y mucho menos poder ser utilizadas por los hombres.
Durante el transcurso de la velada hubo un
hecho que llamó poderosamente la atención de Heins, éste fue el anillo de oro
que portaba el erudito anfitrión en una de sus manos, la cual agitaba continuamente al hablar.
Al preguntar
Heins, por la procedencia de la joya, Don Rogelio le rebeló como desde tiempos muy remotos, existía en el lugar de donde
procedían una leyenda, la cual hablaba de
unas fuerzas poderosas y misteriosas que salvaguardaban a unos jóvenes bereberes enterrados en los subterráneos de
los arrabales morunos del pueblo, la leyenda contaba que
aguardaban la llegada de una Luz
que había de otorgarles la salvación eterna; allí, en muchos puntos de aquelllos arrabales morunos, era posible
encontrar aquel símbolo o amuleto, de al
parecer procedencia egipcia,
símbolo que la logia masónica a la cual Don
Rogelio pertenecía, había adoptado como distintivo. El anillo portaba el
símbolo del Ankh que en tantas ocasiones Heins había visto en su búsqueda de
La Luz
Ahora Don
Rogelio Alebus de Acudia y su hija, residían en aquella pequeña población en el sureste español,
concretamente en la provincia de Alicante, remontándose sus orígenes y abolengo
a tiempos en los cuales los árabes todavía convivían con los cristianos, e incluso mucho tiempo atrás, y antes que los
primeros comerciantes del Mediterráneo hiciesen su aparición por aquellos
lugares.
Don Rogelio ejercía como representante de una
importante empresa de botas de caucho, lo cual permitía viajar constantemente a
la capital del estado y las distintitas regiones que componen el país.
Era Don
Rogelio por aquel entonces un hombre
apasionado e idealista - ¡sabiduría, fuerza, y
belleza! Son los pilares de
sustentan nuestra comunidad masónica-, solía repetir, a pesar del duro revés que sus ideales de
libertad, igualdad y fraternidad y su
ideario liberal habían sufrido
tras el triunfo de los nacionales en la guerra
civil española, era con aquel
entusiasmo con el cual hablaba a Henis del amor a su tierra, a sus ideas y a su
hija.
-Ese lugar
siempre ha sido un paraíso -Hablaba Don Rogelio refiriendose a su tierra-, originalmente fue un asentamiento neolítico ubicado
en un lugar al que llamaron La Alcudia, más adelante fue cuna de la
civilización ibera, la cual recibió la visita e influencia de fenicios y
griegos, dejándoles estos últimos un legado artístico del cual conservamos numerosas obras de arte, siendo
la más importante la mítica Dama de Elche,
de la cual se dice que
pudo muy bien ser una sacerdotisa, o bien simplemente una representación de una
matrona ibérica. Posteriormente fueron invadidos por cartagineses, romanos y
bárbaros, llegando por último los árabes, aportando estos últimos un legado
artístico y cultura que todavía pervive en el entorno; con todos las culturas
se asimilaron y fundieron. Hoy día es un pueblo de unos diez mil habitantes
con un carácter abierto y laborioso que afrontan el presente con
alegría y miran al futuro con esperanza,
apoyándose en una economía emergente
basada en la agricultura y la industria
manufacturera de alpargatas y zapatillas; su entrono natural es árido y
seco, siendo la escases de agua un problema capital, pero a cambio posee un
gran palmeral que recuerda a los oasis de Siwa, el oasis de Amón, o el de Al- Fayyum
Heins fue
invitado por Don Rogelio a conocer aquel
lugar privilegiado, a lo cual, éste aceptó encantado, incitado por la fascinación que
la belleza de Virginia había conseguido
despertar en él, y que le había hecho
descubrir un sentimiento hasta ese
momento desconocido.... y también por el interés que habían despertado las palabras de Don
Rogelio acerca de la leyenda de los bereberes enterrados en vida que esperaban
La Luz, y la coincidencia
del símbolo del Ankh, que tanto había perseguido y buscado, y a la cual había dedicado
tantos años de su vida. .
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