II
-Tiempos
de oscuridad, tiempos de esperanza-
Robert Heins fue admitido en el ejército,
donde tras un periodo de entrenamiento obtuvo el grado de suboficial.
Cuando
en octubre de 1940 Italia atacó a Gran Bretaña en el Norte de África, el
sargento Robert Heins fue asignado
al L.R.D G. El Long Range Desert Group
( Grupo del Desierto de Gran
Alance ), en una unidad que tenía su
campo de acción en el Norte de África y el desierto de Libia,
realizando en la
misma misiones de observación, traslado
de espías tras las líneas enemigas, y recuperación de pilotos derribados en el
desierto.
Muchas fueron las vicisitudes
y vivencias que Heins experimentó durante el tiempo que formo parte del Grupo
del Desierto de Gran Alcance, en ellas se forjó un nuevo Heins, dejando atrás
al joven soñador y tímido arqueólogo, para dar paso a un Heins endurecido, audaz y sagaz.
Durante todo el
tiempo que formó parte del ejercito
inglés en el desierto de Libia, no olvido
las sensaciones e impresiones vividas durante aquella fallida
expedición, manteniendo la curiosidad de su espíritu aventurero e indagando en
cualquier yacimiento o vestigio de ruina
que pudo hallar en el desierto,
intentando hallar algún signo, o algo
que le recordase al simbólico Ankh, o llave de la vida
Al atardecer, a
menudo, miraba al cielo y al ver las
estrellas, recordaba la erudición de
profesor Darward, la simpatía de Salim, e incluso la tosquedad de
Serps, el cazador.
Una de aquellos
atardeceres, cuando el crepúsculo comenzaba a dar paso a la noche, Heins se hallaba soñando y mirando al resplandeciente atardecer del
desierto, cuando observó que en el cielo
se enzarzaban varios aviones en una lucha a muerte. Pudo reconocer que se trataba de seis cazas de la Luftwaffe, los temibles Messerschmitt
110, que trataban de derribar a un
Hurrican de la RAF.
A pesar la superioridad
numérica el biplano de la RAF se
defendía valerosamente, pero en tan sólo
unos segundos recibió un impacto en uno de sus motores y cayó como una estrella
fugaz hasta el oscuro suelo de la noche del desierto.
Rápidamente la
patrulla de El Long Range Desert Group,
movilizó a unos cuantos hombres, entre los que
se hallaba Heins, y con uno de los vehículos motorizados adaptados al
terreno del desierto, se dirigieron para ver si podían hacer algo por el piloto
del avión derribado.
Tras media hora
de camino en dirección donde vieron caer el aparato, escucharon una enorme
explosión y vieron una gran llamarada proveniente del lugar de la misma,

al llegar adonde el avión estrellado, creyeron que el piloto se abría abrasado dentro de él, pero cuál sería la sorpresa del grupo rescatador, al ver surgir de las sombras de la noche una figura que al tiempo que se sacudía la arena de su ropas les decía en tono jovial
al llegar adonde el avión estrellado, creyeron que el piloto se abría abrasado dentro de él, pero cuál sería la sorpresa del grupo rescatador, al ver surgir de las sombras de la noche una figura que al tiempo que se sacudía la arena de su ropas les decía en tono jovial
-¡Buenas noches caballeros! ¡Estupenda noche para dar un paseo! ¡No imaginan cuanto me alegra verles por aquí!
Heins reconoció
inmediatamente a míster Roald Smith, el patilludo cultivador de café y
terrateniente con propiedades en Tanzania, que había conocido en el trayecto de
Londres a Zanzíbar en el buque “Cormorán”. El cual no había sufrido ni el más
leve rasguño al caer con su avión, lo cual fue considerado como un hecho
milagroso y extraordinario.
Míster
Smith no reconoció al principio Heins,
pues éste había cambiado mucho en el transcurso de aquellos años, pero cuando
lo hizo, tuvo una gran alegría.
-Vaya, vaya, que
pequeño es éste continente. Ya se lo
dije yo, amigo mío “En África todo el mundo termina encontrándose
más de una vez”
Mister
Smith pudo reincorporarse en un par de
semanas a la 80.ª escuadrilla a la que
pertenecía, y en la cual pereció unos días más tarde, al ser de nuevo derribado
en las cercanías de Tobruk, y no sonreírle la
suerte en está ocasión.
Por su parte
Heins dejo escrito en su diario el dolor que le causó la muerte de su amigo el
colono, así como la experiencia de la mayor batalla en la que participó unos días más tarde.
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