jueves, 2 de noviembre de 2017

Bernard de Loort y Castll, Duque de Calfax, el testigo templario





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-Bernard de Loort  y Castll, Duque  de Calfax, el testigo templario-


Paseaba aquel atardecer de cielo acerado, meditando cuan imprevisible el destino acaecía en   infinitos  y sucesivos sucesos, invirtiendo el orden de aquello que parecía sujeto y eterno. Así aquellos torreones que un día fueron bastiones inexpugnables de  altiva fortaleza, hoy convertidos en ruinas, y que en un tiempo pasado fueron mudos testigos de  cruentas e innecesarias batallas, marcadas en la Historia como efemérides de la humanidad;  ruinas que a la vez nos hablan de  lo que para unos fueron heroicas victorias, y en cambio para otros injustas  derrotas, hoy tan sólo conservan el difuso recuerdo de un pasado rico, glorioso y en demasiadas  ocasiones  oculto por vergonzoso,  ruinas que son ahora patrimonio de aquellos descendientes y curiosos, que como yo,  hasta aquí se aproximaban deseosos y ansiosos por beber de las fuentes de su historias, leyendas y mitos.
Granada, Córdoba, Toledo, Almería, Murcia y tantos otros  remotos  lugares de España donde dejaron impresas sus huellas, tartesios e iberos,  fenicios, griegos, romanos, godos y visigodos, musulmanes, y por último  cristianos con sus  poderosas y herméticas hermandades de monjes guerreros y  freys  y caballeros templarios.  Puntos  de la geografía en los que sus alcazabas, castillos y palacios nos hablan y cuentan tantos leyendas  y relatos sembrados de misterios e incógnitas.


Así, recordando cuantas tradiciones  y leyendas había tenido ocasión de leer y escuchar de viva voz, contadas por mis mayores, cuyas almas, ahora, ya hacía varias generaciones  habían abandonado sus cuerpos para viajar al más… quién sabe dónde, arribé a aquella perdida ermita, cuyos muros semiderruidos daban cuenta de los muchos años que allí se hallaba abandonada. Cansado de la caminata a lo largo de aquella pista pedregosa y polvorienta, por la que ni siquiera ya las cabras transitaban, me recosté a la sombra de un vigoroso  y vetusto árbol cuyas enormes  ramas debían  en verano proporcionar una buena sombra.

Paré en observar y meditar,  quienes serían los osados constructores de aquellos muros hoy derruidos y convertidos en ruinas, sin duda, pensé, grande y muy fervorosa debía de ser su fe, para atreverse a emprender semejante obra, a tan alejada distancia de cualquier núcleo urbano, y  edificada  con sillares de enormes dimensiones, que la hacían  todavía más enigmática y meritoria.

Fue la casualidad que en ese instante en el cual mi mente intentaba barruntar quien o quienes serían los artífices de semejante gesta, hizo acto de presencia, sin saber cómo ni  de dónde, un personaje de lo más estrafalario y extraño, era este un hombre de unos cuarenta años, de porte altivo y que lucía unas largas barbas, siendo lo más  extravagante en él las ropas con las cuales se cubría, y al decir se cubría era por ser  precisamente una larga capa blanca con vetas rojas, las que se podían apreciar a simple vista, pues lo que hubiese debajo del largo paño, era un enigma.

Se presentó aquel individuo, que en principio tome por una actor de la farándula, pensando  yo para mis adentros, que se pudiese  estar rodando una película por aquellos agrestes parajes; se presentó el susodicho personaje  como Bernard de Loort y Castll, Duque  de Calfax, y a la sazón dueño y señor de aquellas tierras en las que nos hallábamos, incluida las ruinas de la ermita.
Fue en  un gesto grandilocuente que ejecutó  con gran  pompa y solemnidad, que el sujeto en cuestión,  estirado su brazo al tiempo que se presentaba, para señalar toda la extensión que abarcaba la vista,  que  desplegando su capa mostró  el atuendo con que cubría su cuerpo, pudiendo  yo entonces observar, que  vestía un peto de cota de malla plateada, desde la cabeza hasta los pies, y  encima, y cubriéndole el mismo llevaba una larga camisola blanca,  portando sobre  su pecho la cruz patada  de color rojo característica del temple en tierras de la península ibérica.
-¿Qué están ustedes rodando una película sobre los templarios? ¿Descansan ustedes ahora del rodaje?  -Me atreví a aventurar, intentado averiguar algo que tuviese sentido, de aquel  extravagante tipo que ya comenzaba a ponerme nervioso con su bromita y con su manifiesta  tomadura de pelo.
-Por vuestros exóticos ropajes y vuestra singular dicción, adivino que procedéis de tierras lejanas- Me espetó por toda respuesta a mis interrogantes.
-¡Hombre! Cómo actuación ya está bien, y bien está también de tomar el pelo al primero que por aquí a aparecido- Respondí yo, ya bastante aireado.
-¡Ah! ¡Tiempos mejores hemos vivido!  Y aunque siempre en guardia ante innumerables enemigos  hemos sobrevivido, de los que se suponía eran amigos la puñalada fatal recibimos –Comenzó  el que se había presentado como Duque  de Calfax,  recitando en forma  de quejido y  triste letanía, y haciendo caso omiso a mis palabras con su   triste  lamento narró con tal sentimiento, que no fui capaz de protestar, ni  tuve valor para interrumpirle.
-Nueve fueron los que vigilaron el camino a tierra santa que conducía a Jerusalén, defendiendo  al peregrino de bandidos y del  infiel musulmán. Nueve fueron los elegidos para hallar en las ruinas del templo de Salomón las reliquias, tesoros y el  legado mágico y espiritual portador de poder y fortuna.  Hugo de Payns, más ocho, fueron los que viajaron a Europa y fundaron la Orden  de Hospitalarios  y del Temple.
-Oiga, recita usted de maravilla – irrumpí yo, con intención de hacerle notar mi presencia, y  viendo el éxtasis en el que estaba cayendo aquel individuo, del cual ya no sabía yo que pensar, si estaría cachondeándose de mí, si estaría escapado de algún centro psiquiátrico… o lo más descabellado, y aunque muy improbable, no por ello descartable, dado el entorno la hora y la oratoria convincente del aparecido.  Y es que quizá estuviese yo sufriendo alguna  caprichosa alucinación.
-Siglos tuvimos  en los que el blanco de nuestras túnicas fue teñido  de sangre y gloria, en cruentas cruzadas  y desiguales batallas, siempre persiguiendo y soñando con un propósito y un fin transcendental - Prosiguió aquel sujeto, ignorándome totalmente, y    con muestras cada vez más evidentes de ser un lunático -. La fe en un mundo nuevo en el que reinase una sola religión y un solo gobierno regido por una regla estricta y austera nos guiaba. Nuestra fuerza era aquella fe ciega, y la obediencia en la regla del temple, pero sobre todo… el poder que irradiaba y emanaba de los ensalmos y conjuros obtenidos en subterráneos del templo de Salomón, herméticos textos y escritos divinos  que nos proporcionaban riqueza, influencia y poder. Poder para mover voluntades, emprender empresas, seducir mentes, levantar castillos, palacios y templos… y crearnos envidias y traiciones.
-Y así, un día, señalado desde entonces  con el número de la mala suerte, del mes de  octubre  del año 1314, fuimos arrestados y desde entonces perseguidos por un rey nefasto y avaricioso, acusados de los más terribles e imaginables crímenes, abandonados a nuestra suerte por aquellos a los que habíamos jurado lealtad y servido derramando nuestra sangre, se nos torturó, y sometió a vejaciones para conducirnos, bien al degüello, bien a la hoguera… fuego por el cual en este mismo lugar yo mismo fui consumido por ser fiel y leal a una no menos noble y leal causa de los caballeros templarios. Y desde entonces numerosos son los símbolos arquitectónico y cabalísticos que en lugares señalados por las estrellas, dibujados están en la geografía de aquellos lugares en los que levantemos nuestros castillos y templos Chartres,  Amiens,  Bayeux, Evreux,  Reims, París, Compostela, Ávila, Seo de Urgel,  Pisa, o Worms, señales inequívocas que tan sólo el  profano libre de  mezquindad y pecado puede comprender y alcanzar, señales que algún día de nuevo han de brillar y al mundo han de despertar, iniciando de nuevo los mortales la andadura trascendental que una vez comencemos. Yo  soy el testigo que aquí, y hasta llegado ese momento, eternamente habré de advertir y  revelar al cansado caminante, de la traición, la ignominia y el crimen que  puso fin  a  los ideales y  emblemas de nuestra orden, que no a su esencia y espíritu, y así, con esa llama que pervive  y aguarda a ser inflamada, hoy a ti paciente caminante te he podido transmitir, lo que por mi honor obligado estoy a revelar. 
En aquel momento y con la última frase pronunciada, el caballero templario  que se había presentado como Bernard de Loort y Castll, Duque  de Calfax, desapareció al igual que había aparecido, y sin tener el detalle de despedirse.
Yo por mi parte intente  inútilmente buscar algún rastro del equipo técnico del cual podía formar parte aquel tan apasionado profesional que había pasado gran parte de la tarde ensayando su papel en mi presencia.
Al bajar al pueblo en el que me hallaba pasando aquel puente de fin de semana, indagué en el hostal donde me hallaba hospedado, acerca de si se rodaba alguna película o documental por los alrededores, a lo cual, y al escucharme uno de los vecinos del lugar, medio en broma y medio en serio me sugirió si no habría tenido un encuentro con el señor Bernardo, duque y señor de aquellos contornos.
-Puede que así sea –respondí yo-, pues como Bernard de Loort y Castll, se presentó, y afirmaba ser duque y señor…
-Callé usted, hombre – me interrumpió el aldeano, cambiando su buen tono y borrado la sonrisa burlesca de su rostro- Que tan sólo estaba yo bromeando, a ver si va ser verdad que existe el fantasma del cual hablaban los viejos del lugar.
Y entre vivo y vino, el buen hombre me relató que:
- Desde que tenía conocimiento y razón, de siempre había escuchado, pasando de abuelos a padres, y de padres a hijos, el  relato,  que como si de un cuento se tratase, que contaba  la historia del caballero templario, que habiendo resistido en aquel último baluarte, que ahora eran las ruinas -de lo que usted señor visitante, por una ermita tomó-, habiendo resistido  hasta la muerte, prometió antes de  exhalar su último suspiro, que no abandonaría aquellas sus tierras que le habían sido entregadas en encomienda, hasta no ver de nuevo en pie la Orden del Temple, con todo su bagaje transcendental místico y alquímico, puesto al servicio de la fe y la regeneración, transmutación y construcción de las mentes y el conocimiento humanos.
-Y según contaban -proseguía el buen hombre-, eran muchos los que desde entonces habían tenido algún encuentro esporádico y fugaz con Bernard de Loort y Castll, Duque de  Calfax y señor de aquellas tierras, cedidas en encomienda por la Orden del Temple; teniendo la suerte y el honor el visitante de conocerle, y de recibir la información y  la verdad de toda aquella historia, que el destino habiale predestinado a  él, el último templario, a preservar y divulgar eternamente.


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viernes, 6 de enero de 2017

Última para París



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Última parada París


Eran las cuatro de la madrugada de un mes de Agosto de 1968, cuando el autobús discrecional que hacía la ruta Almería-París, paró en un pueblecito situado en la comarca del Maresme. Tan sólo un pasajero subió al autobús en aquella parada, se trataba de Juan, éste no se molestó en dar los buenos días, ni las buenas noches, a las cinco  personas que se hallaban ocupando sus  asientos, dispersos y distanciados los unos de los otros  a lo largo del  autocar.

Juan no estaba de humor para andarse con cortesías y normas de buna urbanidad, aquella noche  había discutido con su mujer, el motivo de la disputa era aquel trabajo lejos del hogar, el cual ejercía no por vocación, sino por necesidad, y por el cual se veía obligado a emigrar, permaneciendo  fuera de su casa la mayor  parte del año. “Quédate, aquí  algo habrá en lo que podrás  trabajar”, le suplicaba su esposa., siempre que llegaba el momento de marchar. Pero Juan había saboreado las mieles de un trabajo bien reenumerado, y no estaba dispuesto a trabajar por un sueldo de miseria, aunque para ello tuviese que vivir en un país extraño y estar ausente de los suyos.

El autocar viajó durante toda la noche sin ninguna incidencia, aprovechando los escasos viajeros para dormitar, enfrascados  y  cavilando cada uno de ellos  con sus  propios problemas.  Alicia, una mujer de unos treinta y cinco años, que se hallaba  en uno de los asientos centrales del autocar, barruntaba en su fuero interno aquello que temía encontrar al llegar a su hogar en París; era muy joven cuando emigró  por primera vez a la capital del país vecino, allí ejerció muchos oficios, escalando poco a poco y consiguiendo  subir en la escala social a medida que aprendía el idioma y se integraba en la comunidad;  comenzó limpiando  escaleras,  para ir  avanzando  como mujer de compañía para enfermos y ancianos, más tarde se empleo como dependienta en una boutique de alta costura, en la que por méritos propios, alcanzó a convertirse en la encargada de pedidos y relaciones públicas de la empresa. Ahora, tras diez años de matrimonio con un ciudadano francés, se encontraba en una terrible encrucijada, al haber descubierto que su marido le era infiel con una mujer más joven que ella. Habiendo abandonado  el hogar conyugal, se había refugiado  durante unos días en casa de sus padres en España, pero tras meditarlo, y pensar en lo mucho que había luchado para conseguir aquello que había conseguido con tanto esfuerzo y trabajo, decidió volver; pero temía encontrar al llegar a su casa en París, a su marido en los brazos de aquella muchacha de largas piernas y bonito cuerpo de piel  blanca  como la  nácar, de nuevo  tal y como los encontró aquella mañana, al regresar a su casa, en un momento que no debía, en busca de unos documentos olvidados,. Allí estaban desnudos los dos en su propio lecho, acariciándose y haciéndose el amor, como hacía mucho tiempo que su marido  no se lo hacía a ella.  Alicia  no montó ninguna escena, ni siquiera  hubo reproche alguno, simplemente cogió algunas prendas las introdujo en la maleta y se marchó de París.

Los dilemas de  Juan  y Alicia, ya los conocemos en parte, no ha sí, lo que subyacía en sus subconscientes, y que en realidad, y dada la imprevisibilidad que caracteriza el comportamiento de los seres humanos, ni ellos mismos  conocían con certeza.

Dos asientos más atrás, y pegado a la ventanilla, se hallaba Honorato, un joven un tanto retraído y soñador, y que con dieciocho años recién cumplidos era la primera vez que realizaba un viaje  que le alejase  a tanta distancia de su casa. Se hallaba allí debido a la reiterativa  insistencia, que mediante  comunicación epistolar, unos  parientes que residían en la ciudad de la luz, le habían hecho  con la ilusión de conocerle, pues todavía, debido a cuestiones de índole  política, y dado el régimen  dictatorial  en España,  no habían tendido ocasión de hacerlo. Enrique, su tío y  hermano mayor de su padre, había recabado en la capital parisina tras haber sufrido vivencias terribles; una guerra fratricida en España, en la que había participado defendiendo a un gobierno legal y democrático, para una vez finalizada la contienda y, hallándose en el bando perdedor, pasar por campos de confinamiento franceses y ser incorporado, al  presentarse voluntario, en el ejército de la República  de Francia, sirviendo  bajo  la bandera tricolor de la agonizante tercera república , para participar   en duros combates contra los invasores nazis, hasta que cayó prisionero y  fue deportado  e internado en el campo de exterminio de  Mauthausen ,donde tras cuatro largos años de horror y sufrimiento, consiguió  como superviviente español del holocausto,  regresar a Francia, logrando , después de duras vicisitudes, establecerse en la capital de la Luz, dado que a  España , habiendo combatido por la Segunda República Española  y, habiendo sido declarado apátrida por el gobierno vigente, no  le estaba permitido regresar.

Así, ahora intentado complacer a su tío y a su esposa, una normanda, con la que contrajo matrimonio varios años después de establecerse en París, Honorato había acabado embarcándose en aquel  viaje, impulsado por la curiosidad y obligado por los lazos familiares, viaje  que le rebelaría algunas de las muchas pasiones humanas que movían a las personas, así  como  también le abriría los ojos, acerca  de algunos aspectos y reacciones, que aún pasando normalmente desapercibidos, suelen ser muy comunes en  la psicología  y comportamientos humanos.

Frente a él,  y en uno de los asientos paralelos, una chica de pelo rubio, entradita en carnes y, por cuyo semblante angelical  se le podrían calcular  unos dieciséis años,y que más  tarde resultó  ser de nacionalidad francesa y padres españoles, se encontraba acurrucada  en su asiento, sin decir una palabra; volvía de pasar unas vacaciones en un pueblo de  la Vega Baja del Segura, donde residían  sus abuelos por parte paterna, y poseía una capacidad innata para sacar de quicio a cualquiera, con sus capciosas e inoportunas preguntas, acerca de la situación política en España y el comportamiento de los distintos ministros españoles en el cargo de sus correspondientes carteras, fingiendo en forma perversa, un desconocimiento, que no era tal, en  temas que en España eran tabú para los españoles.

Nos faltan los dos personajes que se hallaban sentados  en los últimos asientos del autobús y que habían permanecido durante toda la noche roncando y durmiendo a pierna suelta, ajenos a todos, y a los pocos incidentes que durante todo el trayecto se habían sucedido.

Estos se hacían  llamar Sebastián y Pepito, sus edades rondarían los veinticinco años  Y eran… cómo diríamos…  especiales. No, no era eso exactamente, digamos para entendernos mejor, que se querían mucho mutuamente,  y no precisamente  como  dos amigos  que se aprecien, sino con un amor que resultó ser  tormentosa y escandalosamente apasionado.


Al amanecer del primer día de viaje el autocar  atravesaba el antiguo  túnel de Viella , pasando de la provincia de Lérida a la capital del valle de Arán,  produciéndose un fenómeno  muy frecuente en aquellos contornos, pero que fue motivo y  causa de una gran  impresión para los pasajeros, fue  el comprobar, cómo al  pasar de  un lado al otro del túnel, de  golpe se encontraron, de hallarse en una soleada y espléndida  mañana de  verano, a pasar de repente al invierno con un día encapotado, frío  y lluvioso. Este  túnel resultaba  por aquellos tiempos extremadamente angosto, y al pasar por él  producía la sensación de  entrar en un estrecho tubo de cuya parte superior no cesaba de caer agua, humedeciendo las paredes de roca, y consiguiendo con su  cinco mil y pico metros de longitud y una anchura de siete metros para dos carriles, crear sensaciones de verdadera claustrofobia hasta en los más audaces viajeros.

En aquella primera parada en Vilella, y durante el trayecto, amenizados  por el sonido de “Un rayo de sol” –la canción del verano de aquel año- , ya los escasos  pasajeros del autocar con destino  a París, habían tenido ocasión de ir  presentándose  y conociéndose;  unos como Juan, que una vez despertó, y olvidando el mal humor de la noche anterior, dio rienda suelta  a  su verborrea  y charlatanería en ocasiones simpática y cortante,  en ocasiones cargante e impertinente,  pero que como se pudo comprobar, a Alicia le resultaba  de un atracción fascinante.

Otros, como la muchacha francesa, cuyo nombre era Ariana,  y poseía el don de la pedantería y el de la indiscreción, preguntando constantemente cosas, de la que los españoles que viajaban  en aquel autobús, poco sabían… y mucho menos les importaba, en  aquel tiempo, y en aquellos momentos

– ¿Quién es el primer ministro  en tú país?

-¿Cuándo se van a celebrar elecciones en España?

¿Por qué no existe el divorcio en vuestro país?

-¿Qué pensáis acerca de  los estudiantes que iniciaron las revueltas  del pasado mes de  mayo en Francia?

-¡Niña! Ya está bien  -Le espetó Antonio, el conductor-. Que todavía estamos en España, y  nos vas a meter en un lio, como sigas haciendo esas preguntitas.

Mientras tanto los dos pasajeros del fondo del autocar, tan sólo hablaron para  presentarse, manteniéndose juntos y sin decir palabra.  Antonio, el conductor, que ya les había echado el ojo desde el primer momento, aprovechaba  cualquier circunstancia para dirigirse a ellos, llamándoles Romeo y Julieta, lo cual al principio lo encontraron chocante el resto del pasaje, para  más adelante  convertirse en algo bastante embarazoso, al pasar  Antonio de la broma, a la saña, y al percibir  la incomodidad de los dos muchachos.

Hay que  tener en cuenta que en aquella época la homosexualidad  era  considerada en España un pecado capital, censurada por la Iglesia y perseguida por la ley, siendo estigmatizados por la sociedad todos aquellos  individuos que se fuesen considerados o sospechosos de serlo

Al llegar a Vilella, en el Valle de Arán, Antonio, el conductor que no había dejado de  conducir durante más de dieciocho  horas seguidas, desde que el autocar partió de Almería,  indicó entre bromas y chanzas:

 -“Señores, por exigencias del país en el que vamos a cruzar la frontera, a partir de aquí se hará  cargo del transporte mi compañero Vincent, que por cierto es su “primer viaje” pero no se preocupen pues acaban de darle el carnet de conducir y lo ha sacado a la primera”

Antonio, continuó  acompañándoles  hasta finalizar el viaje,  y resultó ser un personaje de lo más divertido y a la vez cachondo  y calentorro, pues era de la opinión que todas  las mujeres habían sido  puestas en la tierra por Dios, para   que se cruzasen en su camino y poder ser amadas  por él, de manera que no había fémina que se pusiese en su camino sin recibir algún piropo, algún requiebro o alguna declaración de amor,  según se terciara, en español, en catalán, en aranés o en francés.

Tras varias horas de una severa inspección en la frontera, por fin el autocar pudo pasar a Francia  por el puerto del Portillón.

Ya en territorio francés y superados las presentaciones, todos  los reunidos allí  por las circunstancias y el destino  en aquel viaje a París, intentaron ir rompiendo el hielo, unos desgranando y participando de sus penas y pesares, otros  contando chistes, y los más  aplaudiendo y riendo, e incluso Alicia, olvidando por unos instantes  la incertidumbre que  la agobiaba, se arrancó en el pasillo del autocar a bailar unas sevillanas, recibiendo con agrado los piropos y requiebros de Juan.  A la hora de comer  todos compartieron sus  viandas, Juan como experto veterano  en estos menesteres, había escondido unos chorizos, evitando que estos fuesen requisados por lo gendarmes en la frontera,  ofreciéndolos ahora con generosidad a sus nuevos amigos, una bota de vino apareció por arte de magia, acompañando   a tan suculento embutido.

A partir de aquel  momento las relaciones y la afinidades se fueron definiendo, Juan declaró a Alicia lo sólo que se sentía en una  ciudad tan grande como París, ella le confesó la necesidad que tenía de  sentir el calor de un abrazo en la noche… y así, fue que en un ver y no visto, ambos pasaron la noche entre abrazos  y besos en los últimos asientos del autocar.

Sebastián y Pepito, continuaron aquello que habían comenzado, cuando abandonaron  el pueblo del que se habían fugado, huyendo de la incomprensión y  la perversa represión que sufrían, debido a la  condición que la  naturaleza les  había concedido, o sea  que  continuaron amándose intensamente  juntos y acurrucados  en sus asientos, sin molestar a nadie.

 A Honorato por su parte, le fue mostrado  un Universo de color, vida y libertad, gracias a la predisposición de Ariana a, siguiendo la corriente del  nuevo catecismo  contracultural , libertario y pacifista -proclamado por aquella revolución que   era conocida  como  movimiento “hippie”-, ofrecerle a él, la posibilidad de practicar el amor libre con ella,  al tiempo que escuchaban juntos la música de “Acuario”, perteneciente al musical  Hair , que según Ariana estaba teniendo mucho éxito entre la comunidad  de jóvenes  en  Estados Unidos, y ahora también en Europa.

Así las cocas, envuelto el sonido del motor del autocar con los gemidos y suspiros de placer  de las parejas reunidas allí por el inefable destino, Antonio comentaba al  conductor del tramo francés:

-Vicent, que cosa tan extraña es el amor. Ya lo ves, hace unas horas ni siquiera se conocían, y ahora ahí los tienes, comiéndose a besos, y  disfrutando los unos de los otros, y nosotros, que suerte la nuestra, aquí al pie del cañón trabajando. Como esto llegue a oídos de quien yo me sé, pronto tenemos instalado aquí  en el autocar el locutorio de Elena Francis.

Al amanecer, y al despertar los pasajeros, lo primero que  pudieron contemplar  fueron las aguas del Sena deslizarse  bajo el puente  de Alejandro III, divisando a lo lejos y entre brumas  la sutil y elegante silueta de la Torre Eiffel. Y entonces comprendieron  que el viaje había concluido y  que habían llegado a París.



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viernes, 28 de octubre de 2016

Sueños regresivos- Diario de un superviviente





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-SUEÑOS REGRESIVOS -  Diario de un superviviente 






“¡Qué pesadilla! Soñé que me encontraba embutido en un cuerpo como el de mis ancestros, sufría dolores y enfermedades, hambre y fatiga. Pero en contrapartida acariciaba y era  acariciado, amaba y era amado, sensaciones sublimes ya olvidadas  y que perdimos junto a nuestros cuerpos, miserias y horrores”


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Las imágenes oníricas del sueño  de la  noche anterior embargaban la mente del capitán de la nave intergaláctica  “Esperanza”, cuando éste se   dispuso a abrir de nuevo el cuaderno de bitácora y  anotar en él  los últimos terribles  acontecimientos que  habían dado  un giro inesperado a la  delicada y difícil misión que veinte años atrás le había sido encomendada.

Al contemplar las primeras anotaciones, que al comienzo de aquella odisea, anotó  en el cuaderno, recordó  el motivo que causó aquella diáspora; en lo más profundo de su subconsciente permanecía grabada la memoria  de su propio planeta degradándose ante la  pasividad e ineptitud de sus gobernantes, la mirada pasiva, atónita y, en muchos casos ingenuamente  cómplice de la población mundial, y la mezquindad y egoísmo de  una economía rapaz e insasiable

La explotación abusiva de los recursos naturales,  junto a su destrucción  progresiva e implacable, añadido a una feroz contaminación del planeta, dio lugar  a una terrible hambruna que afectó al noventa por cien de la población y que desencadenó una gran pandemia.  Fue entonces cuando se produjo  el gran cataclismo que  provocó la gran explosión derivada de los experimentos que pretendían  obtener fuentes de energía barata y de inmensa e ilimitada  potencia.

Debido a la descomunal y violenta explosión el planeta sufrió una fisura que lo atravesó de eje a eje, amenazando con partir su gran masa en dos mitades,  con el consiguiente cataclismo y hecatombe de proporciones apocalípticas que ello conllevaría.

Ante la inminente y previsible amenaza de destrucción, caos y extinción de toda vida en el planeta que les vio nacer con sus océanos, con sus montañas, bosques y ríos y,  en el cual quedaban a su suerte millones de  formas de vida, unos cuantos científicos unieron sus conocimientos en un intento desesperado  de salvar a unos pocos semejantes de su especie.

Así,  utilizando los más avanzados proyectos tecnológicos conocidos  y haciendo uso de la misma fuente de energía que había conducido al plantea a su destrucción, lanzaron al hiperespacio profundo la nave “Esperanza “.  Al mando de la misma se hallaban el capitán Hooward  Clarke y una tripulación  de veinticinco miembros de ambos sexos, en la que se encontraban  físicos, biólogos, ingenieros, y expertos en todas aquellas ramas cuyo conocimiento y saber, les habría  de permitir encontrar y poblar un planeta que reuniese las condiciones adecuadas  para  aterrizar  y poder vivir en él, depositando  la preciada  carga que la nave portaba en sus bodegas, y que consistía en  mil seres de ambos sexos  escogidos, del planeta  que extenuado pronto acabaría desapareciendo, hombres y mujeres que   habrían de permanecer en estado de  hibernación, esperando el momento de  despertar de su dulce  letargo, para con su especie  repoblar algún planeta perdido en el Cosmos.

Dos décadas habían transcurrido viajando a velocidades superlumínicas, neutralizando el efecto  causado por el paso  del tiempo en sus  cuerpos, mediante la aplicación práctica  del principio de  la retrocausalidad, de forma que,  si durante el viaje  hubiesen  podido mirar  hacia atrás con atención,  les habría -mediante  dicha singularidad  distorsionada de la física, que  permite  acontecer  antes  el efecto  que la causa-   les habría dado ocasión, considerando  el objetivo de su viaje, de poder observar  el azaroso desenlace  que el futuro les depararía. Ahorrándoles  el sufrimiento de ver  estallar su propio planeta en millones de fragmentos.

 Observación en teoría, que de  haberse producido, habría sido gracias a existir  por medio  una curva temporal  cerrada,  responsable de que sucediese  tan peculiar distorsión de la Física, que en la práctica aplicada  permitía  mediante el fenómeno conocido como “Psi”, contemplar semblanzas y reflejos del futuro.

Durante la larga travesía  tuvieron ocasión de escudriñar  los más intrínsecos y recónditos rincones de numerosos Sistemas Solares ubicados en lejanas  Galaxias, intentando  hallar en el infinito Cosmos un planeta que reuniera las condiciones climatológicas, atmosféricas y medioambientales que les  permitiese habitarlo y poblarlo




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Bitácora de a bordo

Capitán Hooward  Clarke

Año 20 de la diáspora



Infinitas son las líneas de profunda soledad

que  al extraviado  navegante

guían y acompañan

en su ímproba búsqueda

de vida y libertad

                                              H.C.



Por fin,  y después de de tan largo viaje buscando en la soledad del profundo Universo, llegó una señal,  una señal que nos condujo hasta  un pequeño Planeta ubicado en el extremo de una  galaxia en forma de espiral,  en el que, según los datos facilitados  por los sensores de la nave, se daban las condiciones idóneas para poder ser habitado. Poseía fuentes de  energía, atmósfera,  agua, temperatura adecuada, gravedad, un planeta lo suficientemente cercano para mantener el eje gravitatorio,  y planetas gigantes a la suficiente distancia  como para que su  atracción gravitatoria le protegía de asteroides.

Visto desde el  espacio el  Planeta ofrecía   un aspecto dulce y pacífico,  con su intenso color azul celeste producido por la gran cantidad de agua que cubría  sus tres cuartas partes.

Pero aquella   apariencia acogedora  resulto ser   engañosa, pues el Planeta  estaba  habitado por una civilización muy avanzada tecnológicamente  y  apenas traspasó  la nave su atmósfera, ésta  fue interceptada por un comité de recepción compuesto por varias naves fuertemente armadas que invitaron a sus tripulantes a aterrizar en un lugar preparado al efecto por ellos


Fuimos  conducidos a una zona desértica y aterricemos  en una base semioculta entre montañas;  allí habían dispuestos varios hangares y en uno de ellos fue introducida la nave “Esperanza” con toda su tripulación y  su preciada carga.

El primer contacto con los habitantes y anfitriones de aquel  lugar fue gélido  y decepcionante, pues aún siendo aquellos  seres muy similares a nosotros  tanto en su aspecto físico como en su lenguaje y  forma de expresarse, había  en ellos una mecánica  y extraña  altivez que producía escalofríos.

Apenas yo, Hooward  Clarke, como  capitán  de la nave “Esperanza”,  intercambié con ellos unas  cuantas frases, comprendí  que eran mucho más las diferencias que nos distanciaban de aquellos seres, que las coincidencias que aparentemente podían parecer unirnos

Muy poca fue la información que de ellos obtuvimos, tan sólo que por nuestra  seguridad  deberíamos permanecer  sometidos  a una cuarentena preventiva y  mientras tanto tendríamos  que colaborar y hacer una declaración del lugar de donde procedíamos, el propósito de nuestro  viaje y el destino del mismo.

Aquellos seres del planeta “Vida” – así es como mi tripulación  le habían bautizado – realizaban aquella tarea en forma maquinal e impersonal como si se tratase de un protocolo al que estaban habituados. Sólo preguntaban y tomaban notas de forma maquinal,  nunca respondían a las incógnitas e incertidumbres que lógicamente  se agolpaban, corroyendo y mortificando  las mentes de mi tripulación… y de mi mismo,  aunque yo intentase ocultarlo.
 
 Cuando  se interrumpían los  interrogatorios,  éramos  conducidos a una gran sala de paredes altísima, en cuyo techo había unas claraboyas a través de  las cuales una tenue luz se proyectaba  iluminando  el recinto.  Fuimos informados de que deberíamos permanecer allí  encerrados a cal y canto hasta que acabase la cuarentena.

 Trascurrieron varios días en los cuales se repetía la misma rutina de ser interrogados con las mismas preguntas, por distintos individuos de aquella insípida raza, de fría mirada y labios sellados. Ya  la preocupación y el pesimismo comenzaban  a hacer mella en nuestros  espíritus, cuando encontrándose recluidos tras sufrir otro  de aquellos prosaicos e insulsos  interrogatorios, y hallándonos  tremendamente alicaídos, advertimos que una   mampara  que cubría uno de los tubos del sistema de ventilación se deslizaba dejando al descubierto un gran orificio, y entonces  recibimos  una visita inesperada…

Del negro agujero asomaron unas piernas morenas y musculosamente torneadas, a las que siguió  el  pequeño  pero graciosos y elástico cuerpo de una muchacha  que se deslizó con sigilo hasta el suelo con sorprendente agilidad;  la joven aparentaba  unos veinte  años y vestía una extraños ropajes de intensos colores  bajo los que se adivinaban unas sinuosas y sugestivas curvas, su  rostro de agradables facciones  era  agraciado con una nariz respingona, un mentón perfecto, y unos labios generosos que se complementaban  con sus  ojos rasgados de mirada vivaz, siendo  su cabello  muy  corto  y  de  un color pelirrojo  brillante e intenso.

La muchacha llevándose  el dedo índice  de su mano a derecha a los labios   nos  hizo gestos para que guardásemos  silencio.

Inmediatamente un flujo mental  se cruzó entre la mente de la visitante y  la mía, al ser yo el  elegido por la joven para comunicarse mediante la telepatía.

- Mi nombre es Aura,  soy la comandante de la nave  “Borell”, y mediante el poder que me concede la Retrocognición conozco toda vuestra vivencia vital reciente; procedo del planeta Esfera situado en  la galaxia de  Abell en el extremo del Universo  más lejano a este lugar, nuestra tecnología nos sitúa en un plano inmensamente superior  al vuestro, y al que poseían los seres que habitaban hace mucho tiempo  este planeta en el que nos encontramos atrapados.

Yo como capitán de la nave “Esperanza”, hallándome  ansioso y preocupado por el peligro que corrían aquellos a los que me habían sido encomendados, en aquella  misión de supervivencia de nuestra especie, intenté preguntar a la muchacha de los cabellos rojizos, pero las ideas se atropellaron en mi  mente.

La joven me tranquilizó al tiempo que continuó con su presentación, y el motivo y propósito  que la había conducido hasta nosotros.

- Nuestra avanzada ciencia nos permite desplazarnos con nuestras naves a cualquier parte del Cosmos conocido  anulando el efecto espacio-tiempo  mediante la energía  que nos proporciona la antimateria,  pero preferimos utilizar los  diferentes portales estelares diseminados por el Universo para misiones  como la que nos condujo hasta aquí.

La joven pelirroja transmitía con rapidez asombrosa sus pensamientos, mientras yo me  esforzaba por asimilar toda la información que ésta me  transmitía.

-En esta ocasión el objetivo de nuestra misión   - prosiguió la muchacha- consistía  en recabar información acerca de los actuales progresos que este planeta había desarrollado desde nuestra última visita.

-Vayamos por partes.  ¿Cuál es la misión que os condujo aquí  y cuánto tiempo ha transcurrido desde esa última visita a la que has hecho referencia? –interrogué, en un cauteloso intento por intentar mostrar mi control y autoridad

-Ciento cuarenta años, según nuestro computo temporal, mil años  según el transcurrido en este planeta

-¡Vaya! ¡Eso es mucho tiempo! –Exclamé- ¿Y qué finalidad tenía el recabar información después de tantos años transcurridos?

-Como consecuencia de la curvatura espacio-tiempo, y dadas las dimensiones del planeta Esfera del cual procedo, el tiempo para nosotros  ha transcurrido y lo he hemos percibido de forma distinta a como lo ha  percibido este planeta,  y como lo podíais haber hecho  vosotros mismos. En cuanto al objetivo de  nuestra  misión, ésta consistía  en recabar información sobre  un estudio del desarrollo y evolución en planetas del Cosmos conocido, en  donde  se puedan dar  condiciones de vida;  proyecto que ya venimos estudiando desde hace  unas diez  décadas.   Lo que aquí hemos  hallado  ahora ha sido una sorpresa, al encontrar  en los individuos de  este planeta un desarrollo tecnológico  tan excepcionalmente avanzado, lo cual es una aberrante anomalía, teniendo en cuenta que no se corresponde con la evolución cerebral y cognitiva, así como  espiritual  y natural, que deberían tener, de haber seguido su curso normal el progreso de los individuos que pueblan este lugar.

-¿Y puedo suponer, que habréis llegado a determinar el porqué de dicha anomalía? –me atreví  a aventurar socarronamente, ya que comenzaba a sospechar que aquella criatura estaba un tanto enajenada.

-¡Por supuesto! – respondió rápidamente la interespacial muchacha, lanzando  su flujo  de información telepática en un tono que denotaba amor propio herido- Al parecer por alguna razón que desafía totalmente las leyes físicas calculadas por los que nos antecedieron hace cien años, este planeta recibió la visita de otros que como nosotros vinieron del espacio. Esta visita no había ninguna posibilidad de que ocurriese, dadas las distancias que separaban este planeta del más cercano que disponía de tecnología necesaria para poder hacerlo, según nuestros mapas y cartografía del Cosmos, que poseemos   

-¿Y qué fue lo que ocurrió, según vuestra superior inteligencia? –Pregunté, ya en tono abiertamente de chanza, pensando que aquella chiquilla de rojos cabellos había perdido la cabeza.

-Señor, yo que usted no me tomaría a la ligera lo que nuestra visitante le está exponiendo  - Intervino la teniente Loana, segundo en el mando de la nave “Esperanza”, ésta había percibido el flujo de la conversación mental, que yo,  y la joven que se había presentado como Aura, estábamos mantenido extrasensorialmente, y había creído conveniente intervenir-   Cabe la posibilidad de que en el Universo Infinito se produzcan hechos como el que nos ha conducido a nosotros hasta aquí, que fuerce a sus habitantes a iniciar un éxodo para poder sobrevivir, y también cabe la posibilidad de que en otros lugares del espacio profundo,  y de los  cuales  nada conocemos,  hayan conseguido desarrollar tecnologías y  capacidades que hasta ahora nosotros desconozcamos, e incluso ni  siquiera imaginásemos.

La pelirroja visitante mostró una sonrisa de agradecimiento a la teniente Loana, y  a continuación respondió a la pregunta capciosa del capitán.

-¿Capitán, estoy segura  que conoce  usted el significado de las palabras retrocausalidad y paradoja? -inquirió  la pelirroja, y sin esperar la respuesta, respondió ella misma- Pues bien, ambas cosas, retrocausalidad y paradoja es lo que por deducción, concluimos que se han producido aquí.  Deducimos que por  alguna extraña razón llegaron hasta este planeta…

-Vida, Vida es como nosotros le llamamos a este planeta – Interrumpió la teniente Lona

-… ¿Vida?  Bien por mi parte no hay problema - Aceptó Aura, la pelirroja-. Por algún motivo que todavía ignoramos -continuó, tras brindar una mirada de simpatía a la teniente-  en  algún momento de esos mil años que transcurrieron en este planeta desde nuestra última visita, algo provocó que las neuronas albergadas en el cerebro de una especie  en particular que en él habita,  sufriesen una evolución excesiva y  anormalmente acelerada, multiplicándose en número y consistencia. Dicha metamorfosis proporcionó infinitas posibilidades y habilidades a estos individuos, posibilidades que aprovecharon y usaron para dominar todo el entorno natural con el cual convivían, e incluso  desarrollar la tecnología suficiente como para…  convertirse y transformarse a sí mismos en seres superiores y casi  inmortales, con posibilidades de lanzarse a la  conquista de las estrellas e incluso ambicionar conquistar todo aquello que hallen en ellas… -La muchacha  interestelar contuvo unos instantes su alocución-, … y ahí es donde entendemos se produce antes el efecto que la causa, o sea la retrocausalidad,  al haber  conseguido estos seres “dominar antes el cielo que la tierra”. Si se me permite la metáfor.

Aura, hizo una pausa y dirigió una penetrante mirada con sus ojos rasgados, a la teniente Loana  y a mí, como intentando comprobar en el interior de nuestras mentes si éstas asimilaban  aquello que les estaba revelado.

-El motivo de dicha transformación y sus consecuencias, lo atribuimos -aun considerando que es físicamente imposible, dada la infinita distancia que les separa de cualquier lugar del Universo conocido y  que existe inteligencia-, lo atribuimos –repitió-  a la visita, después que nosotros estuvimos aquí,  de una civilización con una extraordinaria capacidad tecnológica, dicha tecnología es la que proporcionaría, en tan escaso espacio de tiempo, el impulso y el desarrollo suficiente  a estos seres, para su impresionante emerger de la barbarie más absoluta, a la situación de extraordinario  desarrollo y superioridad tecnológica en la cual se hallan ahora. Y aquí precisamente es donde nos hallamos ante la paradoja, pues es un contrasentido nuestra deducción, pero aunque vaya contra el sentido común, es la única explicación que podemos dar a lo que aquí pudo haber sucedido.

- ¿Y en qué situación nos coloca a nosotros el que esta civilización se halle tan avanzada?  - Preguntó la teniente Loana, temiendo  escuchar una respuesta que no le iba a agradar.

- Para empezar os diré que mi nave y mi tripulación non encontramos  aquí retenidos unos tres meses, según el cómputo temporal de este planeta, al que vosotros denomináis “Vida”.  Hemos intentado hallar la  forma de escapar, pero todo el perímetro de la base en que nos hallamos, está sujeto a una fuerza  electro magnética la cual impide la salida al exterior a todo aquel individuo, nave o máquina que no disponga de un lector identificador. Durante el tiempo que hemos estado retenidos, ya han desaparecido unos cuantos de  los miembros de mi tripulación, queremos creer que han escapado… pero mucho tememos que hayan sido objeto de cruentos experimentos por parte de quienes nos retienen.  Pero también hemos observado que los seres que nos tienen aquí inmovilizados, aunque iguales, no son todos tan  iguales, y en este aspecto, teniendo en cuenta el estudio antropológico que hemos extraído de  otros planetas donde  existe vida, no se diferencian de ellos  en cuanto a sentimientos y pasiones, reacciones y contradicciones  Así,  tenemos el ejemplo que confirma la regla, al tener contacto  con alguien que    e identifica como profesor *Murcicante Mundano Guindilla, éste  nos  ha mostrado de forma clandestina, el interior de la base tal como es  realmente, ya que lo que  habéis podido percibir, no es más que una  tapadera, y una infinitésima parte de su totalidad ,  pues la verdadera base  se halla distribuida en  siete niveles que hay bajo tierra…

Ante la expresión de asombro del capitán y la teniente, más el resto de la tripulación de la nave “Esperanza”, que se habían unido a ellos percibiendo el flujo mental de la pelirroja muchacha  del planeta  Esfera,  ésta prosiguió desvelando todo aquello que conocía.

-El profesor Murcicante nos mostró también los experimentos infames de que son objeto los tripulantes de las  naves, que como nosotros caen en poder de sus congéneres. Y por lo que nos ha revelado,  en los niveles más bajos de la base  existen laboratorios  donde experimentan con aquellos seres que tienen la desgracia de ser atrapados por la poderosa y amplia tela de araña, que en este planeta  tienen expandida en el espacio exterior en un radio cada vez más amplio. Al  parecer es evidente que lo que pretenden  es extraer todos los conocimientos científicos que poseen sus prisioneros, y lo peor de todo es que  tenemos la certeza que el propósito que persiguen, es el de utilizar toda esa ciencia y saber con fines agresivos contra todo aquel planeta del Universo que tenga vida. Al parecer  existe una  clase dominante, que  ha acumulado  toda la tecnología y el conocimiento captado y robado a sus visitantes del exterior. Conocimientos que  no ha  compartido con sus congéneres,  para civilizar la brutalidad albergada en sus   mentes primigenias, y a quienes  mantiene  en la esclavitud,  siendo  una clase sumida en la ignorancia y la inopia más absoluta,  siendo este grupo  la mayor parte de la población.  Tan sólo unos pocos – que como el profesor Murcicante pertenecen a una clase privilegiada- han comprendido el error y el genocidio de dimensiones cósmicas que  están cometiendo con  sus congéneres en  este planeta y con todos aquellos que los  visitan desde el espacio exterior. 

 Tras su detallada información, la joven pelirroja, nos  invitó a la teniente Loana  y a mí, a acompañarle a través del sinuoso entramado de tubos  que componían el aire acondicionado del recinto,  tras un tortuoso recorrido arrestándonos por  la red del conducto de aire acondicionado, descendimos al suelo  y  nos encontremos en un largo pasillo que nos condujo hasta un  elevador, éste nos bajo  a una velocidad vertiginosa hasta a una gran profundidad  la cual pude calcular en unas treinta  alturas, una vez abandonamos el ascensor  hubimos de esquivar varios individuos que fuertemente armados vigilaban el lugar, por fin nos introducimos en una de las muchas dependencias que  allí habían, y conocimos al profesor Murciante Mundano Guindilla.

Este era un hombre de una gran estatura  enfundado en una bata blanca, cuya edad rondaría  los  cuarenta, de piel clara, sus ojos,  que escondía tras unos  diminutos lentes, se apreciaban de un suave color azul, lucía  
 una hermosa y larga  mata de  pelo negro  recogido con un pañuelo de color purpura,  y en su rostro se podían  apreciar unas  nobles  facciones que eran realzadas por un fino bigote  y  una estilizada barba plateada, pudiéndose deducir -en contraposición a los fríos  guardianes con los que hasta ese momentos  habíamos tratado-  tanto por   sus modales como por  su lenguaje que se  trataba  una ser amable, de  gran sensibilidad y exquisita educación..

En principio se mostró receloso y alarmado ante nuestra presencia, pero Aura le convenció, asegurándole que tenía la completa seguridad de que éramos los más indicados de todos cuantos visitantes de las estrellas habían en aquellos momentos allí retenidos, para poder enfrentarse a sus congéneres, enloquecidos por el ansia de poder tecnológico y espacial.

 Murcicante Mundano, * *comenzó  una confusa historia acerca de la transmutación  que sus neuronas cerebrales -mediante una hermética y arcaica alquimia, obtenida a través de unos papiros antiquísimos- le  habían sido transmutadas  en la persona con la cual nos estábamos comunicándonos, pero al observar la extrañeza que mostraban nuestros semblantes, abandonó aquello que en su subconsciente bullía por transmitir, y regresando al espacio y tiempo en que se hallaba, nos explicó que al ingresar como técnico experto en automática robótica  aplicada a la  astro aeronáutica, en aquella prisión- laboratorio en la que nos hallábamos, no era  consciente de los experimentos  que allí se realizaban, ni  del objetivo último  que estos tenían, y que no eran otros, que el de extraer y robar todos aquellos conocimientos y avances que poseyesen aquellos individuos que podían proceder el espacio exterior y que caían en su redes, tal y como nosotros habíamos caído. Pero la revelación más espeluznante fue la que nos reveló  acerca de la verdadera naturaleza e intención de  aquellos  seres, que desde la cúspide del poder  movían los hilos en aquel inhospitalario plantea

-La evolución de la vida en nuestro planeta sufrió una tremenda convulsión, al recibir la visita de una nave espacial procedente de un lugar  situado más allá de  la galaxia XZS ,y próximo a la nebulosa de Anierdna … Sí, Aura,  existe vida mucho más desarrollada tecnológicamente a la de tu planeta, y mucho más lejana a los lugares que tu  avanzada civilización ha podido llegar- comenzó  con gesto compungido Murcicante, al creer conveniente aclarar con la muchacha, dada la expresión de asombro de la joven-  Debes perdonarme, hasta ahora no había tenido valor para confirmar tus fundadas sospechas, debes comprender que   toda precaución es poca, dada la  estricta vigilancia a la que nos vemos sometidos.

-¡Infinitas son las líneas estelares que conducen  al  espacio profundo! –Exclamó Alba la pelirroja, i
nterrumpiendo al profesor,  al no poder contener su asombro ante las revelaciones de aquel individuo, al cual nos acaba de presentar.

-Fueron aquellos seres de infinita y superior sabiduría, llegados de  un  multiverso, a través del flujo oscuro, los que introdujeron con su avanzada tecnología, la perversión y la ambición desmedida  en algunas de las mentes  de los nativos pobladores de este lugar, cuyos progresos, evolución  y avances habían seguido hasta ese momento el curso natural y normal  de cualquier  de los infinitos planetas que puedan existir  en el Universo conocido.

Tanto  la teniente Lona, como  Aura la pelirroja, y yo mismo, escuchábamos a aquel sujeto de plática y expresión amable  que se hacía llamar Murcicante, con el interés y atención  propio del reo que espera ansioso la orden de su indulto, instantes antes del momento de  su ejecución.

-El propósito de la visita de aquella civilización tan avanzada era descubrir nuevos mundos habitables, cartografiarlos y regístralos estelar y universalmente, declarándolos  zonas conquistadas. Así, ocurrió que llego un día que estos seres  superiores se marcharon del planeta, dejando en él una presencia simbólica -subestimando la imprevisibilidad de las reacciones de los nativos-, y considerando  sería suficiente para controlar a aquellos seres primitivos que tan sólo hacía una centuria habían descubierto el fuego… Ese fue su gran error, pues por la fuerza bruta, y a costa de perecer muchos de ellos,  aquel material e instrumentos de gran precisión y alto nivel tecnológico, cayó en las manos  de los aborígenes; logrando que su contenido   les insuflase en sus neuronas el influjo e impulso, que les fraguó  la inteligencia e  inventiva para avanzar en cien años  todo el desarrollo  para el que habrían necesitado mil. Pero eso no es todo, pues  os queda por saber porqué, y qué, me hace a mí y a unos pocos más,  que seamos diferentes, pues  aún cuando aquellos que nos controlan y dirigen, afirman que “todos somos iguales,” yo soy la prueba viviente de que  “algunos somos “menos” iguales que otros”…

-¿Pero qué os ocurre? ¿Es qué acaso ninguno de vosotros ha leído a  George Orwell?- Refunfuño el profesor rebelde, ante la nula reacción de sus oyentes. -Bueno, disculpar mis desvaríos, pero me olvido que estoy hablando telepáticamente con seres ajenos a la cultura de este lugar- se justificó Murcicante.

-De “Vida”, del planeta Vida -puntualizó la teniente Lona-. Así es como le hemos bautizado.

-¡VIDA! ¡JAJaJajaja…!  –Estalló el profesor Murcicante  en sonoras carcajadas, afirmando sarcásticamente- ¡No podían haber escogido un nombre más apropiado! Por cierto, aquí los nativos  ya le bautizaron  y tenemos  nombre para él… Le llamamos Tierra. Y en el planeta Tierra, en el que nos hallamos, es donde se está fraguando esta confabulación cósmica galáctica, cuyos conjurados son el producto de la fusión del salvajismo y la superstición primitiva, con la tecnología arrebatada a los llegados del Horizonte de sucesos. Como producto de ello, de la fusión alienígena y terráquea  efectuada en el crisol llegado del  universo oscuro, surgieron  unos individuos  que son como autómatas o robots,  les llamamos Los Conectados, estos  no sienten ni dolor, ni placer, ni amor, ni odio,  ellos son el ejército-policial  y el brazo represivo y ejecutor  diseñados para servir ciegamente y hacer que sean aplicadas las directrices del  Gran Consejo, órgano superior, legislativo, judicial y ejecutivo  que gobierna esta  sociedad  de distopía en la que habéis venido a caer.

-Bien, profesor! Ya sabemos con quienes nos vamos a enfrentar. ¿Ahora, sería usted tan amable de explicarnos cómo vamos a hacerlo, cómo vamos a salir de aquí… y a cambio de qué, nos prestará su ayuda?  – interrumpió el capitán Clarke, impaciente por salir de aquella ratonera.

Los ojos de Murcicante  me miraron  fijamente por encima de los lentes de  sus ovaladas antiparras, y tras  atusarse su estilizada barba, se decidió por fin a exponer su arriesgado, o más propiamente dicho  temerario plan.
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Tres jornadas más tarde, y después de luchar codo con codo con  la aguerrida Aura la pelirroja, y con mi segundo oficial la teniente Loana, protegiendo al profesor Murcicante hasta la salida de aquel siniestro bunker, en cuyas entrañas pudimos comprobar con horror, las cámaras y laboratorios en donde eran estudiados todos aquellos que tenían la desgracia de recabar allí, siendo  abiertos en canal y estudiados todos sus órganos,  mientras que sus cerebros, una vez exprimidos sus conocimientos, eran guardados  en recipientes de formol. Después de un dura batalla contra aquellos autómatas, llamados Los Conectados, que ejercían de carceleros y policías - batalla a la que se   incorporaron en nuestro bando muchos de los que allí se hallaban retenidos-, alcanzamos el hangar donde se hallaba nuestra nave y el resto de su tripulación, estos ocuparon  cada uno sus puesto,  y pudimos abandonar aquel lugar,  traspasando  la barrera magnética que protegía el perímetro del recinto gracias a la ayuda del profesor.

 Mientras Aura y yo pilotábamos nuestras  respectivas naves, la lucha continuó en los hangares entre aquellos que se hallaban allí retenidos  y los insensibles “Conectados”  hombre-robot que los vigilaban; creemos que algunas naves  consiguieron escapar aprovechando la ausencia del cordón magnético.  Entretanto y una vez conseguimos la muchacha pelirroja y yo mismo estar  en el aire,  procedimos  a cumplir con aquello que había exigido Murcicante Mundano Guindilla, como pago a organizar y ayudarnos en nuestra fuga.

Yo Heywood  Clarke capitán de la nave “Esperanza”, y  Aura comandante en jefe de la nave  Borell, navegantes procedentes  de los planetas Ograma y Alba, perseguidos    y hostigada muy de cerca por el grueso de la  temible flota  aérea de aquella despótica  y tiránica sociedad, sobrevolamos las capitales y centros neurálgicos y habitados,  más importante de aquel pequeño e inhóspito planeta azul. Nuestro perseguidores  no consiguieron  impedir  que  cumpliésemos nuestra promesa y nuestra  misión, que consistía en  dejar  caer sobre aquellos núcleos urbanos  y hervideros de miserias terrícolas, nuestra preciada  carga de panfletos, en los cuales se denunciaba al Gran Consejo como manipulador, conspirativo y  corruptor de los pobladores del planeta Tierra, así como enemigo en potencia,  y carnicero y asesino  reconocido de la Gran Comunidad Universal en general. Nuestro altruista y extravagante amigo  el profesor Murcicante, acariciaba la utópica  ilusión de  que sus iguales en aquel planeta llamado Tierra, comprendiesen el mensaje implícito en los  panfletos,  y consecuentemente  reaccionaran rebelándose   a la ignorancia y la explotación a la cual habían estado  sometidos.

 Al dejarle en la zona que él mismo nos indicó, sus últimas  palabras todavía  encierran un enigma tanto para mí, como para Aura la pelirroja;  misterio que según el profesor  auguró, en algún momento y lugar del infinito espacio-tiempo,  donde  nos habríamos de volver a encontrar, gustosamente nos revelaría

** “Aquel a quien han sido transmutadas mis neuronas, os quedará eternamente agradecido, pues con vuestra acción, a  millones de seres les será revelada la verdad de la ignominia y la rapacidad de sus despóticos gobernantes, arrancándoles de la ignorancia, y creando en sus mentes capacidad para tener criterio propio y libre pensamiento, y como consecuencia, la tiranía será erradica, y la libertad florecerá”
“¡Infinitas son las líneas estelares que conducen  al  espacio profundo!”

Y así, con aquellas palabras de despedida y la efusiva expresión al parecer de uso frecuente en aquel lugar, dejó en el aire  los  enigmas que su mente guardaba, y  también reflejadas las esperanzas que tenía  depositadas  en  aquel planeta llamado Tierra.

Ahora mi  nave sigue la estela celeste dejada por  la nave Borell, con la certeza de que otros mundos, para bien o para mal, existen en la infinita soledad del Universo; y ante todo con la  ilusión y  promesa de que al traspasar uno de los portales siderales conocidos por nuestra guía, podamos trasladarnos a uno de los dilatados extremos de la galaxia, donde encontraremos la tierra prometida, materializada en el planeta Alba, cuya tamaño y riqueza, según afirma  nuestra anfitriona Aura, oriunda de aquel lugar, son más que suficientes para acoger a los supervivientes que viajan en las bodegas  de la nave  espacial “Esperanza”, esperando volver a sentir sensaciones ya  lejanas, pero no por ello olvidadas, como el amar y ser amados, acariciar y ser acariciados.

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Capitán Heywood  Clarke, superviviente del planeta Ograma

Año 20 de la diáspora



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Nota aclaratoria:

Este relato fue iniciado allá por el año 2008 como un esbozo y como respuesta a la insistincia de un amigo del ciberespacio creado por Internet. Recientemente y  habiendo transcurrido ya ocho años, obedeciendo  a los extraños  y caprichosos impulsos  que nos hacen  escribir, decidí dar forma  al entramado del  bosquejo de ideas  que tenía  enterrados bajo un buen montón de folios, desembocado este nuevo flujo de inspiración en esta narración; pero para conseguir darle cuerpo y forma hube de recurrir a indagar e informarme acerca del significado de palabras tan fascinantes como complicadas sus defeniciones, y que son  causalidad, retrocausalidad, paradoja,  horizontes de sucesos, etc., y fue durante esta investigación cuando tropece con una película estrenada en el año 2014, en la que la trama coincide ligerament en su planteamiento, que no en su esencia, con la de mi narración. Esto es como aquello que en muchas de las películas del siglo pasado solían mostrar al princiupio del flim: “Cualquier pararecido con la realidad o con los personajes será pura casualidad”. Espero con esta breve reseña haber disipado cualquier suspicacia respesto a la   originalidad de mi relato -por si las hubiera- “Sueños regresivos”, puedo asegurar que el relato no ha sido afectado ni contamidado en absoluto, siendo en escencia y totalmente fiel a la idea original surgida en el año 2008.



*Murcicante Mundano Guindiolla es un personaje que aparece en varios relatos, siendo  el titulado “Transmutaciones Oníricas” donde se revelan las incógnitas y origen de su extraordinaria  naturaleza  y  su  capacidad para metamorfearse psíquica y mentalmente, al  transmutar  sus neuronas  por las de otra persona en cualquier  lugar y época del espacio-tiempo  en el  Universo, o el multiverso.




**Murcicante Mundano Guindilla divaga confusamente, al intentar explicar su situación, que no es otra que hallarse  ocupando su cerebro  el cuerpo del profesor que  realmente debiera vivir esa crítica situación en el universo paralelo en el que se sitúa la historia y la acción. De igual manera,  al resultar  arto difícil dar una explicación razonable de su transmutado estado y de su  verdadera personalidad,   promete a sus  compañeros de viaje y aventura de este relato,  que se encontraran de nuevo en otro  lugar y en otro tiempo, y entonces les desvelara las incógnitas que han quedado en el aire, lagunas y misterios  que ha de desvelar en otro relato  y  en otro tiempo y espacio.
 Promesa que si la imaginación y la inspiración  tienen a bien acompañar a su autor y creador,  Murcicante ha de cumplir en un futuro.