domingo, 6 de marzo de 2016

LA LUZ DE LA ESPERANZA





                                   -LA LUZ  DE LA ESPERANZA-


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Un prolongado y agudo silbido avisó de la puesta en marcha de la locomotora, iniciando así la esperada peregrinación al corazón de la esperanza y a la mística gruta de los milagros, lugar donde la  fe  y el derecho a creer adquieren su máxima expresión y tienen su razón de ser…

En uno de aquellos once vagones que componían  el llamado “tren de la esperanza”, viajaba el señor Pepe, militar retirado. Acompañaba a su único hijo, fruto de un matrimonio tardío, era éste un muchacho de unos veinte años, tetrapléjico  y con parálisis cerebral absoluta congénita, cuyo aspecto inspiraba compasión a todos cuantos con él se cruzaban.

El señor Pepe habíase criado y educado  en un ambiente de estricta religiosidad, en el cual la fe que profesaban era respetada e inculcada tanto en el seno del hogar como en el entorno social, siendo el Dios al que adoraban, considerado  como  un ser omnipotente, omnisciente omnipresente y a la vez invisible. Y además  de todo ello, también se le atribuían los dones  de la providencia y la misericordia infinitas.

Desde muy niño y amparándose en la sinceridad  que  la inocencia concede a esa edad, el señor Pepe cometió graves  pecados capitales de  Pereza y Soberbia,  al dudar de aquello que no podía verse y que todo lo podía , todo lo sabía, y además podía estar a un mismo tiempo en todas partes.

A medida que fue haciéndose mayor, sus dudas aumentaron  al tiempo que aumentaban  sus capacidades de raciocinio y de discernimiento; llegando  su pensamiento analítico a la conclusión lógica de  que las religiones estaban basadas en un tremendo y gran  sin sentido, y declarando a los cuatro vientos su incredulidad y escepticismo religioso.

 Desde muy joven sintió la llamada de la milicia,  a la cual  se entregó en cuerpo y alma  realizando una labor destacada en las campañas  de África, y siendo testigo de excepción y uno de los pocos supervivientes del conocido como “desastre de ANNUAL”, donde por su valor le fue concedida la medalla al sufrimiento.
 Resultado de imagen de HÉROES DE ANNUAL

 Dadas las obligaciones que le exigían su pertenencia al ejército, apenas si tuvo ocasión de  relacionarse más que con otros que al igual que él eran  militares, no teniendo más conocimiento del género femenino que el que muy esporádicamente  surgía en alguna fugaz visita a los burdeles próximos a los cuarteles.  Tan sólo cuando  cumplidos los cuarenta, fue licenciado debido a las secuelas de una vieja herida de guerra, pudo conocer y entablar una breve relación con  una mujer de su misma edad, y  con la cual a las pocas semanas de haberse conocido, se  desposó en primeras nupcias. A los nueve meses nacía fruto de su matrimonio un hijo salpicado por el estigma de una maligna degeneración psíquica y  física, al tiempo que la madre fallecía en el transcurso del parto. Familiares y conocidos le recriminaron al señor Pepe su irreverente falta de fe religiosa, culpándole  a él, del castigo divino que en forma de maldición y condena había recaído sobre su vástago y sobre su esposa.

No permitiendo que el fanatismo y la depresión hiciesen mella en su espíritu y le hundiesen en el  pesimismo y la culpabilidad, el señor Pepe recurrió a la ciencia médica esperando encontrar remedio al mal que padecía su hijo. Pero la medicina tradicional tan sólo pudo ofrecerle un diagnóstico de desahucio físico irreversible, al declararse incapaz de dar solución a su mal.

No resignándose a ver condenada de por vida a la inocente criatura, su amor de padre le impulsó a buscar el remedio a la incapacidad de su hijo, en las  ciencias ocultas en posesión de curanderos y sanadores. Viajó hasta lugares remotos y se  internó en aquellos donde antiguas civilizaciones perdidas dejaron códigos escritos  en  jeroglíficos, y mensajes  ocultos en complejos anagramas criptográficos, que supuestamente encerraban  fórmulas quiméricas, y poderosas pócimas mágicas capases  de alargar la vida y curar lo incurable.

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Pero allá adonde quiera que fuera, sólo halló estafadores y vendedores de humo los cuales tan  solamente ofrecían falsas y vanas  esperanzas.

Hundido en la desesperación y la impotencia, el agnóstico  convencido volvió su mirada a los misterios y dogmas de la religión de sus  mayores. Y ahora arribados ya, a la mítica gruta y, ante el áurea ascética de la marmórea y adorada imagen, que  iluminada con la nitidez diáfana de infinidad de velones y cirios es adorada por cientos de fieles, enfermos y acompañantes;  el señor Pepe se siente sobrecogido e impresionado  por la espiritualidad y la fe ciega y  resignada que allí se respira.

 Resultado de imagen de VIRGEN DE LA CUEVA DE LOS MILAGROS, DIBUJO

Así, bajo una pertinaz e imperturbable  llovizna, el padre y penitente arrepentido,  se postra  e invoca  en silencio a aquella fría estatua de mármol  -cuya  mirada  indiferente se pierde en la multitud de  los allí congregados-, suplicándole fervientemente  que contemple el lastimoso estado en que se halla  su tullido hijo. Le implora y le ruega  la panacea que la ciencia y la nigromancia han sido incapaces de  ofrecerle. Demanda un rayo de Luz y Esperanza, un milagro, un gesto de misericordia que conceda aquel inocente, cuyo único delito fue nacer,  y que se halla junto a él  condenado y  reducido en una silla de ruedas, el derecho a  poder vivir  una vida digna, a la que todo ser humano tiene derecho.Resultado de imagen de DE RODILLAS ANTE EL MILAGRO DIBUJO

Mientras tanto, a la plaza siguen llegando sin cesar más y más peregrinos y enfermos, unos son conducidos en sillas de ruedas, otros se arrastran ayudados y apoyándose en muletas;  les acompañan familiares y amigos, todos ellos al igual que el  señor Pepe y su hijo, buscan en aquel lugar de recogimiento espiritual, una señal que les ofrezca una esperanza del mismo Dios que implacable en sus designios divinos, ha permitido la ruina física en que se hallan. Todos buscan un gesto de piedad y misericordia por parte de aquel ser Supremo.

El señor Pepe, militar jubilado, condecorado con la medalla al  valor en combate, hombre de hondas convicciones morales  y deductivas, y padre  desesperado -que no resignado- ante la anomalía congénita de su hijo, medita en profundo y silencioso recogimiento, y en lo más recóndito de su ser,  es consciente del comportamiento de todos aquellos enfermos y desahuciados  que llamaron a las puertas de las ciencias cultas y también a las ocultas, y al no obtener contestación,  miran ahora  al  cielo esperando hallar en él la respuesta y la solución a sus aflicciones.

Y ahora, al contemplar  aquella ingente muchedumbre implorante y suplicante, comprende la verdadera dimensión del drama colectivo que al igual que a su hijo, afecta a millones de seres humanos, y reflexiona acerca del inmenso esfuerzo que ha de representar – por muy omnipotente que sea el Dios invocado- salvarlos y sanarlos a todos.

Llegado a éste extremo, en lo más profundo de su corazón, y al tiempo que las lágrimas corren por su rostro, el viejo rebelde, luchador y agnóstico, ruega con todas sus fuerzas para que esa gracia divina por la que claman todos los que allí han acudido, tenga a bien recaer  en aquel ser desvalido, dependiente y vulnerable que es su único  hijo.
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  Deus caritas est   
    Dios es Amor

domingo, 21 de febrero de 2016

LA PSICOFONIA (cliches de una realidad)



           - LA PSICOFONÍA - (CLICHES DE UNA REALIDAD)



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Aquella noche de verano  había sido especialmente bochornosa, pero pasada ya la  hora que separa un día de otro, y  después de marcar el reloj la hora mágica de la medianoche, una agradable brisa penetraba por las ventanas abiertas dando un ligero respiro. Era a esas intempestivas horas de la madrugada cuando comenzaba el movimiento  y el ajetreo  en el piso  superior, producido por  el impertinente zapateo de los tacones altos que calzaban  las vecinas,  que  cumplían con su habitual horario  sus labores de índole inconfesable. 
 En aquella ocasión y habiendo aceptado  -  después de haber sido machacado  con múltiples llamadas telefónicas- una oferta de una compañía de comunicaciones   para instalar Internet, decidí entretener el insomnio  entrando en las webs que al azar encontraba; después de navegar por algunas subidas de tono  y cargadas de insustancial y  frío erotismo, entré en una llamada “ Mundos ocultos “ en la cual ofrecían el horóscopo  y  el día de tu muerte; empujado por el morbo y  la curiosidad, allí  encontré  infinidad de propuestas -a cada una  de ellas más estrambótica-,  pero llamó mi atención de forma especial una palabra que parpadeaba intermitentemente  - PSICOFONIAS  - , y yo, predispuesto a probarlo todo,  dirigí la flechita con elratón hasta allí, y pinché

                                                                                                                                                                                                      Resultado de imagen de leer el futuro y adivinar el dia de tu muerte                                                                         

Después de leer rápidamente los antecedentes, historia y significado de la palabreja, me decidí a escuchar  algunas de las grabaciones en las que supuestamente se habían registrado las voces de ultratumba que los difuntos desde el más allá nos  enviaban, y cuyos significados  no habían conseguido descifrar hasta ahora la nueva pseudociencia que las estudiaba.

Daban las cuatro de la madrugada  y ya mis vecinas de alegre vida hacía rato que habían quedado calladitas. El silencio era absoluto y al otro lado de los ventanales la negrura de la noche envolvía los sonidos inconexos y  estridentes que emitían las psicofonías.
 
Un estremecimiento  recorrió toda mi espina dorsal  cuando de una de ellas surgió la voz afónica y agonizante de una mujer  que exigente y contundente  afirmaba que yo era el elegido para denunciar y hacer justicia del crimen que había sido perpetrado en su persona.
Me asusté…, más bien me aterroricé, y apagué el ordenador.
 
En los días que siguieron  cada vez que entraba en la red, automáticamente  y como si un virus troyano se hubiese instalado en mi ordenador, allí estaba -sin  yo buscarla ni  poder hacer nada para evitarla-  la psicofonía que me ordenaba escribir un relato en el cual se contase   su  trágica historia, y publicarlo en alguna de las redes sociales de Internet.
   
Harto ya de soportar el acoso pertinaz e impertinente  de aquella escalofriante y siniestra voz, me decidí a acceder  a aquello que me solicitaba, con la esperanza  de que acabase aquella pesadilla.
                                                                                                                                     
Así lo hice, y así quedó: …                                                
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“” -La psicofonía de Esther, la panadera- , Anónimo

“- ¡ Ha desaparecido Esther, la chica de la panadería ¡
 
 -¿Cómo dices  ?                                                                                                                                                   
-¡Si hombre, la que  despachaba y siempre estaba alegre ! ¡                                                                                             
De esta forma  comentaban los vecinos del barrio un suceso que desgraciadamente era  muy habitual escucharlo en los noticiarios, pero no lo era tanto que estuviese tan cercano y se conociese a la desaparecida.                                                                                                                                                                         
  Esther era una joven de unos veinte años de edad, su pelo rubio, sus ojos azules y su figura esbelta tan bonita como su sonrisa, hacían  junto con su simpatía que fuese una criatura adorable; había llegado al barrio en compañía de su marido ( el cual le doblaba la edad )  haría unos dos años, regentaban  un despacho de pan y  bollería, y aparentemente  la pareja tenía una buena relación .                                                                                                                                                                
 Una mañana gris y lluviosa de invierno  el rumor se extendió con  rapidez, Esther había desaparecido;  su marido  Anselmo  solía adelantarse muy temprano  a abrir el establecimiento, Esther se incorporaba más tarde, pero aquel día no lo hizo   Anselmo buscó y preguntó en todos los lugares donde imaginó que  podría encontrarla, su preocupación fue en aumento para convertirse en  desasosiego y desesperación al no saber nadie  de ella.

                                                                                                                             
Por fin recurrió a denunciar en Comisaría su desaparición.  

Antes de iniciar la investigación lo machacaron con preguntas enfocadas a determinar los lugares donde podría haber ido la muchacha, siendo el mismo Anselmo, considerado como el primer sospechoso.
 Se hizo una investigación muy exhaustiva. Se hicieron batidas en las afueras del pueblo, se colocaron fotografías  de Esther denunciando su desaparición, de nada sirvió.  Esther no apareció…     
                                                                                                                                                 
 En el vecindario corrieron rumores de todo tipo acerca de lo que pudo haber sucedido, pero poco a poco  se fueron olvidando de este asunto  y pasaron a ocuparse  otros sucesos y desgracias que son el pan nuestro de cada día.      

 Pasaron quince años ...


 Fabián era un joven  introvertido y reservado,  desde muy niño aficionado   a los aparatos de sonido y todo lo que tuviese relación con ellos, lo que su  escasa asignación de estudiante  no le permitía  lo suplía  con creatividad e imaginación, acostumbraba a grabar en un viejo magnetófono la música que le gustaba y que recibía a través de  la radio. Un día al intentar escuchar lo último que estaba grabando se sintió contrariado al no escuchar más que interferencias, ya iba a detener la cinta cuando escuchó  una débil voz que sonaba  sonaba como si procediese del fondo de un pozo          o    Resultado de imagen de dibujos de psicofonias                                                                                                                                        –¡Ayúdame…¡Ayúdame…  ¡ 
                                                                                                                    
 Extrañado  y perplejo rebobinó la  cinta y pulsó play; de nuevo sonó aquel ruido sordo y
 desagradable y de pronto  allí estaba de nuevo aquella voz que parecía proceder de otro mundo,  pero esta vez añadió algo más.                                                                                                                                                               

– ¡Ayúdame… Ayúdame…!  Aquí el dolor no existe pero el sentimiento persiste, es difuso pero añorado. ¡Ayúdame!                                                                                                                                                                     
La extrañeza  de Fabián  en pocos segundos, e intuyendo saber de que se trataba, pasó del escalofrío al terror,  y de éste a una morbosa curiosidad. Recordó haber escuchado historias acerca  de transcomunicaciones  que  provenían del más allá y que se registraban en las cintas de los magnetófonos, les llamaban psicofonías; en su exaltación recordó  que  realizando una pregunta e  invitando a contestar al ente ó espíritu, se podía conseguir un dialogo. Sin meditar las posibles consecuencias  puso en funcionamiento el magnetófono y preguntó: - ¿Quién eres?, ¿Qué quieres de mí? -dejó  que la cinta grabase durante unos minutos que le parecieron eternos,  y con gran ansiedad rebobinó, pulsó play,   y escuchó  lo que sigue:  

“- ¿Quién eres, que  quieres de mí?   

“- Soy mi mente, mis anhelos y mi  espíritu. Me acompañan  mi pesar y mi amargura. Reflejo de todo lo que fui, me encuentro  atrapada en este limbo tortuoso y oscuro perteneciente al impenetrable inframundo. 

  La voz se escuchaba clara y profunda y sin ninguna interrupción.

                                                                                                                                
 “-Mi nombre es Esther y un error de juventud me unió  al que sería mi verdugo, mi marido. Éste  celoso de su ego y envidioso de mi inocente y joven lozanía, me asesinó  una aciaga noche de lluvia, y emparedó mi cuerpo y mi alma en mi propia habitación, la  cual es ahora contigua a la  tuya…y  es mi eterna  mazmorra… Y  para que mi alma pueda ascender a la dimensión luminosa y etérea, mi impío verdugo ha de ser condenado por su repugnante proceder; para ello, mi cuerpo ha de ser  encontrando, pues  mi antiguo envoltorio es el cuerpo  y la prueba de su delito. Y la prueba que lo  incriminará y condenará será  la cadena que arranqué de su cuello y quedó entre mis dedos. Que  la justicia humana y   Astral caigan sobre él.”    
                                                                                                                                                              Fabián entregó la cinta en comisaría y explicó lo sucedido; y aunque en principio lo escucharon con escepticismo, todo lo que la voz dejó registrado en la cinta se corroboró, y Anselmo, el marido asesino de Esther, fue condenado por el  homicidio y ocultación del cuerpo de su esposa,  a 20 años de prisión. 

Pero su verdadera condena fue tener la pavorosa incertidumbre del destino que le esperaba en el más allá, lo cual le produjo  una neurastenia  psicopática que le  condujo a  la locura y la muerte.                                                                      
Esther descanso en paz y su espíritu junto con todas sus virtudes se fundió  con la luminosidad astral que tanto anhelaba.””
 Resultado de imagen de espiritu que se eleva hacia la luz

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 A partir de entonces y tras ser publicado en varias redes sociales, cual si hubiese formateado mi ordenador, el troyano desapareció y nada  volví a saber de la  Psicofonía  que me perseguía  utilizándome como su ángel   vengador…

Hasta que un buen día al regresar a mi hogar me sobresaltó el movimiento de maquinas excavadoras y varios coches patrulla de la  policía;  las excavadoras se afanaban en  derruir  una vivienda  justo pegada a la mía, en cuyos cimientos encontraron el esqueleto de lo que alguna vez fue el cuerpo de una mujer; al parecer un relato aparecido en una red social, había proporcionado las pistas suficientes para  encontrarlo y detener al marido sospechoso; pero las pruebas no fueron determinantes y además el delito había prescrito dado que ya habían transcurrido más de veinte  años de la desaparición de la mujer.
Así pues Anselmo quedó  libre e impune, y  la pobre Esther no alcanzó  la Luz celestial.

Ahora me encuentro errando y buscando la voz de Esther en alguna psicofonía pérdida, bien en  la profundidad de un tenebroso bosque, o en una negra noche  en el interior de una casa abandonada, o quizás en la soledad de una habitación;  lugares en los cuales he conocido y escuchado infinidad de espectros  y voces cada uno con su quimera y sus penas;  a todos indago acerca de en qué lugar pueda estar Esther, con el propósito de ayudar a su alma en pena, atormentada  y violentada, a recuperar la paz y la luz que su candidez y dulzura merecen y nunca se le debió arrebatar.

 NOTA ACLARATORIA: Todo en esta narración tiene parecido con la  realidad, la realidad de las mujeres que han sido, son y desgraciadamente seguirán siendo maltratadas y asesinadas por la ineptitud prepotente de seres obtusos y retrógrados, a ellas con toda consideración y respeto está dedicada