Tercera parte
-El desenlace III_
-Tercer día-
A las cuatro de
la madrugada sonó el teléfono en el gabinete del Presidente de la diputación de la capital de
la provincia. La llamada procedía de un teléfono privado de un alto mandatario
de la capital de la nación. Una voz ronca y tajante bramo a través del hilo
telefónico.
-Señor Anselmo, le habla el Subsecretario de
Presidencia, tengo en mis manos un ejemplar del The
Daily Mirror de la tarde de ayer, me ha llegado por mediación de mi ministro de
Asuntos Exteriores y de Información y Turismo, y le recomiendo se haga con un ejemplar, busque la página de
sucesos internacionales, y se haga cargo
de la situación que aparece descrita y que está sucediendo en su demarcación, resolviéndola
a la mayor brevedad… – La voz se
interrumpió unos segundos, los cuales
fueron eternos para el señor Presidente
de la Diputación Provincial.
-…Es imperativo
que dé prioridad a este asunto y lo resuelva a la
mayor brevedad- prosiguió el Subsecretario de Presidencia de la Nación-, dada la repercusión mediática que está
teniendo éste suceso, y que puede perjudicar enormemente a asuntos de vital
importancia, que afectan directamente
a la política exterior e interior del
país… -Se produjo otra pausa, y a continuación la voz sonó abrupta y categórica a modo de
despedida- ¡Espero no tener
que repetir ésta llamada!
Apenas
transcurridas unas horas, y antes del
amanecer, se presentó personalmente y sin previo aviso en el lugar del
hundimiento, el señor Don Anselmo Ricote
Dual, Presidente de la
Diputación Provincial, acompañado de un
grupo de aparejadores e ingenieros, así como de
varios técnicos y expertos en espeleología, minas y geología.
Casi instantáneamente, y puesto sobre aviso de tan
importante visita, hicieron también acto
de presencia la totalidad de los
miembros del pleno del Ayuntamiento del
pueblo, con el alcalde a la cabeza, que solícitos y serviles se pusieron a
disposición de su Excelencia el
señor Presidente de la Diputación
Los ingenieros y
técnicos traídos por el mandatario, se
hicieron cargo de los escasos progresos
realizados hasta ese momento, y a pesar
de contar con un nutrido bagaje de mapas
y planos de la zona, que trajeron con
ellos, pidieron a los responsables que
hasta ese momento se habían ocupado del
operativo, todos los planos topográficos existentes de la zona en
cuestión.

Puesto al
corriente de la situación , Heins pensó en la forma de entrar en ése selecto grupo
de expertos encargados de indagar en el
lugar del hundimiento, estaba muy interesado en ver como se resolvía aquel trágico suceso, al tiempo que intrigado,
por las señales de amuletos de Ankh
que había observado en el arrabal morisco donde se había producido el
derrumbamiento, todo lo cual, añadido el
relato de Don Rogelio, el padre de Virginia Alebus, acerca de la leyenda que pesaba sobre el
lugar ,así como la información acerca del desconocimiento de la profundidad de
los subterráneos, le llevaba a atar cabos, los cuales le conducían de forma
significativa, coincidiendo con aquello que había visto en El Gran Laberinto, y el
profesor Darward había relatado de su hermética experiencia en Abisinia.
El destino se
adelantó a los deseos del arqueólogo, pues cuando desayunaba en la elegante y acogedora cafetería del hotel, se
presentaron dos individuos con trajes oscuros
y arrugados, que portaban sendos sombreros
de ala ancha los cuales les ocultaban sus rostros,
estos se
identificaron mostrando de soslayo una
pequeña insignia que portaban bajo las
solapas de sus chaquetas, una vez identificado como Robert Heins, profesor
de Historia Antigua y Arqueología, le
invitaron a que les acompáñese, indicándole amablemente que el señor
Presidente Provincial deseaba se incorporase a un grupo de expertos, con el fin de recabar
de sus expertos conocimientos para el
rescate de las víctimas del hundimiento
del Raval.
El camarero que servía las mesas, y que observó la escena discretamente, a buen seguro pensaría que “la
secreta” le había echado el guante a un
delincuente internacional.
En la calle les
esperaba un coche Citroen 15C del 54 de color negro, al subir en él, Heins tuvo una agradable sorpresa al encontrarse con la señorita Virginia
Alebus , ésta también había sido invitada, dado que era la única persona en
aquellos contornos que tenía estudios de algo relacionado con la arquitectura
antigua. Virginia a ojos de Heins estaba
bellísima, vestida de un traje negro con
chaquetilla torera, y portando un
tocado que mantenía semioculto su rostro, lo cual contribuía a darle un aire
de misterio realzando así su belleza natural ral.
Virginia era una
mujer fuera de lo común, dado su nivel social y económico pudo permitirse, en
contra de las normas de la sociedad establecidas en aquel lugar, ser una mujer
independiente y estudiar aquello que sólo estaba permitido a los hombres, y mediante, y gracias a su mente portentosa
consiguió destacar en la Universidad de Cambridge en sus estudios de Historia de las Antiguas Civilizaciones.
Robert Heins,
habíase percatado que la admiración que por ella sentía, era motivada por igual a su arrebatadora belleza, como su aguda y brillante
inteligencia.
-¡Buenos días
señorita Virginia! Es evidente que somos cautivos del destino, al cual he de
estar agradecido, al tenernos predestinados
el que coincidamos últimamente –Saludó
Heins con evidente placer.
- ¡Mister Heins!
¿Podría usted decirme que está pasando? Estaba a punto de salir de casa,
cuando estos cavernícolas se han presentado
exigiendo que les acompañase por orden de
su Excelencia el señor Presidente
de la Diputación- Requirió Virginia un tanto angustiada, al sospechar que se
pudiese tratar de algún asunto relacionado
con la pertenencia de su padre a la ilegal logia masónica “Los masones de
Oriente”, cuyas actividades eran
últiamentete – merced a la relajación del régimen dictatorial- cada vez más visibles.
-No se preocupe
querida, si mi olfato no me engaña -Intentó tranquilizar Heins con sus elubricaciones a Virginia, al
tiempo que señalaba con la mirada a los individuos que sentados frente a ellos,
les observaban con mirada impasible e indolente-, estos señores no son más que
lacayos, cuya misión consiste en conducirnos hasta el epicentro de la tragedia
que está azotando a este pueblo, al parecer alguien piensa que nuestros
conocimientos de arqueología puede serles útil para resolver y dar fin a esta
pesadilla.
Apenas
transcurrieron unos minutos el siniestro vehículo atravesó una masa de personas del pueblo que
expectantes se arremolinaban en las
inmediaciones al lugar del suceso.
El Citroen 15C se detuvó frente a una enorme carpa, bajo la cual, tal y como si se tratase de
generales organizando una inminente batalla, se hallaban instalados la plana mayor del
Ayuntamiento y los técnicos responsables, trasladados hasta allí para
intentar encontrar a los dos muchachos que habiendo caído en aquel cenagoso pozo, y que tras tres
días de búsqueda infructuosa no aparecían.
Virginia y Heins
fueron presentados a los especialistas allí reunidos, siendo en principio recibidos con frialdad y claras muestras de
pedantería; tan sólo un joven ingeniero
de caminos mostró interés, y dio muestras de contenido entusiasmo, al quedar
prendado por la belleza de Virginia, ofreciéndole toda clase
de atenciones a la bella joven
oriunda del lugar.
Apenas superada
la interrupción de los recién incorporados a la operación de rescate, todos los
allí reunidos se abocaron sobre una mesa situada en el centro de la carpa,
sobre ella se hallaba una enorme maqueta en la que se reproducía todo el subsuelo conocido del barrio del Raval morisco, en ella se podían apreciar el
recorrido sinuosos de un abigarrado y complejo conjunto de numerosos subterráneos que horadaban todo el
perímetro del barrio, siendo conscientes todos los presentes de que la realidad
de aquel telúrico mundo subterráneo, era mucho más extensa y
desconocida que la que aparecía en sus mapas.
Después de un
exhaustivo estudio, los ingenieros
determinaron que en el interior del
pozo hundido , y a unos diez metros de
profundidad, en un lateral se encontraba
la boca de uno de los numerosos túneles
que había bajo la superficie; al
producirse el hundimiento los muchachos desaparecidos debieron ser lanzados al
interior de alguno de dichos túneles., en cuyo laberinto debían hallarse
perdidos. Así tanto si estaban vivos,
como si no, la forma de llegar hasta los dos muchachos desaparecidos no era buscando en el fondo del pozo -lugar
donde ya se había excavado exhaustivamente, sin ningún resultado-, si no,
buscando las salidas que los
numerosos túneles subterráneos tenían en
los márgenes abruptos y cubiertos de
espesa maleza, que daban a las orillas del río.
Labor ingente,
dado que los márgenes estaban hollados
por cientos de cuevas, que se extendían a lo largo de varios kilómetros de
barrancos y quebrados, y el tiempo se
les acababa, si deseaban encontrar vivos
a los chicos.
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